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Despoina

 

I. Despoina

Despoina era hija de dos grandes divinidades del panteón griego: Deméter, diosa de la agricultura y las cosechas, y Poseidón, dios del mar y de las aguas. Según las referencias antiguas recogidas por Pausanias en su "Descripción de Grecia", los arcadios consideraban a Despoina como una figura central en sus tradiciones religiosas, a quien otorgaban el título de "Señora" o "Ama", pues así se traduce su nombre del griego. Este epíteto, encubría su verdadero nombre, que permanecía oculto y solo podía ser revelado a quienes se iniciaban en sus misterios .

El nacimiento de Despoina tuvo lugar en circunstancias singulares que las fuentes antiguas describen con detalle. Durante el tiempo en que Deméter vagaba por la tierra en busca de su hija Perséfone, Poseidón la vio y la deseó. Para escapar de él, la diosa se transformó en yegua y se mezcló con los caballos del rey Oncio. Sin embargo, Poseidón adoptó también la forma de un caballo y logró su propósito. De esta unión, que los antiguos consideraban sagrada, nacieron dos hijos: Despoina y Arión.

La singularidad de Despoina dentro del panteón griego reside precisamente en este doble origen: por un lado, su madre Deméter la vinculaba con los misterios de la tierra y la fertilidad; por otro, su padre Poseidón Hipio, el Poseidón-caballo, la conectaba con las fuerzas primigenias y acuáticas. Esta doble naturaleza, terrestre y acuática, confería a su culto un carácter arcaico que los descendientes de Arcas, orgullosos de ser el pueblo más antiguo de Grecia, preservaron celosamente.

II. En el santuario de Licosura

El culto a Despoina tenía su centro principal en Licosura, una antigua ciudad de Arcadia que Pausanias consideraba la más antigua del mundo. Las excavaciones arqueológicas realizadas a partir de 1889 por la Sociedad Arqueológica Griega confirmaron la existencia del santuario y sacaron a la luz sus principales estructuras. El conjunto se encontraba en una ladera orientada al noreste, a unos siete kilómetros al oeste de Megalópolis, y comprendía un templo, un pórtico, tres altares y una construcción singular, el "megaron" que tenía una función conocida en las Tesmoforias.

El templo de Despoina era de orden dórico, con seis columnas en su fachada principal construidas en mármol. Medía 11,15 metros de ancho por 21,35 metros de largo, y se dividía en un pórtico de entrada o pronaos y la cella o espacio sagrado propiamente dicho. Una característica arquitectónica poco común era la presencia de una puerta en el muro sur que comunicaba directamente con una zona de gradas escalonadas, donde probablemente se reunían los iniciados para presenciar parte de los rituales .

Delante del templo se alineaban tres pequeños altares de piedra dedicados respectivamente a Deméter, a la propia Despoina y a la Gran Madre, identificada con Gea. Esta disposición refleja la estrecha conexión que el culto establecía entre las fuerzas primordiales de la tierra y la primera, tercera y cuarta generación divina. Al noreste se alzaba un gran pórtico dórico de catorce metros por sesenta y cuatro, que albergaba pinturas sobre los misterios y cuatro relieves de mármol, lamentablemente no conservados .

El llamado "megaron", situado al norte del templo, ha sido interpretado por los arqueólogos como un gran altar monumental, comparable en su concepción al famoso altar de Zeus en Pérgamo. En sus inmediaciones se encontraron más de ciento cuarenta figurillas de terracota con cabezas de oveja o de buey, que representaban principalmente mujeres y que guardan un notable parecido con las figuras decorativas esculpidas en el velo de la estatua de Despoina. Estos hallazgos sugieren que en este lugar se desarrollaban procesiones rituales en las que los devotos portaban máscaras de animales .

