I. Megapentes
En la tradición conservada por Pausanias y Apolodoro, Megapentes es el hijo de Preto, el hermano rival de Acrisio. Su importancia en la genealogía argiva no proviene de hazañas propias, sino de su papel en la transmisión del reino de Argos tras la muerte accidental de Acrisio.
La fuente más explícita es Pausanias, donde se narra que, después de matar involuntariamente a Acrisio con un lanzamiento de disco en Larisa, Perseo se negó a reinar en Argos por respeto ritual y por el miasma asociado al homicidio, aunque fuera accidental.
En lugar de ocupar el trono, Perseo cedió Argos a Megapentes y se estableció él mismo en Tirinto. Este gesto explica por qué la línea de Preto -y no la de Acrisio- continúa gobernando Argos en la tradición posterior.
Apolodoro menciona a Megapentes de forma más breve, pero coherente con Pausanias: lo presenta como descendiente de Preto y receptor del reino de Argos tras el intercambio con Perseo. No se le atribuyen hazañas heroicas ni episodios relevantes; su función es estrictamente genealógica y política, como es habitual en muchos reyes secundarios de la Argólida.
II. Tirinto
Tirinto es uno de los yacimientos más importantes de la Edad del Bronce en Grecia, y la arqueología lo ha estudiado con enorme detalle desde finales del siglo XIX. Lo que sabemos hoy es sólido, bien documentado y muy distinto de la imagen mítica que dan Apolodoro o Pausanias.
La característica más llamativa de Tirinto es su muralla ciclópea, una estructura masiva de bloques de piedra sin labrar, algunos de más de dos metros de longitud. Estas murallas datan del Heládico Reciente II–III (ca. 1400–1200 a.n.e.), es decir, de la época micénica.
Su tamaño y técnica constructiva explican por qué los griegos posteriores las atribuyeron a los Cíclopes, igual que las de Micenas. La arqueología confirma que Tirinto fue una fortaleza de primer orden, con un sistema defensivo complejo, corredores internos, bastiones y accesos controlados, lo que encaja con la imagen de un centro palacial poderoso.
En el interior de la acrópolis se han excavado los restos de un palacio micénico con un megaron monumental, columnas, pórticos y habitaciones decoradas con frescos.
Las excavaciones de Heinrich Schliemann y Wilhelm Dörpfeld, y más tarde las de la Escuela Alemana de Atenas, revelaron un complejo administrativo y ceremonial comparable al de Micenas, aunque algo menor. Se han encontrado restos de suelos de estuco, fragmentos de pintura mural y estructuras que indican una organización palacial típica de la civilización micénica: almacenes, talleres y espacios de recepción.
Los hallazgos cerámicos, herramientas y restos de talleres muestran que Tirinto fue un centro económico activo, con producción artesanal especializada. Se han identificado áreas dedicadas al trabajo del metal, la cerámica y posiblemente el textil. La distribución de los edificios y almacenes sugiere una administración centralizada, propia de los palacios micénicos, donde se controlaban recursos y se gestionaban actividades productivas. Esto confirma que Tirinto no era solo una fortaleza, sino un núcleo político y económico de la Argólida.
III. El colapso de la Edad Oscura
A diferencia de otros centros micénicos que fueron abandonados tras el colapso que supuso la Edad Oscura del 1200 a.n.e., Tirinto muestra continuidad de ocupación durante la Edad del Hierro. Hay evidencias de actividad en el siglo XI y X a.n.e., lo que indica que la comunidad sobrevivió y se reorganizó.
Sin embargo, Tirinto sí sufrió una destrucción violenta coincidiendo con el colapso general de la civilización micénica. El palacio de la acrópolis muestra capas de incendio, derrumbes y restos carbonizados que indican un episodio súbito, probablemente relacionado con las mismas causas que afectaron a Micenas, Pilos y Tebas: inestabilidad política, movimientos poblacionales y ruptura de las redes económicas del Egeo. Sin embargo, a diferencia de Pilos, que quedó completamente abandonado, Tirinto no se despobló tras la destrucción del palacio.
La arqueología no confirma la existencia de Preto, Acrisio o Perseo como figuras históricas, pero sí explica por qué la tradición les asigna Tirinto. La fortaleza ciclópea y el palacio micénico eran tan impresionantes que los griegos clásicos los consideraban obra de seres sobrehumanos.
Pausanias, al ver las murallas, afirma que “no las hizo mano de hombres”, y esa percepción alimentó la idea de que Tirinto era un lugar asociado a reyes poderosos y a linajes heroicos.
IV. Tirinto, una agonía de siglos
Después del colapso, Tirinto se transformó en un asentamiento más modesto, sin administración palacial, pero continuamente habitado. En los estratos del siglo XII y XI a.n.e. aparecen viviendas pequeñas, cerámica submicénica y protogeométrica, y restos de actividad doméstica. La acrópolis funcionó como refugio fortificado, lo que explica por qué la comunidad sobrevivió mientras otros centros micénicos desaparecían. Esta continuidad es excepcional y convierte a Tirinto en uno de los pocos lugares de la Argólida que no experimentó un abandono total tras el final del sistema palacial.
Durante los siglos X–VIII a.n.e., Tirinto siguió ocupada, aunque ya sin el papel político que tuvo en la Edad del Bronce. La cerámica geométrica y los restos de viviendas indican una comunidad estable, integrada en la red de asentamientos de la Argólida.
En época arcaica, Tirinto era un núcleo menor, pero aún activo, y Pausanias en el siglo II menciona que la ciudad seguía existiendo, aunque muy reducida. Esto demuestra que la ocupación continuó durante más de un milenio después del colapso micénico.
La arqueología muestra que Tirinto dejó de estar ocupada de forma permanente en época romana tardía, probablemente entre los siglos III y IV de nuestra era. En este periodo, la ciudad ya era un asentamiento residual, sin importancia política ni económica.
Las últimas evidencias de ocupación son dispersas: cerámica tardía, restos de estructuras menores y señales de actividad agrícola. Después de eso, la acrópolis quedó abandonada y no volvió a tener población estable.
En época bizantina y medieval no hay indicios de reocupación significativa, y el lugar quedó como ruina monumental, igual que Micenas.
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