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Zetes y Calais, los gemelos alados de Bóreas

"La persecución de las Harpías"
por Peter Paul Rubens (1636 - 1637)

Zetes y Calais eran hijos de Bóreas, el dios del viento del norte, y de Oritía, una princesa ateniense. Según Apolodoro, Bóreas raptó a Oritía, llevándola al monte Hemo, donde se casaron. De esta unión nacieron Zetes y Calais, quienes heredaron las características sobrenaturales de su padre.

Ambos hermanos eran descritos como hombres fuertes y veloces, dotados de alas que les permitían volar. Estas alas nacían de sus hombros, aunque en algunas versiones también se extendían desde sus tobillos, similar a Hermes. Su conexión con los vientos les otorgaba una velocidad incomparable, lo que los hacía aliados invaluables en cualquier misión.

Los gemelos se unieron a los Argonautas, el grupo de héroes liderados por Jasón en la búsqueda del vellocino de oro. Según Apolonio de Rodas, destacaron por su agilidad y capacidad para explorar lugares inaccesibles, facilitando el avance del navío Argo. Aunque su participación en la expedición del Argo es su contribución más destacada, también fueron reconocidos por su valentía en varias batallas y desafíos como exploradores y guerreros excepcionales.

Una de sus hazañas más famosas fue el rescate del adivino Fineo, quien estaba siendo atormentado por las Harpías. Fineo, era un rey de Tracia que fue castigado por Zeus porque reveló los planes de los dioses. Zeus lo cegó y envió a las Harpías a que le robaran o contaminaran su comida, impidiéndole alimentarse.

Las Harpías eran espíritus del viento y mensajeras de los dioses. Eran representadas como mujeres aladas con garras afiladas y un aspecto aterrador. Hijas de Taumante y Electra, y sus nombres más conocidos eran Aelo, Ocípete y Celeno. Eran temidas por su capacidad para atormentar a los mortales. 

Zetes y Calais, gracias a su capacidad de volar, persiguieron a las Harpías por los cielos. Los Bóreadas lograron ahuyentarlas hasta las islas Estrófades. Algunas versiones afirman que mataron a las Harpías, mientras que otras, más benévolas, indican que estas prometieron no volver a molestar a Fineo.

A pesar de este acto de heroísmo, el destino de Zetes y Calais no estuvo exento de tragedia. Su muerte llegó como resultado de la ira de las Harpías, diosas de la venganza y de un castigo impuesto por los dioses. Fueron sancionados por haber perseguido a las Harpías más allá de los límites establecidos por los dioses, lo que provocó su muerte antes de completar su vida natural.

Otra versión relata que los hermanos murieron a manos de Heracles, quien los acusó de haber abandonado a los Argonautas cuando él quedó atrás en Misia, mientras buscaba a su amigo Hylas quien había secuestrado por las ninfas. Heracles, conocido por su temperamento explosivo y su sentido del honor, pudo haber visto en los hermanos alados a los responsables de este abandono, especialmente porque su capacidad de volar los habría hecho capaces de regresar rápidamente en su búsqueda.

Aunque los Argonautas compartían un objetivo común -obtener el vellocino de oro-, no estaban exentos de tensiones, rivalidades y diferencias de personalidad. Loa relatos antiguos griegos, lejos de idealizar a los héroes, los muestra como figuras humanas con defectos y conflictos internos. 

Heracles es una figura que a menudo choca con otros héroes debido a su fuerza descomunal, su orgullo y su tendencia a resolver problemas mediante la violencia. Mientras que Zetes y Calais, por otro lado, representan una habilidad que Heracles no poseía: la capacidad de volar. Esto podría haber generado una dinámica de competencia o envidia.

Los relatos sobre los Argonautas sugieren que la unión entre ellos no era perfecta. Otros episodios, como la discusión entre Jasón y algunos compañeros por la autoridad del liderazgo, muestran que los conflictos eran inevitables, incluso entre los héroes más legendarios.

Simbólicamente, este conflicto puede reflejar la idea de que las grandes empresas -como la expedición de los Argonautas- requieren no solo valentía, sino también cooperación y cohesión, algo difícil de lograr incluso entre los más nobles. También puede interpretarse como una advertencia sobre el precio de la arrogancia o el exceso de protagonismo, representado por la figura de Heracles.

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