Ir al contenido principal

"Las Suplicantes" por Esquilo

"Las Danaides" por John William Waterhouse (1906)

Sobre las protagonistas

Las protagonistas de esta tragedia son las Danaides, hijas de Dánao, Rey de Libia, quienes huyen junto con su padre a Argos para escapar de un matrimonio forzado con sus primos, los hijos de Egipto. En conjunto, son figuras colectivas que encarnan la inocencia perseguida, la defensa del libre albedrío femenino y la invocación del derecho sagrado de asilo.

Dánao, su padre, también tiene un papel relevante como mediador y orador ante las autoridades argivas, guiando a sus hijas en su súplica y apelando al poder de los dioses y las tradiciones antiguas. Las Danaides, sin protagonismo individual, representan la voz del derecho consuetudinario frente a la amenaza de la violencia patriarcal y extranjera. Los hijos de Egipto, antagonistas de la obra, son retratados como bárbaros violentos y despóticos, empeñados en someter a las Danaides mediante la fuerza. Este rechazo no es solo personal, sino cultural: los griegos asociaban a Egipto con el despotismo oriental, un contraste con sus ideales de libertad, aunque limitada, y democracia.  

Sin embargo, las Danaides mismas son descendientes de Ío, una figura vinculada a Egipto -a través de su transformación y su hijo Epafo-, lo que complica la dicotomía "griegos buenos vs. egipcios malos".  

Personajes principales

  • Coro de las Suplicantes (las Danaides): Las cincuenta hijas de Dánao. Protagonistas corales, imploran asilo en Argos para evitar un matrimonio no deseado con sus primos egipcios.

  • Dánao: Padre de las suplicantes, figura prudente y persuasiva. Intercede ante el rey de Argos y guía a sus hijas con sabiduría.

  • Pelasgo: Rey de Argos. Se debate entre el deber religioso de acoger a las suplicantes y el temor a desencadenar una guerra con Egipto. Representa la deliberación política y el ejercicio del poder con responsabilidad.

  • Heraldos egipcios: Llegan a reclamar a las Danaides, simbolizando la violencia, la imposición y la ruptura de los códigos de hospitalidad.

  • Zeus como protector de los suplicantes: Aunque no aparece en escena, se lo invoca como el dios del asilo y garante del derecho inviolable del suplicante.

Resumen de la tragedia

La acción se sitúa ante un altar en Argos. Las Danaides, con ramas de olivo envueltas en lana como signo de súplica, imploran protección en nombre de Zeus Hikésios, dios de los suplicantes. Han huido de Egipto para evitar ser forzadas a casarse con sus primos. Su padre, Dánao, las acompaña y apela a la piedad de los argivos.

El rey Pelasgo se muestra dividido: acogerlas puede traer la guerra, pero rechazarlas violaría las leyes sagradas del asilo. Convoca al pueblo de Argos para decidir. Finalmente, los ciudadanos optan por proteger a las suplicantes.

Cuando los heraldos egipcios llegan para llevárselas por la fuerza, Pelasgo los rechaza con firmeza. Las Danaides celebran su salvación, aunque el peligro aún no ha desaparecido del todo. La obra termina con el anuncio de una procesión hacia los altares de los dioses protectores, en señal de gratitud.

Interpretaciones en el contexto social de la antigüedad

Uno de los grandes temas de la obra es la libertad corporal como autonomía femenina. Las cincuenta hijas de Dánao huyen de los hijos de Egipto para evitar un matrimonio forzado, alegando que su cuerpo y su elección deben ser respetados.

En la Grecia clásica, las mujeres eran consideradas propiedad del kyrios -padre o esposo-, por lo que su resistencia es transgresora. Sin embargo, Eurípides humaniza su sufrimiento y las presenta como sujetos morales, no solo como víctimas pasivas.

En esta línea aborda el matrimonio forzado frente al orden divino. El conflicto entre la obligación marital -impuesta por los primos- y la libertad de las mujeres refleja tensiones entre la hybris de los primos egipcios y la dike, la justicia.

En la mentalidad griega, el matrimonio era un pacto social y religioso, pero la violencia contra la voluntad femenina se asociaba con la tiranía. Las suplicantes apelan a Zeus Hikesios, vinculando su causa con la justicia divina.

Existe en la obra una colectividad femenina y política. La acción grupal de las Danaides es inusual: en la tragedia griega, las mujeres rara vez actúan como colectivo autónomo. Su solidaridad desafía el modelo patriarcal ateniense, donde las mujeres carecían de voz pública.

Sin embargo, su liberación depende de la intervención masculina -el rey Pelasgo y la asamblea de Argos-, lo que refleja los límites de la agencia femenina en la sociedad griega.

Por último, tenemos que tener en cuenta el contexto histórico de la representación, la Guerra del Peloponeso y el auge de la democracia. Eurípides escribió la obra durante la Guerra del Peloponeso -431-404 a.n.e.-, un periodo de crisis en Atenas. La defensa de las suplicantes puede leerse como una crítica a la tiranía y una exaltación de los valores democráticos, como el derecho al asilo. La obra también cuestiona el imperialismo: Argos acoge a las extranjeras, pero esto desencadena un conflicto bélico, algo que resonaba en una Atenas que oscilaba entre el idealismo y la real política.

Aunque las Danaides defienden su libertad, el mito completo -que Eurípides solo sugiere- revela que luego asesinan a sus esposos, lo que complica su imagen como heroínas. Esto refleja la mentalidad griega: incluso las causas justas pueden llevar a la desmesura, un tema recurrente en la tragedia.

