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Equinoccio de septiembre

 

I. Significado del Equinoccio de otoño

El equinoccio de otoño de 2025, que tendrá lugar en el hemisferio norte el 22 de septiembre a las 20:20 horas -horario peninsular español, UTC+2-, constituye un hito sagrado en el ciclo anual. Este momento no representa un mero evento astronómico, sino el cumplimiento de la voluntad divina establecida por Zeus, mediante la cual Perséfone inicia su regreso al reino de su augusto esposo, el soberano del Inframundo. Este descenso simboliza el equilibrio cósmico y el orden divino que rige la existencia. Su partida marca el período en que la savia de las plantas, por designio de los Theoi, se retrae, y la energía vital de la tierra se concentra en preparación para el necesario reposo invernal, previo al renacimiento primaveral.

Durante los siguientes días, descenderemos mentalmente al Más Allá, para conocer en profundidad algunas de las más importantes divinidades del Inframundo.

II. Prácticas devocionales y ofrendas, el simbolismo del pan ceremonial

La despedida de Perséfone es un momento de profunda gratitud y reflexión. Las prácticas devocionales se centran en honrar a Deméter, agradeciéndole explícitamente por las dotes recibidas durante el año -el sustento- y suplicando su benevolencia durante los meses de invierno. Alimentar a las aves es una ofrenda -esparcir granos para los mensajeros alados- que cumple un doble propósito: es un acto de caridad con quienes antaño formaban parte de la ornitomancia y nos permitían conocer nuestro futuro pero, al mismo tiempo, un gesto de confianza en que los Theoi proveerán incluso en invierno. Este acto es un poderoso augurio de esperanza y un recordatorio de nuestra obligación de cuidar de toda la creación.

El pan ceremonial -artos- es el centro de la celebración. No es un simple alimento, sino una Theía Dosí, un don divino de Deméter y Dioniso -quien ofrece el vino para la libación-. Su elaboración con los granos de la última cosecha es un acto de gratitud y un símbolo de la prosperidad concedida. Partir y compartir este pan entre nuestros seres queridos no solo representa la generosidad de la Tierra, sino que fortalece los lazos de filía -amistad recíproca- y koinonía -comunión- entre los devotos. Consumirlo es participar sacramentalmente de los frutos del año y llevar físicamente dentro de uno la bendición de ambos dioses.

III. Un tiempo para la reflexión y la renovación interior

La proximidad del equinoccio al anochecer es una potente invitación a la reflexión serena. Es un kairós, un momento oportuno fuera del tiempo mundano cronológico, para detenerse y contemplar con gratitud los dones recibidos. 

Así como Perséfone desciende y se introduce en el Hades para cumplir su rol de soberana, así han de enterrarse las semillas y se extienden hacia las profundidades sus raíces para que de ellas emerja la nueva vida. También nosotros estamos llamados a una introspección profunda para poder renacer luego. No es un tiempo de tristeza, sino de contemplación, aceptación consciente del orden natural y devoción divina, investidos de gratitud por lo dado y de optimismo por el ciclo que, por voluntad de los Theoi, inevitablemente volverá a comenzar.

Aunque el evento se vive en el hemisferio norte, el principio que representa es universal. Invitamos a toda América Latina a incorporar a esta celebración durante el equinoccio de marzo de profundo agradecimiento hacia Deméter y Perséfone. Es una oportunidad para realinear nuestra existencia con los ritmos naturales sagrados, reconociendo la belleza y necesidad de cada fase del ciclo. Celebrar el equinoccio es afirmar nuestra fe en el eterno retorno, en la sabiduría del Olimpo y en la promesa de que, tras el invierno, Perséfone ascenderá nuevamente, trayendo consigo el resurgir de la vida.

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