No quiero despertarte, bien sé que estás dormida, todo el dolor del mundo ha terminado un buen día. No quisiera que pensaras, porque sé que lo harías, aquello que has dejado también morirá, mi vida. Lejos está esa tumba en la que me arrodillaba, tu memoria, tu rostro, se van perdiendo en la nada Ha desaparecido el hogar que has construido y solo, de pie, perduran las bestias que tú has parido Para cuando acabe, quisiera, si guardo un deseo todavía poder abrazar tu alma como sentiste la mía. Perdonar tu ausencia y todas tus elecciones, entender como las Moiras con sus viejos corazones. Ver en el Todo un sentido que, ahora, se me escapa, mientras se aviva el latido de una sombra que me ataca.