Yo entiendo tu soledad -claro que no es la mía-; estás echada en la cama, está la luz apagada y la ciudad casi en ruinas. Tantas ganas de un abrazo, donde hayas puesto el deseo, jardín imperecedero, quién pudiera echarle el lazo. Si su amor es verdadero o el invierno dejará calvas las matas de invernadero, propongámonos un reto. Porque, siendo jardinero, yo no sé nada de flores, de rimas o de amores: Soy un ignorante completo.
I. La mitología griega no existe Hablar de “mitología griega” parece algo neutro, pero no lo es. El término “mitología” no describe simplemente un conjunto de relatos: es una categoría construida históricamente, cargada de connotaciones y, en muchos contextos, profundamente peyorativa. Cuando se aplica a Grecia -pero no a religiones monoteístas como el cristianismo, el islam o el judaísmo- revela un sesgo cultural muy claro: lo nuestro es religión; lo suyo son cuentos. Esa asimetría no es inocente ni casual. Es el resultado de siglos de jerarquización religiosa y cultural en los que las tradiciones politeístas fueron degradadas a “fantasías”, “fábulas” o “supersticiones”. Decir “mitología griega” implica, aunque no se quiera, que esos relatos son invenciones literarias sin verdad religiosa, que carecen de profundidad teológica, que no están vinculados a prácticas rituales vivas y que no forman un sistema coherente de sentido. Pero para los dodecateístas, esos relatos son f...