I. Acrisio y Preto
Las fuentes antiguas son extremadamente sobrias respecto a la infancia de Acrisio y Preto.Sin embargo, lo que sí transmiten es un elemento fundamental: su enemistad es anterior al nacimiento. Apolodoro afirma que “se odiaban desde el vientre”, una fórmula que en la literatura griega indica que el conflicto entre dos personajes es primordial, inscrito en su naturaleza y no fruto de circunstancias posteriores. Este tipo de afirmación señala una rivalidad inevitables, y en el caso de Acrisio y Preto sirve para explicar la intensidad del enfrentamiento que marcará su vida adulta.
La línea de Argos incluye conflictos significativos entre hermanos gemelos,
como el enfrentamiento entre Belo y Agénor o Dánao y Egipto. Probado queda que la tradición
presenta a los descendientes de esta casa como propensos a disputas
internas.
Las fuentes coinciden en que Abante fue el padre de Acrisio y Preto. En la "Biblioteca" de Apolodoro, se afirma que Abante era hijo de Linceo.
Abante aparece caracterizado como un rey belicoso, célebre por su escudo, detalle que Apolodoro menciona para subrayar su naturaleza guerrera. En la tradición ancestraL, la personalidad del padre suele anticipar la conflictividad de los descendientes.
En cuanto a la madre de los gemelos, Aglaia, era hija de Mantineo. No todas las tradiciones conservan este dato, pero cuando se menciona, coincide en identificarla por su nombre.
II. Argos y Tirinto
Pausanias no menciona el odio prenatal entre Acrisio y Preto, pero sí confirma que la disputa entre los dos hermanos fue tan intensa que terminó en una división territorial del reino. Su testimonio es importante porque muestra que la tradición local argiva, recogida por él en época romana, conservaba la memoria de un conflicto violento entre los descendientes de Abante.
Según Apolodoro, tras la muerte de Abante, Acrisio y Preto se enfrentan por la sucesión al trono de Argos. La disputa degenera en una guerra abierta, aunque la fuente no describe batallas concretas ni lugares específicos. Lo que sí afirma es que Acrisio logra inicialmente imponerse y expulsa a Preto de Argos.
Preto, obligado a abandonar la región, se refugia en Licia, donde recibe apoyo militar de su suegro. Con ese ejército extranjero regresa a la Argólida y se establece en Tirinto, ciudad que Apolodoro presenta como fortificada por los Cíclopes. La tradición no detalla un enfrentamiento decisivo, pero sí deja claro que el retorno de Preto con fuerzas licias restablece el equilibrio entre los hermanos.
El conflicto termina con un acuerdo de partición: Acrisio conserva Argos, la capital tradicional, mientras que Preto recibe Tirinto y su territorio. Pausanias confirma esta división al explicar la transmisión posterior del reino entre Perseo y Megapentes.
III. Acrisio, el rey marcado por el oráculo
La figura de Acrisio está definida por un único episodio central: el oráculo que anuncia su muerte. En Apolodoro, Acrisio consulta al oráculo preocupado por no tener descendencia masculina y recibe la respuesta de que “morirá a manos del hijo de su hija”.
A partir de ese momento, toda su conducta se orienta a impedir que la profecía se cumpla. Encierra a Dánae para evitar que conciba, pero Higino describe cómo Zeus logra unirse a ella en forma de lluvia de oro.
Cuando nace Perseo, Acrisio, al descubrir al niño, encierra a madre e hijo en un cofre y los arroja al mar, intentando de nuevo escapar al destino anunciado.
Apolodoro continúa el relato explicando que Perseo sobrevive y crece lejos de Argos, mientras Acrisio permanece obsesionado con la profecía. No hay en las fuentes ninguna caracterización política o militar relevante de Acrisio: su figura está completamente subordinada al tema del destino inevitable.
IV. Las Proétides y Melampo
La tradición sobre Preto se centra en el episodio de la locura de sus hijas, las Proétides. Apolodoro explica que las jóvenes enloquecen por un castigo divino: según Hesíodo, por rechazar los ritos de Dioniso; según Acusilao, por despreciar una imagen de Hera.
En su delirio, vagan por la Argólida y su locura se extiende a otras mujeres, provocando una crisis social y religiosa. Ante esta situación, aparece Melampo, hijo de Amitaón, que Apolodoro presenta como el primer sanador que emplea drogas y purificaciones. Melampo ofrece curar a las Proétides a cambio de una parte del reino; Preto se niega inicialmente, pero cuando la crisis empeora, acepta.
Pausanias menciona también este episodio al describir los cultos locales. La historia muestra a Preto como un rey que cede poder para resolver una crisis religiosa, lo que lo caracteriza como un gobernante pragmático, dispuesto a negociar soberanía para restaurar el orden. Este episodio, aunque independiente de la guerra con Acrisio, completa la imagen de Preto como figura política dentro de la Argólida.
V. La muerte de Acrisio
Apolodoro narra que Perseo, tras sus hazañas, llega a Larisa, donde el rey Teutamides celebra unos juegos fúnebres. Perseo participa en las competiciones y, al lanzar el disco, golpea accidentalmente a Acrisio, que se encontraba entre los espectadores. Así se cumple el oráculo que Acrisio había intentado evitar durante toda su vida.
Pausanias confirma esta versión y añade un detalle decisivo: Perseo, avergonzado por haber causado la muerte de su abuelo, aunque fuera sin intención, renuncia a Argos y entrega el reino a Megapentes, hijo de Preto. A cambio, Perseo recibe Tirinto y fortalece Midea y Micenas. Este gesto explica la continuidad de la línea de Preto en Argos y la reorganización del poder en la Argólida. La muerte de Acrisio no solo cumple la profecía, sino que sirve como punto de inflexión para la transmisión del poder entre las dos ramas familiares.

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