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Bóreas

I. Bóreas 

Bóreas -del griego antiguo, Βορέας- es el dios del frío viento del norte, las tormentas y el invierno. Aunque normalmente se le consideraba el viento del norte, los escritores romanos Aulo Gelio y Plinio el Viejo lo identificaron con un viento del noreste, equivalente al dios romano Aquilo o Septentrio. Bóreas se representa como un ser de gran fuerza y de temperamento violento. Con frecuencia aparece como un anciano alado o, a veces, como un joven de pelo y barba ásperos, sosteniendo una concha y envuelto en un manto ondeante.

En España, Bóreas es denominado tramontana, un viento que sopla desde los Pirineos hacia Cataluña, más allá de las montañas. Cuando la tramontana sopla fuerte en invierno, es un viento muy temido por la crudeza con la que hiela en las noches y por cómo agita el mar. 

Bóreas es mencionado en varias obras de la literatura clásica y en fuentes literarias posteriores. En la "Teogonía" de Hesíodo se le describe como hijo de Eos -la Aurora- y Astraeo/Astreo, lo que lo vincula con los ciclos celestes y con los otros vientos divinos, los Anemoi.

II. Matrimonio y descendencia

Uno de los episodios más difundidos sobre Bóreas narra el rapto de Oreithyia -Oritía-, princesa ateniense e hija del rey Erechtheus -Erecteo-. Erecteo forma parte de la misma línea dinástica que remonta a Cécrope, el primer rey de Atenas, y en las fuentes aparece como el padre que ve truncada la tranquilidad de su casa por la intervención del viento del norte.

Según las versiones tradicionales, Bóreas se enamoró de Oritía; tras ser rechazado en sus intentos de cortejo, la arrebató en la ribera del Iliso y la llevó al norte, a Tracia. Aunque el episodio comienza como un secuestro, las narraciones posteriores relatan que Oritía llegó a ser la esposa de Bóreas, y que la unión quedó incorporada a las genealogías locales y a la memoria cultual ateniense.

De esa unión nacen los gemelos Zetes y Calais, conocidos como los Boréadas; las fuentes les atribuyen la facultad de volar y los sitúan entre los Argonautas que acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro. 

Las listas clásicas suelen consignar además otras dos hijas: Quíone y Cleopatra, de modo que los cuatro hermanos -Quíone, Cleopatra, Zetes y Calais- constituyen la descendencia más citada de Bóreas y Oritía.

El nombre Quíone -Χιόνη- deriva de la palabra griega chiōn, «nieve», y la vincula etimológica y temáticamente con la nieve y el invierno; en las fuentes se cuenta que tuvo un hijo, Eumolpo, tras un encuentro con Poseidón, y que por temor a la reacción de su padre arrojó al recién nacido al mar, donde Poseidón lo salvó.  

Cleopatra figura en las genealogías como hermana de los Boréadas y, en algunas variantes, aparece casada con Fineo, rey asociado a regiones del norte. Esa relación familiar explica por qué los hijos de Bóreas intervienen en su historia cuando los Argonautas llegan a su corte.

III. Bóreas en las guerras médicas

La atribución de intervenciones divinas en batallas navales -por ejemplo, la idea de que Bóreas desató un temporal que dañó la flota persa en episodios asociados a Artemisio o Sepias- forma parte de la memoria cultual y religiosa ateniense. Los atenienses recordaron y celebraron episodios en los que los vientos favorecieron a las polis griegas. 

La serie de enfrentamientos navales en Artemisio -agosto-septiembre de 480 a.n,e.- consistió en tres días de combates entre la flota aliada griega y la armada persa, librados simultáneamente con la batalla terrestre de las Termópilas; la escuadra griega sostuvo el choque pero, al conocer la derrota en tierra, decidió retirarse hacia Salamina para reagruparse.

Antes de llegar a Artemisio, la flota persa sufrió pérdidas por fenómenos meteorológicos: mientras navegaba por la costa de Magnesia, un vendaval alcanzó a parte de la armada y hundió numerosos barcos, reduciendo sensiblemente la fuerza naval persa.

En la bahía frente al Cabo Sepias, Heródoto relata que otra tormenta invernal sorprendió a la flota persa cuando estaba fondeada en una línea muy densa junto a la playa; el temporal provocó el naufragio de cientos de naves de guerra y de aprovisionamiento, con pérdidas muy importantes para los persas.

La combinación de estos episodios condicionó la campaña naval de Jerjes: aunque los persas mantuvieron superioridad numérica, los daños y la retirada griega hacia Salamina cambiaron el curso operativo y prepararon el terreno para la decisiva batalla de Salamina.

Iconográficamente, Bóreas aparece con frecuencia como un hombre alado que sopla, envuelto en un manto que sugiere frío; esa iconografía se repite en cerámica ático, relieves y monumentos como la Torre de los Vientos de Atenas (imagen), donde uno de los frisos lo representa en un vuelo vigoroso.

Aunque no figura entre los doce olímpicos, Bóreas es una deidad importante dentro del panteón natural: como uno de los Anemoi y su papel en el clima y las estaciones. 

Hesíodo lo nombra explícitamente en la "Teogonía"; Homero emplea imágenes eólicas en "La Ilíada" y "La Odisea", y la tradición posterior identifica en esos pasajes a los vientos personificados, aunque la presencia explícita del nombre “Bóreas” varía según los textos y las ediciones. En la obra "Los trabajos y los días" y en otros poemas didácticos y calendáricos, los vientos aparecen como signos estacionales -el viento del norte asociado al invierno-.

IV. Los molinos de viento

Los primeros molinos de viento conocidos surgieron fuera de Europa: en la región que hoy comprende Irán y Afganistán se desarrollaron molinos de eje vertical ya en la Alta Edad Media, con testimonios documentados desde los siglos IX–X; esos molinos horizontales, con velas radiando alrededor de un eje vertical, se emplearon para moler grano y para riego en zonas áridas.

Técnicamente hubo dos familias principales: molinos de eje vertical (tipo persa, con una sola piedra por molino y sin engranajes complejos) y molinos de eje horizontal/vertical con transmisión, posteriores en Europa, como el post mill y las variantes de torre que usan engranajes para mover las muelas. La distinción técnica explica por qué unos modelos se adaptaron mejor a vientos constantes en llanuras y otros a emplazamientos insulares o de pequeño caudal.

En Grecia las referencias a molinos de viento aparecen mucho más tarde que en Persia: las primeras estructuras tradicionales que hoy asociamos a los paisajes griegos datan de la Edad Media y la época veneciana, con una difusión notable entre los siglos XII–XVI en las islas del Egeo; la forma icónica de torre blanca con techo cónico se consolidó en las Cícladas y otras islas a partir de la Edad Media tardía.

La implementación insular siguió criterios prácticos: los molinos se situaban en promontorios o cabos expuestos a los vientos dominantes, por ejemplo, el meltemi en las Cícladas, con una estructura cilíndrica de piedra, techo móvil y un eje con palas o velas de tela que transmitían el giro a las muelas interiores; en Creta se usaron además variantes para bombeo y riego, aprovechando la constancia del viento para tareas agrícolas.

Económicamente, los molinos de viento en Grecia fueron nodos comunitarios: molían cereal para poblaciones insulares, permitían operar de noche cuando el viento soplaba, y el molinero cobraba una parte de la cosecha como peaje. Con la llegada de la industrialización y nuevas fuentes de energía su uso decayó, pero muchas construcciones se conservan como hitos patrimoniales y turísticos.

 

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