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"Volver a verte" por Rafael Maya


Volver a verte no era sólo

un ligero y constante empeño,

sino anudar, dentro del alma,

un hilo roto del ensueño.


Volver a verte era un oscuro

presentimiento que tenía

de hallarte ajena y sin embargo

seguir creyendo que eras mía.


Volver a verte era el milagro

de una dulce convalescencia

cuando todo, el alma desnuda,

vuelve más bello de la ausencia.


Volver a verte, tras la noche

impenetrable del abismo,

era hallar en tus ojos una

imagen vieja de mí mismo.

Y encontrar, en el hondo pasado,

días más bellos y mejores,

como esa carta en cuyos pliegues

se conservan algunas flores.


Volver a verte era mostrarme

la pena que está congelada,

como bruma de tarde hermosa,

en el azul de tu mirada.


Y, ya lo ves, del largo viaje

regreso más puro y más fuerte,

porque dormí toda una noche

en las rodillas de la muerte.


Porque yo miraba en tus ojos

un cielo de cosas pasadas,

como en el agua de las grutas

se ven ciudades encantadas.


Y porque vi tu clara imagen,

entre un nimbo de luz serena,

como jamás, a ojos mortales,

se apareció visión terrena.


Volver a verte era un oscuro

presentimiento que tenía

de hallarte ajena, y sin embargo,

seguir creyendo que eras mía. 

 

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