¡Qué hermosa está la mañana! La luz del sol centellea; las flores dan sus perfumes, sus rumores la arboleda. De rama en rama cantando, sin cesar revolotean los alegres pajarillos, cuyos trinos me embelesan. Va entre flores el arroyo, rico en perfume y cadencia, y van saltando sus limpias aguas entre guijarros y piedras. Se escucha el tierno balido de los rebaños de ovejas, que, como copos de nieve, se destacan en la hierba. Aquí se eleva una choza que es de pastores vivienda; allá, una casita blanca, más blanca que la azucena. Más adelante, un cortijo; junto al cortijo, la huerta; junto a la huerta, una casa, y junto a la casa, la iglesia. Lleno de encinas está el monte, rica de fruta la vega; el río, con muchos árboles... ¿No lo sabéis? Es mi aldea.
I. Genesia La Genesia en Atenas era una festividad cívica y religiosa dedicada al recuerdo y culto de los antepasados y de los difuntos. Aunque tuvo su origen en el ámbito familiar, donde se honraba a los muertos del linaje, con el tiempo adquirió un carácter público y colectivo, convirtiéndose en una celebración oficial de la comunidad ateniense. La festividad llegó a asociarse especialmente con los guerreros caídos y con los ancestros fundadores de la ciudad. Se celebraba anualmente en el mes de Metagitnión y estaba vinculada al culto heroico de Erecteo , rey mítico de Atenas. Algunas interpretaciones relacionan también la celebración con Gea -la Tierra-, diosa de la primera generación , concebida como el destino último al que retornaban los muertos. Los estudiosos consideran que esta evolución refleja un proceso típico de la religión griega: los cultos domésticos acababan integrándose en la religión cívica cuando resultaban importantes para la identidad de toda la comuni...