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Lico, Layo y Yocasta

Tras la muerte de Lábdaco, la historia de Tebas estuvo marcada por otra intervención de Lico y el posterior exilio y regreso de Layo, eventos que están relatados en diversas fuentes antiguas como Apolodoro, Pausanias, Eurípides y algunas referencias en Píndaro.

Lábdaco, murió cuando su hijo Layo era demasiado joven para gobernar. En este contexto, Lico, quien ya había sido regente de Tebas anteriormente, volvió a asumir el poder. En su segunda regencia, Lico se alzó como protector de la ciudad.

Lico consolidó su matrimonio con Dirce, una mujer que, según las versiones trágicas, se convirtió en una de las figuras más crueles de la historia tebana. Tal como vimos, Dirce había perseguido con saña a Antíope, quien había tenido hijos con Zeus, y finalmente sería castigada por Anfión y Zeto, los gemelos que Antíope engendró. Eurípides narra cómo los hermanos, al llegar a la madurez, regresaron a Tebas, derrocaron y mataron a Lico y ataron a Dirce a un toro salvaje en venganza por su crueldad.

Con la llegada de Anfión y Zeto al poder, Layo fue desterrado, pues aún era un niño incapaz de reclamar su derecho al trono. Apolodoro relata que Layo fue acogido en la corte de Pélope, rey de Pisa, en el Peloponeso. Allí creció bajo la protección de Pélope, pero en algún momento cometió un acto que marcaría su destino: raptó a Crisipo, el hijo favorito de Pélope. Este episodio es mencionado por diversos autores, como Pausanias en su "Descripción de Grecia" y algunos fragmentos de tragedias perdidas. Pélope maldijo a Layo, y esta maldición se convirtió en el origen del desastre de la Casa de los Labdácidas, pues el destino ya había decidido cómo moriría.

La relación entre Layo y Crisipo es a menudo descrita como un amor entre dos hombres. Este tipo de relaciones no era inusual en la historia griega. 

Tras la caída de Anfión y Zeto, los descendientes de Cadmo volvieron a gobernar Tebas, y Layo clamó su trono, convirtiéndose en Rey de Tebas. En algunas versiones, los tebanos lo llamaron de vuelta para restaurar la dinastía legítima. Sin embargo, la maldición de Pélope y la advertencia de los dioses pesaban sobre él. Píndaro y Esquilo sugieren que Layo fue advertido por oráculos de que moriría a manos de su hijo, pero no pudo evitarlo.

Para asegurar la continuidad de su linaje, Layo se casó con Yocasta, también llamada Epicasta en algunos textos. Yocasta fue una de las portadoras de la maldición del collar de Harmonía. Su unión está registrada en "La Odisea" de Homero y en la obra de Sófocles, donde se relata cómo la pareja, tuvo un hijo, Edipo. Para intentar eludir su destino, decidieron deshacerse del niño, perforando sus tobillos y entregándolo a un pastor para que lo abandonara en el monte Citerón. Sin embargo, el destino es inexorable: Edipo fue rescatado y criado en Corinto, y finalmente, sin conocer su verdadera identidad, mató a su padre en un encuentro fortuito en un cruce de caminos, cumpliendo así la profecía.

Lico y Layo representan dos momentos cruciales en la historia de Tebas: el primero, un regente que usurpó el poder y fue derrocado violentamente; el segundo, un rey legítimo cuyo intento de evitar el destino solo contribuyó a su cumplimiento. Yocasta, por su parte, fue el nexo trágico entre ambos: esposa de Layo y madre de Edipo, su vida quedó marcada por la fatalidad.

Hablaremos de Edipo cuando celebremos a las Musas en la "Fiesta de las velas". A través de las obras clásicas, continuaremos nuestro conocimiento sobre los regidores y reyes de Tebas.

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