 III. El conjunto escultórico de Damofonte

La pieza más extraordinaria del santuario era el grupo escultórico que ocupaba la parte central de la cella del templo, obra del escultor Damofonte de Mesene, activo hacia mediados del siglo II a.n.e. Las excavaciones recuperaron numerosos fragmentos de este conjunto, que han permitido reconstruir su disposición original con ayuda de las monedas de Megalópolis que lo representaban y de la descripción de Pausanias.

El grupo, de dimensiones colosales, alcanzaba los 5,6 metros de altura y 8,4 metros de anchura, estaba tallado en mármol pentélico y representaba a Despoina y Deméter sentadas en un trono ricamente decorado, flanqueadas por dos figuras de pie: la diosa Artemisa y el titán Ánito. Según la tradición arcadia, este titán había sido el encargado de criar a Despoina, lo que explica su presencia destacada en el santuario.

Las esculturas se realizaron mediante la técnica acrolítica, que combinaba partes de mármol -cabezas, manos y pies- con un armazón de madera recubierto de estuco o con vestiduras talladas. Este procedimiento permitía crear figuras de gran tamaño con un costo y peso menores que si fueran completamente de piedra. La cabeza del titán Anitos, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, muestra un estilo vigoroso y expresivo característico de la escultura helenística .

Uno de los hallazgos más notables es el velo de Despoina, una pieza esculpida en mármol que formaba parte de la estatua de la diosa y que hoy se exhibe también en Atenas. En este relieve aparecen representadas figuras humanas con cabezas de animales —hombres con cabeza de carnero, mujeres con cabeza de cerda— danzando y tocando instrumentos musicales. Los especialistas interpretan estas imágenes como la representación de procesiones rituales en las que los iniciados portaban máscaras de animales, una práctica que conecta con antiguas tradiciones religiosas arcadias .

IV. Debate sobre los misterios de Despoina 

El culto a Despoina tenía carácter mistérico, lo que significa que sus rituales y enseñanzas fundamentales estaban reservados a quienes se iniciaban en ellos. Pausanias, que visitó el santuario en el siglo II, respeta escrupulosamente el secreto que envolvía estos misterios y se limita a describir lo que podía ser visto por todos: los edificios, las estatuas y las ofrendas visibles. De los rituales propiamente dichos, de las ceremonias nocturnas y de las revelaciones que se hacían a los iniciados, nada dice.

Una inscripción conocida como "ley sacra de Licosura", datada en el siglo II a.n.e., establecía normas muy estrictas para quienes accedían al santuario. No podían llevar joyas de oro, ni vestidos teñidos de púrpura o de color negro, ni calzado. Las mujeres debían presentarse con el cabello suelto y la cabeza descubierta, y tenían prohibida la entrada si se hallaban embarazadas o en período de lactancia. Estas prescripciones, que regulaban minuciosamente la pureza ritual de los asistentes, confirman la importancia y el carácter arcaizante del culto.

Investigaciones recientes han planteado un debate sobre la antigüedad real del santuario y de la propia Despoina. La ausencia de menciones en fuentes escritas anteriores al siglo III a.n.e. y la escasez de materiales arqueológicos de época arcaica y clásica en el sitio han llevado a algunos estudiosos a sugerir que el culto pudo ser desarrollado o potenciado por Megalópolis tras la fundación de esta ciudad en el siglo IV a.n.e. Según esta hipótesis, los arcadios habrían creado un culto de pretendida antigüedad para dotar a la nueva capital de un centro religioso que compitiera con los grandes santuarios panhelénicos.

Otros especialistas, sin embargo, defienden la antigüedad del culto basándose en el carácter arcaico de las divinidades implicadas -Deméter y Poseidón Hipio, ambos con profundas raíces en la religiosidad arcadia- y en la propia naturaleza de los misterios, que por definición eran rituales secretos que difícilmente dejarían huella en las fuentes escritas.

Lo que resulta indiscutible es que el santuario de Despoina en Licosura constituye un testimonio excepcional de la religiosidad arcadia, cuyas excavaciones han proporcionado un conjunto de materiales arqueológicos de valor inestimable para comprender los cultos mistéricos del mundo griego antiguo.

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