I. Abante
Abante aparece en la tradición argiva como descendiente directo de dos linajes enfrentados: el de Dánao y el de Egipto. Según Apolodoro, su madre fue Hipermnestra, la única de las Danaides que se negó a asesinar a su esposo en la noche de bodas. Su padre fue Linceo, hijo de Egipto, quien sobrevivió gracias a la piedad de Hipermnestra. Esta unión, excepcional en medio de la tragedia de las Danaides, permitió que el linaje continuara sin interrupción, y Abante nació como símbolo de reconciliación entre dos casas marcadas por la violencia.
Las fuentes antiguas presentan a Abante como heredero legítimo del trono de Argos. Pausanias menciona que su ascendencia lo vinculaba tanto con los reyes fluviales primitivos como con los linajes civilizadores posteriores. Su figura se sitúa en un momento de transición entre la Argólida legendaria y la Argólida heroica.
En la tradición clásica, Abante es recordado como un rey vigoroso, fundador y organizador. Su nacimiento no solo asegura la continuidad del linaje, sino que prepara el terreno para la rivalidad entre sus hijos, que marcará profundamente la historia posterior de Argos. Su figura es la de un soberano que hereda un reino complejo y lo transmite a una generación destinada a protagonizar conflictos decisivos.
II. El reinado de Abante y los siete reyes de Argos
Según Pausanias, Abante es el séptimo rey de Argos. Los siete monarcas previos de Argos fueron Ínaco, Foroneo, Apis, Argos Panoptes, Pelasgo y Linceo. Dánao no es rey legítimo de Argos: llega como extranjero, destrona a Gelánor y gobierna como usurpador, pero la tradición argiva no lo incluye en la línea real oficial. Por eso Abante es el séptimo rey, heredero de Linceo.
Su reinado aparece descrito como un periodo de expansión y consolidación territorial. Las fuentes atribuyen a Abante la fundación de la ciudad de Abas en Fócide y la colonización de la llanura tesalia que más tarde sería conocida como Argos Pelásgico. Estos actos fundacionales sugieren que su gobierno no se limitó a la Argólida, sino que extendió la influencia argiva hacia regiones del norte, reforzando la presencia de su linaje.
Las genealogías señalan que Abante reinó durante veintitrés años, un periodo que los clásicos describen como estable y próspero.
III. Apis
Apis aparece en la tradición clásica como hijo de Foroneo, el primer hombre y primer rey de Argos. Pausanias (II, 5,1) y Apolodoro lo mencionan como un gobernante poderoso que heredó el trono tras la muerte de su padre. Su figura está envuelta en un aura de autoridad casi tiránica: las fuentes lo describen como un rey que ejerció un dominio duro sobre la Argólida, hasta el punto de que sus súbditos se rebelaron contra él. En algunas versiones, Apis muere asesinado por una conspiración encabezada por Telxión y Telquines, lo que marca el fin de su reinado.
Su nombre está relacionado con el término “Apia”, que en la poesía arcaica se usa como uno de los nombres antiguos del Peloponeso. Por eso algunos mitógrafos lo consideran un epónimo territorial, un rey cuyo nombre se proyecta sobre la tierra que gobierna. En otras tradiciones, especialmente las egipcias recogidas por Heródoto, Apis aparece como un dios‑toro, pero esa figura no debe confundirse con el rey argivo: son personajes distintos que comparten un mismo nombre.
Apis es importante porque representa la transición entre los reyes civilizadores (como Foroneo) y los reyes que ejercen un poder más humano y conflictivo. Su muerte violenta abre el camino para la llegada de Argos Panoptes, que en algunas genealogías sucede a Apis como rey de Argos.
IV. Argos Panoptes
Argos Panoptes -“el que todo lo ve”- es uno de los personajes más singulares de la saga. Según Apolodoro y Esquilo, era un gigante con cien ojos, algunos de los cuales permanecían siempre abiertos. Su origen varía según las fuentes: en unas es hijo de Níobe, hija de Foroneo; en otras es hijo de Arestor. Pausanias lo presenta como un héroe argivo de enorme fuerza y vigilancia, capaz de derrotar monstruos como el toro de Arcadia o el sátiro Echidna.
Su papel más famoso aparece en el mito de Ío. Hera lo designa como guardián de la joven transformada en vaca, confiando en que su vigilancia infalible impediría que Zeus la liberara. Hermes, enviado por Zeus, lo adormece con música y luego lo mata, liberando así a Ío. Hera, para honrarlo, coloca sus ojos en las plumas del pavo real. Este episodio está narrado en Ovidio y en Esquilo.
En la genealogía, Argos Panoptes aparece como rey de Argos tras la muerte de Apis. Su reinado simboliza la vigilancia y la protección del territorio. Aunque su figura es más heroica que política, la tradición lo incluye en la lista de reyes primitivos de Argos, antes de Pelasgo y Linceo.
V. Pelasgo
Pelasgo es una figura fundamental en la mitología griega, considerado por muchas fuentes como el antepasado de los pelasgos, el pueblo pre‑helénico que habitó Grecia antes de la llegada de los helenos. Su nombre significa “el hombre de la tierra” o “el nativo”. En la tradición escrita, Pelasgo aparece como rey de Argos después de Argos Panoptes, según Pausanias. Su reinado marca un periodo de expansión cultural y territorial.
Las fuentes antiguas lo presentan como fundador de ciudades y como civilizador. En algunas versiones, Pelasgo funda la ciudad de Larisa y da nombre a la región de Pelasgia, que más tarde será conocida como Tesalia.
Hesíodo y Esquilo lo mencionan como un rey justo y como el primer gobernante de los pelasgos, un pueblo que los griegos consideraban autóctono y anterior a ellos. Su figura aparece también en la tragedia "Las suplicantes" de Esquilo, donde gobierna Argos en tiempos de la llegada de las Danaides.
Pelasgo es un rey que conecta la tradición más antigua con la llegada de los linajes danáicos. Su reinado representa la etapa previa a la llegada de Dánao y Egipto, y su figura sirve para explicar el origen de los pueblos pre‑helénicos que poblaron Grecia antes de la formación de las ciudades clásicas.
VI. El escudo de Abante y su descendencia
Una de las tradiciones más llamativas sobre Abante es la del escudo que infundía terror incluso después de su muerte. Pausanias menciona que este escudo procedía de su abuelo Dánao, quien lo había traído desde Egipto.
En algunas versiones, el escudo era un objeto sagrado consagrado a Hera, y su poder simbólico representaba la autoridad del linaje danáico.
Virgilio, en la "Eneida", retoma esta tradición para vincular el escudo con la estirpe de Argos y con la figura de Augusto, mostrando cómo el objeto se convirtió en símbolo de legitimidad y poder más allá del origen griego.
En cuanto a su vida familiar, Abante contrajo matrimonio con Aglaya, hija de Mantineo. De esta unión nacieron los gemelos Acrisio y Preto, cuya rivalidad es uno de los episodios célebres de la saga argiva. Las fuentes narran que los hermanos se enfrentaron antes de su mismo nacimiento, disputándose el trono y dividiendo el reino.
Además de sus hijos legítimos, algunas tradiciones mencionan a Lirco, hijo ilegítimo de Abante y epónimo de la ciudad de Lircea. Este personaje aparece en genealogías secundarias que buscan explicar la fundación de ciudades menores de la Argólida. La descendencia de Abante, tanto legítima como secundaria, muestra la complejidad del linaje de Argos y su influencia en la configuración del territorio y de las sagas heroicas posteriores.
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