I. Hermes
En El Revisto hemos dedicado un ciclo de quince artículos a Hermes, en el que recorremos la trayectoria conocida del dios, su relación con los helenos y su repercusión en el mundo actual.
Comenzamos con «Hermes», un artículo en el que abordamos sus principales características; continuamos con «Culto», dedicado a las formas en que se le veneraba en la Antigüedad, y concluimos este primer bloque con «El Plenilunio de Hermes», donde exponemos nuestra manera actual de celebrarlo.
Los «Himnos homéricos» dedicados al dios nos ofrecen la perspectiva de las fuentes antiguas. Sin embargo, como el propio Hermes, su figura ha experimentado numerosas transformaciones a lo largo de los siglos. Las reinterpretaciones modernas nos permiten ampliar nuestra mirada sobre él en «De Homero a Jung».
Por último, desde una perspectiva local, «La presencia arcana de Hermes en Barcelona» nos invita a rastrear materialmente las representaciones del dios en la ciudad condal.
II. Ascendencia y descendencia del dios
Hermes es hijo de Zeus, el dios de dioses, y de Maya, una de las siete «Pléyades». Rescatarla del olvido y recordar su particular estirpe constituye también una forma de honrarla.
Entre sus descendientes encontramos, en el propio firmamento, a «Orión, el cazador estelar». Su vida, no exenta de polémica y dificultades, merece ser recordada.
«Autólico» encarna el estereotipo del ladronzuelo astuto, en contraste con el ideal de areté y filotimia que representan otros hijos, como «Eudoro, el gran guerrero».
Su hijo «Céfalo» nos permite analizar la fidelidad y el compromiso en las relaciones, más allá del amor.
De su unión con Afrodita nació «Hermafrodito, la esencia de Hermes», una figura sorprendente que encarna, como pocas, la naturaleza dual del dios.
Otro de sus hijos, «Etálides, memoria eterna y puente hacia Oriente», nos conduce hasta ese punto en el que la religión griega abraza la idea de la reencarnación.
Y, por último, encontramos al formidable «Pan», el dios-cabra: espíritu indomable de los bosques y padre del pánico, incluso en plena batalla.
«El legado de Hermes a través de sus hijos» es vasto, extraordinario y plural. Hermes no es una fuerza natural, sino la representación de la fuerza en movimiento: sus tránsitos, sus amalgamas y los puntos de bisagra entre la masculinidad y la feminidad, entre el interior y el exterior, entre esta vida y las otras, entre el Inframundo y el mundo mortal.
III. Nota del autor
No pretendemos abarcar en quince artículos toda la polisemia de Hermes, ni descifrar por completo su naturaleza dual y polifacética. Aspiramos, sencillamente, a enunciarla y a ofrecer un recorrido por algunas de sus manifestaciones.
Es un itinerario modesto, pero digno, en el mes del Mensajero de los dioses.

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