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El gigante Ticio y los mellizos divinos

Según diversas fuentes antiguas, Ticio (Τιτυός) era un gigante de enormes proporciones, hijo de Gea, la Tierra. El episodio de Artemisa, Apolo y el gigante Ticio es un relato vinculado a la defensa de Leto, madre de los mellizos divinos, frente a una agresión. Hay varias versiones sobre cómo y por qué Ticio encontró a Leto y la atacó.

La versión más extendida, mencionada en la "Odisea" y en la "Biblioteca" de Apolodoro, ubica el ataque en Pito, cerca de Delfos. Leto, en algún momento, estaba transitando por la región de Panopé, en Fócida, cuando Ticio la vio y trató de forzarla.

Existen dos explicaciones principales sobre su motivación, Según Apolodoro, Gea, diosa primordial de la primera generación, envió a Ticio para atacar a Leto. Esta misión es relevante porque vincula el episodio con otros relatos en los que Gea, la Tierra, se enfrenta a los dioses olímpicos -como en la Gigantomaquia-. En esta interpretación, la agresión de Ticio no es un acto aislado, sino parte de una oposición cósmica entre fuerzas primordiales y los olímpicos.

En otra versión, mencionada por Calímaco en su himno a Delos, Zeus hizo que Ticio deseara a Leto. No está claro si esto fue un castigo indirecto o un error de Zeus, pero en esta variante, el gigante fue manipulado para cometer el ataque. El beneficio indirecto que obtendría Zeus del accionar de Artemisa y Apolo es tener a otro gigante -otra fuerza inestable- atrapado en el Tártaro. 

Todas las versiones sitúan el suceso en la tierra, en la región de Pito -Delfos- o Panopé -Fócida-, que están muy cerca entre sí. No ocurrió en el Olimpo, ya que Leto no residía en la morada de los dioses de forma permanente. 

En cualquier caso, su castigo fue inmediato a manos de Apolo y Artemisa. Al enterarse de la agresión contra su madre, sus hijos, protectores, intervinieron y mataron a Ticio con sus flechas. Este aspecto se menciona en la "Ilíada", donde se confirma que fueron los mellizos quienes lo abatieron.

A pesar de su muerte, el castigo de Ticio no terminó ahí. Según el relato homérico y la versión de Apolodoro, en el inframundo, el gigante fue condenado a un tormento eterno: su hígado era devorado constantemente por buitres, un castigo similar al de Prometeo, quien también sufrió esta pena por desafiar a los dioses.

Píndaro, en su "Oda Pítica IV", menciona a Ticio como un ser castigado por su osadía contra Leto. Sin embargo, es en la "Odisea" de Homero donde se describe con mayor detalle su castigo en el Tártaro:

Vi también a Ticio, hijo ilustre de la Tierra, echado en el suelo y ocupando nueve yugadas. Dos buitres posados a ambos lados le desgarraban el hígado, sin que pudiera apartarlos con las manos. Esto le sucedía porque había querido violentar a Leto, la gloriosa consorte de Zeus, cuando iba por Pito, a través de las praderas de Panopé.

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