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Notos y las torres de viento


I. Notos

Notos -griego Νότος- es la personificación del viento del sur. Su nombre se asocia con raíces que evocan humedad, calor y tormenta, pues el viento del sur era percibido como un viento cálido que traía consigo lluvias tardías, nieblas densas y tormentas estivales. En la tradición helénica, Notos es el viento que anuncia el final del verano y el inicio de un tiempo más inestable.

En la genealogía clásica, Notos es hijo de Eos -la Aurora- y Astraeus -titán de los astros-, igual que sus hermanos. Como hemos visto, el grupo de los Anemoi representan los vientos personificados que regulan los ciclos del clima y las estaciones. Notos, en particular, está asociado a la madurez del año, cuando el calor acumulado se transforma en tormentas y lluvias intensas.

II. Iconografía y simbolismo

En el arte clásico, Notos suele representarse como un hombre robusto, de expresión seria o concentrada, con el cabello y la barba movidos por un viento cálido y húmedo. Su atributo más característico es una ánfora o jarra inclinada, de la que vierte lluvia abundante, a menudo representada como chorros gruesos o líneas onduladas que evocan tormentas repentinas.

A diferencia de Céfiro, que aparece joven y ligero, o de Bóreas, que es áspero y violento, Notos encarna la pesadez del aire húmedo, la llegada de nubes densas y la amenaza de tormentas veraniegas. En relieves y mosaicos se le representa con un manto pesado, a veces pegado al cuerpo por la humedad, y con alas que sugieren su naturaleza divina.

Simbólicamente, Notos es el viento de la madurez, la fertilidad y el exceso: trae lluvias que pueden ser beneficiosas para los cultivos, pero también tormentas destructivas. En la literatura griega aparece como un viento ambiguo, capaz de nutrir o devastar.

III. Apuntes de la anemología

En la tradición romana, Notos se identifica con Auster, el viento del sur, temido por su capacidad de traer calor sofocante, brumas y tormentas súbitas. En otras zonas del Mediterráneo, los vientos del sur suelen asociarse con masas de aire cálido procedentes de África, cargadas de humedad o polvo, lo que refuerza la imagen de Notos como viento pesado y perturbador.

En la cultura popular mediterránea, los vientos del sur se vinculan a menudo con cambios bruscos de tiempo, dolores de cabeza, bochorno y tormentas eléctricas. En refranes y tradiciones agrícolas, el viento del sur es un aviso: “Sur que sopla, tormenta que brota”, “Si viene del mediodía, la nube no se enfría”.
Notos, en este sentido, encarna la inestabilidad atmosférica y el carácter imprevisible del final del verano.

En Cataluña, solemos asociar el viento del sur con el buen tiempo, aunque puede resultar molesto para las embarcaciones pequeñas. Al generar un oleaje corto y seguido, dificulta notablemente la navegación. En la rosa de los vientos del Mediterráneo, Migjorn es el estándar para el viento del sur (180º), siendo habitualmente un viento cálido y seco al proceder directamente del continente africano.

Sin embargo, en la navegación tradicional, el Lebeche es el viento que sopla del suroeste porque así se llamaba a todo viento que recorriera la costa de forma paralela. Esto crea una curiosidad geográfica en Begur: como allí el litoral cambia su orientación y pasa a mirar directamente al norte, el viento que sube paralelo a la costa ya no entra del suroeste, sino que lo hace con un componente sur -conocido técnicamente Migjorn-, aunque localmente se le siga asociando con el régimen del Lebeche.

Migjorn significa mediodía en catalán y se traduce como tal en las rosas de los vientos tradicionales. En el hemisferio norte, cuando el Sol alcanza su punto más alto -el cénit- al mediodía, se encuentra exactamente en dirección SurIncluso en el solsticio de verano, el Sol en el Mediterráneo alcanza una altura máxima de unos 73°. Sigue estando "hacia el sur", no a 90° sobre el observador. Por tanto, para los navegantes y agricultores antiguos, el viento que venía de la dirección del sol de mediodía era, literalmente, el "viento de mediodía".
 
El origen etimológico proviene del latín vulgar medio diurno. Al igual que el Levante -donde el sol se "levanta"- y el Poniente -donde el sol se "pone"-, el Migjorn utiliza una referencia temporal y solar para marcar un punto cardinal.
 
El viento sur en Barcelona entra técnicamente desde el mar, pero su comportamiento es muy distinto al de Atenas debido a cómo interactúa con el territorio. Entrando por el Mediterráneo, el Migjorn -Sur- y el Lebeche -Suroeste- suelen formar parte de masas de aire que han pasado mucho tiempo sobre el continente africano. Para Barcelona, el trayecto que el viento sur recorre sobre el agua es relativamente corto comparado con Atenas. Esto hace que el aire no tenga tiempo suficiente para cargarse de la humedad masiva necesaria para generar grandes tormentas explosivas antes de tocar tierra.

IV. Torres de viento en la Antigüedad

Las torres de viento, conocidas en persa como badgirs, representan uno de los hitos más sofisticados de la arquitectura bioclimática antigua. Mientras que en Atenas la Torre de los Vientos tenía una función astronómica y meteorológica, en regiones como el actual Irán y Egipto estas estructuras se diseñaron como sistemas de climatización pasiva. 

Según estudios de la UNESCO sobre el patrimonio de Yazd, estas torres aprovechan las diferencias de presión y temperatura para captar incluso la brisa más leve, dirigiéndola hacia el interior de las viviendas para reducir la temperatura de forma natural.

El funcionamiento técnico del badgir es una lección de física aplicada sin consumo energético. Estas estructuras operan mediante dos principios: la entrada de aire fresco y el efecto chimenea. El aire exterior, al entrar en la torre, se enfría al contacto con muros de adobe o canales de agua subterráneos -qanats-. Investigaciones de la University of Portsmouth destacan que, simultáneamente, el aire caliente del interior del edificio tiende a subir y salir por las aberturas de la torre que no están enfrentadas al viento, creando un flujo de ventilación constante que puede reducir la temperatura interior hasta en 10 grados.
En el antiguo Egipto, estas captadoras de viento se denominaban malqaf. Evidencias arqueológicas y representaciones en pinturas de la XIX Dinastía muestran que ya se utilizaban para combatir el calor extremo del desierto. 
A diferencia de los badgirs persas, que suelen ser multidireccionales para captar vientos de cualquier flanco, los malqafs egipcios solían estar orientados hacia el norte para atrapar los vientos dominantes más frescos. Autores como Hassan Fathy, en su obra fundamental Architecture for the Poor, rescataron estos diseños antiguos para demostrar su vigencia en la sostenibilidad moderna.
La integración del viento en la arquitectura no era solo una cuestión de confort, sino de supervivencia y optimización de recursos. En las áridas mesetas de Asia Central, la geometría de estas torres variaba según la región: desde torres altas y esbeltas en zonas de vientos constantes hasta estructuras bajas y anchas donde las corrientes eran más erráticas, adaptándose siempre al microclima local de manera precisa.
Hoy en día, estas tecnologías ancestrales están inspirando el diseño de "edificios inteligentes" que buscan reducir la huella de carbono y se analizan cómo los principios del badgir y el malqaf pueden aplicarse en rascacielos contemporáneos mediante sistemas de ventilación natural asistida. 
Esto demuestra que el conocimiento de las culturas antiguas sobre la mecánica de fluidos y el comportamiento del viento sigue siendo una de las soluciones más eficientes para los retos climáticos del siglo XXI.

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