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⚕ De Nehustán al báculo de Esculapio

A lo largo de los siglos, las religiones han incorporado elementos y creencias provenientes de otros credos, procurando mantener el carácter sacro de los mismos, pero sometiéndolos a una reinterpretación. Es lo que se denomina sincretismo. La flexibilidad necesaria para converger elementos de diversas creencias coherentemente. La serpiente es un elemento estrella en la espiritualidad del Mediterráneo. El animal está presente en múltiples credos -egipcios, judíos, panteístas- y tiene un carácter omnipresente, divino y poderoso. Según los textos bíblicos, Moisés levantó una serpiente de metal sobre un báculo para curar a los hebreos que sufrieran mordeduras letales de los ofidios. Este elemento sagrado estructuró un centro de curación al que los hebreos mostraban “idolatría”: el Nehustán. El báculo de Asclepio, es el Nehustán de los dodecateístas. Presente aún en lo logos y símbolos más utilizados por la medicina y los servicios médicos, representa el poder sanador de l
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El juramento hipocrático en el plenilunio de Asclepio

"Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mandamiento y si lo desea participará de mis bienes". "Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo. Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas". "Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera,

Asclepio: los semidioses pueden morir

Uno de los hijos más espectaculares del dios de las plagas, Apolo, es el dios de la sanación. Así, por más contradictorio que nos parezca, el dios de las pestes y de la luz tuvo un hijo con una mortal -Carónide o Arsínoe, dependiendo la fuente-, que tenía la facultad de curar a los enfermos. Su nombre es Asclepio y ganó por mérito propio el título de dios de la medicina y la curación. La familia de Hipócrates, de quien habíamos mencionado el juramento, se consideraba emparentada con este dios.  En su juventud el semi-dios recibió las enseñanzas del centauro Quirón, también relacionado con la medicina y el arte de la curación.  Toda la prole de Asclepio hacía honor a la salud: su mujer, Epíone, moderaba el dolor, y sus hijas Higea y Panacea representaban al tratamiento y la prevención, respectivamente.  Sus tres hijos varones también fueron venerados por enfermos y sanadores: Macaón y Podalirio, participantes de la guerra de Troya, tenían el don de curar las heridas y era

Fordicidia

En la última fiesta en honor a Deméter enseñamos nuestra gratitud sacrificando una vaca. Para ello, rellenamos de dulces -gominolas, cacahuetes cubiertos de chocolate, mini-barritas y caramelos) una vaca de cerámica. Se la(s) ofrendaremos a nuestros seres más cercanos con el objetivo de que ellos la estrellen y accedan gustosos al contenido. Es de cautos envolver el contenido en una bolsa para que los pequeños trozos de cerámica no queden adheridos al chocolate. El dulce sacrificio se vive con alegría en nuestro entorno y da fin a la Fordicidia. La vaca cerámica representa las reses preñada que en la antigüedad se solían sacrificar en honor a la antigua diosa de la fertilidad romana. La similitud entre Tellus y “la de la inmensa corona” nos parece establecer un paralelismo lógico.  Es una fiesta que coincide astronomicamente con la celebración del punto de intersección del tránsito solar en el analema. Sin duda, el ciclo “pequeño” que dibuja el sol del 15 de abril ha

La religión y la esfera privada

Plenilunio de Deméter

“Fue entonces cuando al fin la escuchó su venerada madre; sintió ésta que un agudo dolor que traspasaba el corazón, destrozó con las manos la cinta que sujetaba su cabellera inmortal, echóse sobre los hombros un manto negruzco y salió presurosa, a la manera de las aves, en busca de su hija por tierra y por mar. Mas ninguno de los dioses ni de los mortales quiso reverlarle la verdad; ni siquiera se le presentó algún ave que con sus augurios le anunciara algo con certeza”.  El himno homérico a Deméter nos habla de cómo la diosa inicia una búsqueda oscura y desamparada. En la noche de luna llena más cercana al equinoccio de primavera, revivimos la imagen de una madre que busca a su hija perdida y de una diosa que destruye su corona para vagar por la tierra entre los humanos como una anciana desposeída. El caos de la naturaleza es Deméter sin Perséfone, una madre sin su hija, dispuesta a adoptar a un humano y transformarlo en dios. Es una diosa enloquecida, que está a pu

Equinoccio de primavera

Las fiestas de Deméter son las primeras fiestas que celebramos a una deidad crónida. Finalmente, una de las hermanas de Zeus llega al altar doméstico y lo cubriremos de trigo para celebrarlo.  El acontecimiento más importante de esta época del año es esta fiesta en honor a la gran diosa madre y se divide en tres partes. La primera, hoy, es el reencuentro de la fertilidad con una promesa amada, Perséfone -la semilla-, que la hace germinar en un ciclo perfecto. Ambas, madre e hija, forman una dualidad única como la Tierra, fuente de vida y alimento. Las otras dos fiestas son el plenilunio de Deméter y la Fordicidia.  El Equinoccio marca el retorno de Perséfone, amada hija, con el sol de la primavera. Pero más allá de la alegórica explicación sobre el origen de las estaciones, este reencuentro es el momento del año en el cual agradecemos que hemos sobrevivido al rigor del invierno y a su oscuridad. Además de llenar el altar de espigas de trigo, entonamos los himnos homéricos