I. Anfión
II. Níobe
La brutalidad del castigo sumió a Anfión en una desesperación absoluta. Según Ovidio en sus "Metamorfosis", el rey de Tebas no soportó la pérdida y, en un acto de furia y dolor, intentó tomar represalias contra Apolo profanando uno de sus santuarios. Esta blasfemia selló su destino, pues el dios, implacable en su justicia, lo fulminó con su arco, acabando con la dinastía que había llevado a Tebas a la grandeza. Níobe, por su parte, huyó a Lidia, donde, consumida por la tristeza, fue convertida en piedra por los dioses, y se dice que de su forma petrificada brotan lágrimas eternas.
III. Layo
Tras la caída de Anfión y Zeto, el poder en Tebas recayó nuevamente en los descendientes de Cadmo. Según Apolodoro, Layo, legítimo heredero de la casa real tebana, reclamó su derecho al trono y recuperó el gobierno de la ciudad. Su reinado marcaría el inicio de otra trágica historia, pues Layo sería el padre de Edipo, cuyo destino, como bien relatan las tragedias de Sófocles, llevaría a Tebas a un nuevo ciclo de sufrimiento.
Así, la historia de Anfión se enlaza con la de los posteriores monarcas de Tebas, mostrando cómo la voluntad divina y las pasiones humanas tejen el ineludible tapiz del destino. Desde la gloria de las murallas levantadas con música hasta el horror del exterminio de sus hijos, su historia es un recordatorio de que en el mundo de los dioses, la arrogancia y la desesperación pueden llevar incluso a los más favorecidos a una caída sin retorno.


Comentarios
Publicar un comentario