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Escirón, los toldos para el sol y la lluvia

I. Skíron / Escirón 

Como vimos, en la tradición griega, los Anemoi son la personificación de los vientos, cada uno asociado a un punto cardinal y muchos relacionados un tipo de meteorología. Skíron -o Escirón- representa el viento del noroeste, un viento frío y seco que llega desde regiones montañosas al Ática. Su presencia se considera menos benévola que la de Céfiro, y más cercana a los vientos que traían inestabilidad o descenso de temperaturas. Aunque no es tan mencionado como Bóreas o Noto, aparece en fuentes como el Pseudo‑Aristóteles y en la iconografía de la Torre de los Vientos en Atenas, donde se le representa como un hombre maduro que arroja brasas desde un recipiente, simbolizando el viento polvoriento que reseca.

Skíron es considerado hijo de Eos -la Aurora- y Astreo, igual que los demás vientos. Esta genealogía aparece en Hesíodo, donde se menciona que Eos engendra a los vientos con el titán Astreo. Aunque Hesíodo no nombra a Escirón explícitamente, las fuentes posteriores lo integran en el mismo grupo genealógico que sus hermanos. Su “nacimiento”, por tanto, es simbólico: surge del amanecer y del cielo estrellado, como fuerza natural más.

II. Representación y características

En la iconografía, Escirón suele aparecer como un hombre de edad madura, con barba y gesto severo, en contraste con la juventud amable de Céfiro. Su atributo más característico es un brasero o recipiente con carbón encendido, que simboliza el viento seco y polvoriento que sopla desde el noroeste. Esta representación procede de la Torre de los Vientos del  siglo I a.n.e., donde cada Anemoi aparece con un símbolo meteorológico. Su carácter se asociaba a la llegada de aire frío, a menudo vinculado al final del verano o a cambios bruscos de temperatura.

En Cataluña, el viento que sopla del noroeste se conoce principalmente como Mestral/ Mistral. En las zonas del sur, como las Tierras del Ebro y el norte de la provincia de Tarragona, también se le llama Cierzo, compartiendo nombre con el viento característico del valle del Ebro. Es un viento duro, frío y muy seco. Suele ser muy violento y racheado, alcanzando con frecuencia velocidades superiores a los 100 o 120 km/h. Al ser un viento de tierra que se desplaza hacia el mar, actúa como una "escoba" que limpia la atmósfera, dejando cielos despejados y un aire extremadamente nítido y fresco.

Como fuerza elemental, Escirón no tiene esposa ni hijos. Los Anemoi, salvo Bóreas, rara vez aparecen en relatos genealógicos o matrimoniales. Su función es puramente meteorológica y simbólica, no narrativa. La confusión con el bandido Escirón -que sí tiene genealogía, esposa e hijos- procede de la coincidencia del nombre, pero son figuras completamente distintas: uno es un viento, el otro un personaje de la secuencia de bandidos que enfrenta Teseo.

Los Anemoi no mueren, porque no son héroes ni mortales, sino personificaciones de fenómenos naturales. En la cosmología griega, los vientos existen mientras el mundo existe. No hay relato alguno que describa la muerte o desaparición de Skíron. Su “destino” es eterno, como el de los demás vientos. 

III. El invento de los toldos

Aunque el uso de tejidos para crear sombra es una práctica ancestral en civilizaciones como la egipcia y la siria, no existe evidencia histórica de que los griegos utilizaran sistemas de toldos complejos o retráctiles en sus templos. Los templos griegos estaban diseñados para albergar el culto de una deidad y no para congregaciones masivas en su interior; los rituales y sacrificios se realizaban al aire libre, frente al edificio. Por tanto, la estructura de mármol y las columnas eran suficientes para su propósito sin necesidad de cubiertas textiles adicionales.

La ingeniería de grandes sistemas de sombreado alcanzó su máximo esplendor con los romanos y su famoso velarium. Esta era una estructura monumental de lonas retráctiles que cubría la cávea -zona de asientos- del Coliseo y otros anfiteatros para proteger a los espectadores del sol y la lluvia. El sistema era tan complejo que requería de marineros especializados de la flota imperial para operar el intrincado entramado de mástiles, cuerdas y poleas.

En cuanto a su invención, no se puede atribuir a una sola persona en la antigüedad, ya que evolucionó de las velas de los barcos, de hecho, velarium deriva del latín velum, que significa vela. 

Sin embargo, el toldo moderno con brazo articulado, tal como lo conocemos hoy, fue patentado a finales del siglo XIX por el francés Antoine Fabré, quien lo presentó en la Exposición Universal de París en 1889.

Dado que los teatros griegos originales no utilizaban sistemas de toldos para cubrir al público. A diferencia de los romanos, los griegos construían sus teatros al aire libre aprovechando las laderas de las colinas y confiaban plenamente en el clima mediterráneo. Solo en la época posterior -helenística y romana-, algunos teatros en suelo griego fueron adaptados por los romanos para incluir anclajes para toldos, pero la esencia del teatro griego clásico era ser un espacio totalmente abierto a la naturaleza. Si llovía durante una función, la respuesta era sencilla: el público se mojaba. 
Las representaciones formaban parte de festivales religiosos obligatorios para la ciudadanía, por lo que se esperaba que los asistentes soportaran las inclemencias del tiempo como parte de su deber cívico y ritual
Si la tormenta era extremadamente violenta o peligrosa, la función podía suspenderse, pero el diseño de los asientos de piedra y los trajes de los actores, a menudo de lana o lino, permitían que el espectáculo continuara bajo una lluvia ligera sin mayores inconvenientes. 
Para mitigar este riesgo, las temporadas teatrales se organizaban estratégicamente. El festival más importante, las Grandes Dionisias, se celebraba entre marzo y abril, alrededor del equinoccio de primavera, una época en la que el clima en Atenas es generalmente suave y las lluvias son menos frecuentes que en invierno. 
Para protegerse del sol intenso, los espectadores solían llevar sombreros de ala ancha llamados petasos o utilizaban pequeños parasoles individuales conocidos como skiadeion

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