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Pirítoo en la silla del olvido

"Teseo y Piritoo jugándose a Helena de Troya a los dados" por Odorcio Politi (1831)

I. Pirítoo, rey de los Lápitas 

Pirítoo -Πειρίθους Peiríthous-, rey de los Lápitas, es hijo de Ixión, rey de los Lápitas, y de Día, hija de Deioneo. Sin embargo, en otras versiones, como la que recoge Homero en la Ilíada, Pirítoo es presentado como hijo de Zeus, lo que le confiere un carácter semidivino. 

Su nacimiento se sitúa en Tesalia, concretamente en la ciudad de Larisa. Desde allí se vincula a un linaje que mezcla elementos mortales y divinos, y que lo convierte en un líder de su pueblo. Como rey, Pirítoo encarna un legado de excesos y condenas que arrastraban desde los tiempos de Flegias, su abuelo. 

La arqueología identifica a los Lápitas como una tribu eólica asentada en el valle del río Peneo y en torno al monte Pelión. Se les vincula con poblaciones históricas de la Edad del Bronce y del Hierro en Tesalia, hábiles jinetes y posiblemente responsables de innovaciones ecuestres. Sin embargo no existen pruebas materiales directas de sus asentamientos. 

II. Hipodamía

Hipodamía, cuyo nombre significa, literalmente, “la que doma caballos” -hippos, caballo, damáō, domar-, se vincula simbólicamente con la tradición ecuestre de Tesalia. Aparece en varias genealogías con nombres alternativos como Deidamía, Laodamía o Día.

Era hija de Butes o de Adrasto según distintas versiones, aunque la genealogía más difundida la presenta como hija de Butes, un noble tesalio. Su matrimonio con Pirítoo la convirtió en reina de los Lápitas y madre de Polipetes, quien más tarde participaría en la guerra de Troya como uno de los líderes tesalios.

Polipetes será caudillo de los magnesios de Tesalia, al mando de cuarenta naves junto con su compañero Leonteo. Su nacimiento estuvo marcado por un episodio simbólico: ocurrió el mismo día en que su padre expulsó a los centauros del monte Pelión, Él fue uno de los pretendientes de Helena, lo que lo obligó a unirse a la expedición contra Troya en defensa de Menelao. Durante la guerra se distinguió en combate, dando muerte a varios guerreros troyanos, y participó en los juegos fúnebres en honor de Patroclo, así como en la célebre estratagema del caballo de madera. Tras la caída de Troya, acompañó a Calcante en su viaje hacia Colofón, mostrando que su papel no se limitó al campo de batalla, sino también a los destinos posteriores de los héroes griegos.

El destino final de Hipodamía, sin embargo, es mencionado de manera sobria: tras el tumulto de su boda y la posterior victoria, falleció poco tiempo después del dar a luz a Polipetes. 

III. La batalla contra los centauros 

La llamada batalla contra los centauros, también conocida como la Centauromaquia está directamente vinculada a Pirítoo y a su esposa Hipodamía.

Cuando Pirítoo celebró sus bodas con Hipodamía en Tesalia, invitó a los centauros, que eran parientes lejanos de los Lápitas. Según la tradición, ambos descienden de Centauro, hijo de su mismo padre, Ixión y de Néfele

También existe otra genealogía sobre Centauro que se apoya en su padre pero también en Estilbe, hija del dios fluvial Peneo. Estilbe tuvo dos hijos de distinta paternidad: Lapites, hijo de Apolo, considerado el antepasado de los Lápitas y Centauro, hijo de Ixión, que dio origen a su raza.

De este modo, los Lápitas y los centauros eran hermanos, lo que los hacía parientes cercanos. Esta genealogía explica por qué los centauros fueron invitados a la boda de Pirítoo e Hipodamía.

Durante el banquete, los centauros, embriagados por el vino, intentaron raptar a la novia y a otras mujeres presentes. Este acto desencadenó una violenta lucha entre los centauros y los Lápitas, encabezados por Pirítoo y su amigo Teseo. En el enfrentamiento, los Lápitas lograron imponerse, expulsando a los centauros de Tesalia.

