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Los diez deseos de Artemisa

Los diez deseos de Artemisa se mencionan en fuentes como el "Himno Homérico a Artemisa" y en fragmentos de Calímaco en su "Himno a Artemisa". Aunque no todas las versiones enumeran exactamente diez peticiones, el relato más conocido proviene de Calímaco, quien describe cómo la joven Artemisa pidió a su padre Zeus varios dones que definirían su papel en la Hélade.

Conozcamos entonces los diez deseos de Artemisa según las fuentes antiguas:
  1. La eterna virginidad. Artemisa pidió a Zeus permanecer virgen para siempre, evitando así estar sujeta al matrimonio ni al deseo de ningún hombre. Esta petición refleja su independencia y su papel como protectora de las doncellas.

  2. El arco y las flechas de plata. Artemisa solicitó un arco y flechas, similares a los de su hermano Apolo, pero de plata en lugar de oro. Esta petición equilibra las fuerzas con su mellizo y facilita su rol de cazadora. De hecho, en Roma, el epíteto de Diana -la versión itálica de Artemisa- es "la cazadora"

  3. El dominio sobre las montañas y los bosques. Artemisa pidió reinar sobre los montes y vivir en la naturaleza, prefiriendo los espacios agrestes a las ciudades. Esto la distingue de otras deidades más ligadas al ámbito urbano. Los antiguos griegos tenían varios bosques y montañas sagradas que consideraban lugares de gran importancia religiosa y espiritual. Como el Monte Olimpo, la montaña más alta de Grecia y hogar de los dioses; el Monte Parnaso, que albergaba el Oráculo de Delfos, asociado con Apolo y Artemisa; el Monte Citerón, conocido por su conexión con Dioniso y la celebración de rituales dionisíacos y el Monte Ida, en Creta, lugar donde nació y fue criado Zeus. 

    Entre los bosques sagrados, cabe destacar el bosque de Dodona y su Oráculo, uno de los más antiguos de Grecia, dedicado a Zeus. Los robles sagrados de ese bosque eran venerados y se creía que transmitían la voluntad de Zeus a través del susurro de sus hojas. El bosque de Nemea, lugar de celebración de los Juegos Nemeos. El bosque de Arcadia,  asociado con el dios Pan y otros seres míticos como las ninfas y sátiros. Era considerado un lugar de naturaleza prístina y mística. 

  4. Un séquito de ninfas. La diosa pidió sesenta oceánides y veinte náyades -ninfas de agua dulce- para que la acompañaran en sus cacerías. Todas debían ser vírgenes como ella, lo que refuerza su liderazgo, pureza y autonomía. Las Oceánides son ninfas del océano, hijas del titán Océano y de la titánide Tetis.

  5. El derecho a asistir en los partos. Aunque Artemisa es una diosa virgen, su conexión con los nacimientos proviene del mito de su madre Leto: tras dar a luz a Artemisa sin dificultad, esta ayudó a su madre en el parto de Apolo. Artemisa e Ilitía compartían ciertos aspectos de la protección de los partos, pero sus roles eran distintos y complementarios. Artemisa tenía un papel importante como protectora de las mujeres en el parto. Esto se debe a su asociación con la feminidad, la fiereza y la pureza. Ilitía, por otro lado, era la diosa elemental del parto y la ayudante de las mujeres durante el alumbramiento. Su función específica era dar lugar al nacimiento y aliviar el dolor de las parturientas. Ambas diosas eran invocadas durante el parto, pero sus áreas de influencia y sus atributos eran diferentes. Artemisa se centraba más en la protección general de las mujeres, mientras que Ilitía estaba directamente involucrada en el proceso del alumbramiento.

  6. El dominio sobre la caza y los animales salvajes. Artemisa deseaba ser la soberana de los animales y controlar quién podía cazarlos. También se le atribuye la protección de ciertas especies. Los ciervos eran su animal más sagrado. En el Himno a Artemisa de Calímaco, se menciona que Artemisa domaba cuatro ciervos dorados para su carro. En la región de Ática, especialmente en Braurón, las jóvenes que servían a Artemisa participaban en el rito de la Arkteia, en el que "se convertían en osas" en honor a la diosa. Pausanias menciona que este culto surgió tras la muerte de un oso sagrado, lo que sugiere que Artemisa protegía estos animales en ciertos contextos. Aunque Artemisa también enviaba jabalíes para castigar -como el jabalí de Calidón-, algunas tradiciones indican que protegía a estos animales en sus bosques sagrados. Sus perros de caza, regalos del dios Pan, eran protegidos y entrenados por la diosa, asegurando su fuerza y velocidad. Y, por último, su protección se extendía sobre animales jóvenes, como liebres y cervatillos, lo que se vincula con su papel de diosa de la infancia y el crecimiento. Eurípides menciona su compasión por estas criaturas.

  7. Vestimentas prácticas y ligeras. En lugar de túnicas largas y adornadas como otras diosas, Artemisa pidió un vestido corto que le permitiera moverse con facilidad durante la caza, lo que remarca su independencia con respecto a otras deidades femeninas.

  8. El poder sobre ciertos territorios. Aunque prefería la naturaleza, Artemisa pidió que algunas ciudades la veneraran, asegurando que tuviera cultos en distintas regiones del mundo helénico. Artemisa fue venerada en numerosas polis, incluyendo Éfeso, en Asia Menor; Esparta, en Laconia; Braurón, en Ática; Delfos, en Fócida; Muniquia, en El Pireo -Atenas-; Perge, en Panfilia; Amárnide, en Beocia; Tauris, en Crimea; Éfira, en Élide y Siracusa, en Sicilia. Estas ciudades reflejan la diversidad del culto a Artemisa, desde su faceta de cazadora hasta su papel de protectora de marinos, jóvenes, niños y ciudades.

  9. La protección de la infancia y la juventud. Artemisa deseaba cuidar a los niños hasta la edad adulta, especialmente a las doncellas, a quienes protegía hasta su matrimonio.

  10. La capacidad de castigar con rapidez. Artemisa pidió el poder de ejecutar castigos inmediatos contra quienes la ofendieran. Su rapidez en impartir justicia se refleja en mitos como el de Acteón o Níobe.

Estos deseos, basados en fuentes antiguas, construyen la imagen de Artemisa como una diosa fuerte, independiente y temida, cuya presencia en la tradición dodecateísta abarca desde la caza hasta la protección de la infancia y la venganza divina.


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