Ir al contenido principal

Erífile

I. Erífile

Erífile -Ἐριφύλη, Eriphýlē- pertenece a la casa real de Argos y está en el centro de una red de crímenes, juramentos y maldiciones que atraviesa todo el ciclo. Las fuentes más antiguas la presentan como hija del rey Tálao de Argos y de Lisímaca, nieta del adivino Melampo, y hermana del rey Adrasto

Su matrimonio con Anfiarao, según Píndaro, se produce como parte de la reconciliación entre Adrasto y Anfiarao tras una guerra civil en Argos, en la que Anfiarao había matado al propio Tálao. Es decir, Erífile entra en escena ya como pieza de un pacto político muy tenso. 

Dado que la unión entre Erífile y Anfiarao nace de un crimen y de una reconciliación forzada, es un comienzo dramático, que nos sitúa directamente en el corazón del problema: esta familia no se une por afinidad, sino por necesidad política, y ese pacto fallido es el germen de la traición de Erífile y de la venganza de Alcmeón.

II. El collar de Harmonía

El punto clave de su figura es el juramento que Adrasto impone a Anfiarao: en cualquier conflicto futuro entre cuñado y yerno, será Erífile quien decida. Cuando se prepara la expedición de los Siete contra Tebas, Anfiarao, como adivino, sabe que la campaña está condenada y que él morirá si participa; Adrasto, en cambio, quiere la guerra. 

Polinices, necesitado de la pericia de Anfiarao, recurre entonces a Erífile y la soborna con el collar de Harmonía, una joya de origen divino ligada a Cadmo, Hefesto y a la pareja conformada por Afrodita y Ares.

III. La traición de Erífile

Erífile, amparándose en el juramento, falla a favor de Adrasto y obliga a su marido a marchar a una guerra que sabe fatal para él. En algunas versiones posteriores -por ejemplo, en Apolodoro y en tradiciones recogidas por Pausanias-, se añade que más tarde será sobornada de nuevo, esta vez con el peplo de Harmonía, para convencer a sus propios hijos de unirse a la expedición de los Epígonos, la segunda guerra contra Tebas. 

Antes de partir, Anfiarao reacciona a la traición de su esposa de un modo que marcará a toda la familia: hace jurar a sus hijos, sobre todo a Alcmeón, que vengarán su muerte matando a Erífile si él no regresa. 

La escena de la despedida, con Erífile, sus hijas y el pequeño Anfíloco, aparece ya en la iconografía arcaica -por ejemplo, en el Cofre de Cipselo descrito por Pausanias- y subraya el carácter trágico del momento: la esposa que ha vendido al marido, los hijos que serán instrumentos de la venganza paterna. 

Cuando la expedición de los Siete fracasa y Anfiarao es tragado por la tierra -convertido luego en héroe oracular-, Alcmeón enfrenta la disyuntiva de cumplir el mandato o faltar a su palabra. Ambas opciones son una deslealtad a uno de sus padres. 

El destino del collar y del peplo de Harmonía prolonga la sombra de Erífile mucho más allá de su muerte. Pausanias, al describir Grecia, recoge varias tradiciones sobre el collar: su dedicación en Delfos, su robo por el tirano focidio Fáilos y la existencia de otro supuesto “collar de Erífile” en un santuario de Chipre, que él mismo discute críticamente a partir de un verso de la Odisea

La cadena de desgracias asociadas a la joya—sobornos, asesinatos, locura, exilio—hace que, en la tradición posterior, el collar sea casi inseparable del nombre de su portadora, hasta el punto de que a veces se le llama directamente “collar de Erífile”, prescindiendo de Harmonía.

IV. Erífile en la literatura 

En la literatura, Erífile se convierte en un ejemplo paradigmático de traición familiar por codicia. Homero la sitúa en el Hades, entre las mujeres ilustres que Odiseo contempla, subrayando que fue asesinada por su hijo a causa de los regalos que aceptó. 

Los trágicos -especialmente en las perdidas "Alcmeón" y "Erífile" de Esquilo y Eurípides- y luego  en la "Tebaida" explotan su figura como detonante moral de la guerra y como contrapunto a otras mujeres del ciclo tebano, como Yocasta o Antígona

En la poesía latina y en la tradición moralizante posterior, Erífile aparece junto a Clitemnestra o Medea como ejemplo de esposa funesta, pero con un matiz propio: no mata, sino que vende—su crimen es la corrupción, el poner precio a la vida del marido y de los hijos. 

Esa mezcla de intimidad, política y codicia es lo que hace que su figura siga resultando tan incómoda y tan fascinante dentro del imaginario griego.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Adrasto

I. Adrasto Adrasto , hijo de Tálao y de Lisimaca , es uno de los reyes de Argos en la generación previa a la guerra de los Siete contra Tebas . Su figura se sitúa en un momento de transición entre la antigua autoridad profética de los Biasidas y la nueva era de los reyes guerreros.  A diferencia de su padre, cuya vida está marcada por tensiones internas y un final violento, Adrasto emerge como un gobernante diplomático, capaz de unir facciones rivales y de ejercer un liderazgo que trasciende Argos. Su ascenso al trono se produce en un contexto de rivalidad entre dos grandes casas: la de los Biasidas , a la que él pertenece, y la de los Melampódidas , encabezada por Anfiarao . Estas tensiones, heredadas de generaciones anteriores, condicionan su reinado y explican muchas de sus decisiones políticas. Adrasto se convierte así en un rey que debe equilibrar tradición, poder militar y diplomacia, manteniendo la cohesión de Argos en un periodo turbulento. La figura de Adrasto destaca ta...

Diomedes

  I.  Diomedes  Diomedes nació en el seno de una casa marcada por la violencia y la ambición. Su padre, Tideo , había sido uno de los Siete contra Tebas , un guerrero temido por su ferocidad y recordado por su muerte trágica durante aquella campaña fallida.   La infancia de Diomedes estuvo atravesada por ese legado: creció escuchando relatos sobre la expedición en la que su padre había participado y sobre la derrota que había costado la vida a tantos héroes. Adrasto , rey de Argos y pariente cercano, se convirtió en una figura decisiva en su formación, ofreciéndole protección y un lugar dentro de la corte.  Bajo su tutela, Diomedes aprendió a manejar las armas, a gobernar y a comprender que su destino estaba ligado a la reparación de una deuda que no había contraído él, sino la generación anterior. La juventud de Diomedes estuvo marcada por una mezcla de disciplina y determinación. No heredó el carácter impulsivo de Tideo, sino una inteligencia estratégica que ...

"Lo fatal" por Rubén Darío

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,   y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,   pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,   ni mayor pesadumbre que la vida consciente.   Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,   y el temor de haber sido y un futuro terror...    Y el espanto seguro de estar mañana muerto,   y sufrir por la vida y por la sombra y por   lo que no conocemos y apenas sospechamos,   y la carne que tienta con sus frescos racimos,   y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,   y no saber adónde vamos,   ¡ni de dónde venimos!...