Este episodio tuvo una enorme resonancia cultural. La Centauromaquia fue representada en la escultura y la pintura griega como una alegoría del triunfo de la razón sobre la irracionalidad. El ejemplo más famoso son los relieves del Partenón en Atenas, donde la lucha entre Lápitas y centauros se convierte en metáfora de la victoria de la polis civilizada frente a las fuerzas caóticas.

IV. Teseo y Pirítoo

Pirítoo fue el gran compañero de Teseo. Su relación comenzó de manera violenta: ambos se enfrentaron en combate, pero al reconocerse como iguales decidieron sellar una amistad que los convirtió en inseparables. Desde entonces, Pirítoo aparece como la figura que acompaña a Teseo en sus empresas más arriesgadas, casi como un “hermano de sangre”.

En la batalla contra los centauros Teseo luchó junto a Pirítoo para defender a los lápitas. Este episodio consolidó la imagen de ambos como héroes que combaten juntos contra el desorden y la violencia.

Más adelante, su alianza se tornó más transgresora. Ambos decidieron casarse con hijas de Zeus: Teseo raptó a Helena, hija de Zeus y Leda, cuando aún era muy joven, mientras que Pirítoo fijó su mirada en Perséfone

El héroe ateniense viajó a Esparta y raptó a Helena, llevándola a Ática. Allí la dejó bajo la custodia de su madre, Etra, en la ciudad de Áfidera, mientras él acompañaba a Pirítoo en su peligrosa aventura en el Inframundo. Este rapto no fue un matrimonio consumado, sino más bien un secuestro que buscaba asegurar la unión con una hija de Zeus.

Durante la ausencia de Teseo, los hermanos de Helena, los Dióscuros Cástor y Pólux, organizaron una expedición contra Ática para rescatarla. Lograron liberar a su hermana y, como represalia, se llevaron consigo a Etra, la madre de Teseo, que quedó esclava en Esparta al servicio de Helena. Este detalle reaparece más tarde en la "Ilíada", donde se menciona la presencia de Etra como sierva de Helena en Troya.

Vale aclarar que el rapto por Teseo ocurre cuando todavía era Helena empezaba su adolescencia, mucho antes de casarse con Menelao y de que su belleza desencadenara la Guerra de Troya. Por eso, a veces se habla de “Helena niña” o “Helena de Esparta” para diferenciar este episodio de su etapa posterior como “Helena de Troya”.

V. Catábasis y condena final

Pirítoo, más ambicioso que realista, decidió reclamar a Perséfone, esposa de Hades. Para ello descendieron junto a Teseo al Inframundo, confiados en su fuerza y en su derecho heroico. Una aauténtica catábasis -κατάβασις, descenso- que en otros relatos, como las pruebas de Heracles, forma parte estructural de constitución heroica. Sin embargo, la catábasis de Pirítoo yTeseo tiene poca correlación con el heroicismo. 

Hades los recibió con aparente cortesía y los invitó a sentarse en unas rocas mágicas, conocidas como las “sillas del olvido”. Al hacerlo, quedaron atrapados por un poder divino que los inmovilizó permanentemente. Este fue el castigo por su osadía: intentar arrebatarle a Hades a su esposa era un acto de soberbia intolerable.

Cuando Heracles descendió al Hades en su duodécimo trabajo, logró arrancar a Teseo de la roca y devolverlo al mundo de los vivos, aunque según algunas versiones parte de su cuerpo quedó adherido, como señal de la dificultad del rescate.

En cambio, al intentar despegar a Pirítoo de la roca, la tierra se sacudió brutalmente con un terremoto. Este signo cósmico se interpreta como la voluntad de los dioses o del propio Hades de impedir su liberación. Por eso Pirítoo queda para siempre prisionero en el Inframundo, mientras que Teseo regresa al mundo de los vivos.

El final del lápita, transmitido por autores como Plutarco, Diodoro Sículo, Apolodoro y Pausanias, subraya la frontera infranqueable entre lo humano y lo divino. Pirítoo encarna la culpa irreparable y el castigo eterno, mientras que Teseo, aunque castigado, recibe una segunda oportunidad gracias a la intervención de otro héroe. La narración se convierte así en una advertencia contra una hýbris familiar, la que llevó a simples mortales a desafiar a los Olímpicos.

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