Adivinación y destino – Lo mejor del 2025 en ElRevisto
Un don que es también una maldición: ver lo que otros no pueden, conocer el hilo del destino antes de que se teja y, aun así, ser incapaz de desviarlo. Este es el mundo al que vamos a entrar. Un mundo donde la luz de la verdad a menudo ciega a quien la posee, inmersos en una noche repleta de ignorancia. Esta serie es un periplo por la vida de aquellos mortales que miraron más allá de lo aparente, y cuyas historias nos hablan no de poderes sobrenaturales, sino de la condición humana enfrentada al conocimiento más temible: el del futuro.
Nuestro guía en este ascenso es Tiresias de Tebas, vidente por excelencia. Su figura mortal tuvo la peculiaridad de ser hombre y mujer en períodos distintos, consejero eterno de los muertos, fuente de sabiduría para el mismísimo Zeus y Hera.
Tiresias vive siete generaciones en una misma vida, quién mejor que él para darnos a conocer las artes adivinatorias, técnicas y tradiciones proféticas de la Antigüedad. Unas artes que, como el artículo narra, recibieron críticas de parte de muchos filósofos de la época.
Descubriremos las figura de Anfíloco , un guerrero que luchó contra Tebas y Troya. Su historia es la del hijo que debe cumplir, e incluso superar, la sombra de un padre profeta, llevando la clarividencia al campo de batalla como el arma definitiva. Del otro lado del muro se encuentra Héleno, el príncipe vidente atrapado en una lealtad desgarrada. Conocedor del fatal destino de su ciudad, Troya, su drama es el de servir a un pueblo condenado. Su don, que debería ser una ventaja, se convierte en una fuente de agonía y, finalmente, en un pasaporte a un exilio amargo.
Luego, nos embarcaremos en la travesía de los Argonautas junto a Idmón, quien encarna la tragedia del saber. Él es el hombre que zarpa hacia la gloria sabiendo, con certeza absoluta, que no regresará. En su valentía serena ante lo inevitable, contemplamos el dilema más profundo: ¿qué hacer cuando el oráculo nos condena? La respuesta es un acto de puro heroísmo existencial.
La trama se oscurece cuando encontramos a Fineo, rey cuyo castigo divino nos habla del peligro de revelar demasiado. Cegado y atormentado por monstruosas Harpías, su suerte es un recordatorio solemne de que los dioses guardan celosamente su saber, y que el vidente transita siempre al borde del abismo por el mero hecho de nombrar lo que ve.
El caso más amargo de clarividencia lo representa Casandra, quién arrastraba el don profético junto ocn la maldición de que nadie creería jamás sus profecías. Tras la toma y saqueo de Troya, Casandra intentó refugiarse bajo un altar dedicado a Atenea, pero fue capturada y, según algunas versiones, violada por Áyax el Menor, un sacrilegio que provocaría la ira de la diosa.
En contraste, el relato del nacimiento de Yamo, hijo de Apolo y de la náyade Evadne, nos lleva al origen divino y natural de la inspiración. Abandonado en un bosque y alimentado por la miel de las abejas—símbolo de elocuencia y saber arcano—, su vida conecta la profecía con las fuerzas primordiales de la naturaleza. Es el primer eslabón de los Yamidas, la familia de sacerdotes y adivinos de Olimpia,
La historia toma un giro de rivalidad intelectual con Mopso, el vidente que desafió y venció al gran Calcas en un duelo de adivinación. Este episodio nos revela que la profecía en el mundo griego no era una mera pasividad receptiva, sino un arte que se ejercía, se disputaba y se validaba en competencia, donde el ingenio y la interpretación aguda eran tan cruciales como el favor divino.
Finalmente, este viaje culmina no con un vidente, sino con un hombre guiado por visiones: Eneas. Su epopeya trasciende el mundo griego para fundar el linaje romano. En él, la profecía deja de ser un fin en sí misma y se transforma en el motor de la historia. Los oráculos, los sueños y el descenso al Hades fueron los hitos de un camino que conduce a un nuevo amanecer para la civilización. Así, la serie se cierra con un eco que resuena desde el pasado más arcaico hasta la promesa de un Imperio, recordándonos que conocer el futuro es, en última instancia, la chispa que enciende el destino.
Este recorrido, como podemos ver, es más que una galería de personajes; es una reflexión sobre el poder, el precio y el propósito de ver lo que está por venir. Caminemos r por esta senda de luces apolíneas y sombras, donde cada historia es un fragmento del espejo en el que la humanidad siempre se ha mirado, preguntándose qué aguarda más allá del horizonte.

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