Eurípides también refleja —y tal vez critica— las tensiones históricas entre griegos y egipcios en el imaginario helénico del siglo V durante las Guerras Médicas, Egipto fue primero aliado de los griegos contra Persia, pero luego cayó bajo dominio persa. Atenas incluso intervino militarmente en Egipto -460-454, en un fallido intento de apoyar una rebelión contra Persia. Eurípides escribe en un momento de desconfianza: aunque mantenían intercambios culturales, persistía el estereotipo político del Egipto tirano.  

Es posible que Eurípides, conocido por cuestionar prejuicios, esté mostrando que los "bárbaros" no son monstruos, sino que su violencia es espejo de la que los griegos también ejercen -como en la Guerra del Peloponeso-. Al mismo tiempo, la xenofobia como política de Estado no es el camino: Argos arriesga su seguridad por proteger a extranjeras de extranjeros, demostrando que la justicia no tiene fronteras.  En una Atenas que oscilaba entre el imperialismo y la crisis interna, este tema resonaba con fuerza.

Nuestra visión miope de la Antigüedad nos lleva a pensar que el Antiguo Egipto y la democracia ateniense eran coetáneos. Nada más lejano de la realidad. Pensemos que las pirámides de Keops, fueron construidas alrededor del 2600 a.n.e durante el reinado del faraón Keops, de la Cuarta Dinastía del Antiguo Egipto. Es decir, para un ateniense del siglo V de Pericles, las pirámides de Egipto están tan lejos en el tiempo como lo está Pericles para el siglo XXI. 

Tres citas destacadas

  1. «De Zeus suplicamos, protector de los humildes, juez del ultraje no provocado»– El coro establece desde el principio la dimensión religiosa de su petición: el derecho de los débiles está bajo la tutela divina.

  2. «Ni esclavas ni esposas, preferimos la muerte»– Declaración clara de autonomía: las Danaides no se someten al matrimonio forzado ni aceptan la condición de objeto.

  3. «Argos, refugio de los perseguidos, decidirá si honra a los dioses o teme a los hombres»– El dilema moral del rey Pelasgo expone el conflicto entre la ley sagrada y la política pragmática.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los verdaderos mitos sobre la Antigüedad

I.  Los verdaderos mitos sobre la Antigüedad   Durante siglos, el mundo helenista y romano ha sido envuelto en una niebla de idealización: filósofos sabios, templos perfectos en piedra desnuda, hombres fuertes y guerridos y una supuesta armonía entre razón y belleza. Pero detrás de ese ideal se esconden contradicciones, abusos y tensiones que revelan una realidad mucho más humana y menos heroica. En este nuevo ciclo de Hestia , dedicado a explorar la vida cotidiana en el mundo antiguo occidental, ElRevisto pretende mirar sin filtros los rincones más incómodos de la civilización clásica. A través de doce temas , confronta las visiones ingenuas, utópicas o prejuiciosas que aún dominan nuestra percepción de Grecia y Roma. El ciclo  "Los verdaderos mitos de la Antigüedad" recorre: Pedofilia — la realidad detrás del ideal educativo. Filosofía — entre lo que se oía en la calle y aquello que narran las fuentes. Poder político — los límites al poder. Corrupción — el preci...

"Volver a verte" por Rafael Maya

Volver a verte no era sólo un ligero y constante empeño, sino anudar, dentro del alma, un hilo roto del ensueño. Volver a verte era un oscuro presentimiento que tenía de hallarte ajena y sin embargo seguir creyendo que eras mía. Volver a verte era el milagro de una dulce convalescencia cuando todo, el alma desnuda, vuelve más bello de la ausencia. Volver a verte, tras la noche impenetrable del abismo, era hallar en tus ojos una imagen vieja de mí mismo. Y encontrar, en el hondo pasado, días más bellos y mejores, como esa carta en cuyos pliegues se conservan algunas flores. Volver a verte era mostrarme la pena que está congelada, como bruma de tarde hermosa, en el azul de tu mirada. Y, ya lo ves, del largo viaje regreso más puro y más fuerte, porque dormí toda una noche en las rodillas de la muerte. Porque yo miraba en tus ojos un cielo de cosas pasadas, como en el agua de las grutas se ven ciudades encantadas. Y porque vi tu clara imagen, entre un nimbo de luz serena, como jamás, a ojo...

Conociendo y comprendiendo al Helenismo

I. Deméter, muchas diosas en una diosa Deméter no nació como una diosa unificada, sino como un mosaico de cultos locales, cada uno con su propia historia, su propio carácter y, a veces, incluso su propio nombre. La “Deméter” que conocemos por Homero o por los Misterios Eleusinos es el resultado de un proceso muy largo de integración cultural, pero ese proceso nunca llegó a borrar del todo la diversidad original. Durante la Edad del Bronce y los primeros siglos de la Edad Oscura , lo que existía no era “Deméter” en singular, sino múltiples diosas agrícolas locales, muchas de ellas pregriegas , asociadas a la tierra, la fertilidad, el grano o los ciclos femeninos. Cuando los griegos micénicos formularon o adoptaron y reinterpretaron estas divinidades, comenzaron a agruparlas bajo un mismo nombre, Da-ma-te en las tablillas micénicas, que ya apunta a una figura materna de la tierra. Pero incluso entonces, cada región conservaba su propia versión. Por eso encontramos epítetos tan distin...