Teseo – Lo mejor del 2025 en ElRevisto
Teseo nace bajo el signo de la ambigüedad: hijo de Egeo y, en ciertas tradiciones, también de Poseidón. Esa doble filiación no es una simple nota biográfica; organiza su destino entre el orden humano y una potencia marina que lo desborda. En cambio, cuando miramos la historia desde su madre en Etra, ser brillante con un oscuro porvenir, reconocemos la luz que legitima al héroe y la sombra que anticipa el alto precio.
El núcleo de su leyenda nos lleva a Creta, al reino de Minos. Allí el rey y la reina Pasífae se enfrentan a la cólera de los dioses, que arrastra a la reina a acceder carnalmente a un toro. De esa desafortunada unión nace el Minotauro, monstruo, víctima y espejo del alma humana. La atracción de la hija de Minos, Ariadna, por Teseo, la lleva a cooperar en la resolución del laberinto, traicionando a su familia. Teseo consigue matar al Minotauro y escapar con vida tanto de Creta como de Ariadna.
De vuelta a Atenas, coincide en la corte de Egeo con Medea, quien intenta envenenarlo. Ya siendo rey, decide casarse con la hermana de Ariadna, Fedra, quien sentirá una terrible atracción hacia el hijo que concibió con Teseo, Hipólito, lo que desembocará en una sangrienta tragedia.
Siguiendo el mal consejo de Pirítoo, decide buscar una nueva esposa en la pequeña Helena, lo cual lo lleva a quedarse atrapado en el Hades junto a su cómplice. De no haber sido rescatado por Heracles en su katábasis, Teseo no hubiera tenido otra oportunidad.
Una vida tan errática como la de Teseo tiene mal final. El héroe muere en la isla de Esciros, arrojado desde un acantilado por el rey Licomedes, quien lo mata por miedo, celos políticos o rivalidad por el poder, según la versión.
Este conjunto de artículos compone un mosaico coherente: Teseo como hijo doble y ciudadano complejo; como liberador de Atenas y fractura de Creta; como figura atrapada entre el deseo y el castigo; como rival de rivales que acaba vencido. El ciclo no exalta ni denigra: muestra las capas de un héroe que organiza su leyenda, pero que sólo se pierde en su propio laberinto.
Comentarios
Publicar un comentario