Yo entiendo tu soledad
-claro que no es la mía-;
estás echada en la cama,
está la luz apagada
y la ciudad casi en ruinas.
Tantas ganas de un abrazo,
donde hayas puesto el deseo,
jardín imperecedero,
quién pudiera echarle el lazo.
Si su amor es verdadero
o el invierno dejará calvas
las matas de invernadero,
propongámonos un reto.
Porque, siendo jardinero,
yo no sé nada de flores,
de rimas o de amores:
Soy un ignorante completo.

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