La llegada del cometa designado C/2025 N1 (3I/ATLAS) ha marcado un hito en la astronomía moderna. Confirmado como el tercer objeto interestelar conocido después de 'Oumuamua y 2I/Borisov, su descubrimiento ha despertado un interés científico sin precedentes. A diferencia de los cometas de nuestro propio sistema solar, este visitante ofrece una oportunidad única para estudiar la composición y el comportamiento de un cuerpo formado alrededor de otra estrella.
I. Llegó un viajero interestelar
La característica definitoria de 3I/ATLAS es su origen. Según los cálculos de la NASA y el Jet Propulsion Laboratory, la trayectoria hiperbólica del objeto y su excentricidad orbital, muy superior a 1, son la prueba irrefutable de que no está gravitacionalmente ligado al Sol. El astrónomo Yurij Ramanjush, en su análisis preliminar de la órbita publicado en "The Astronomer's Telegram", enfatizó que su alta velocidad de entrada lo sitúa como un "viajero interestelar genuino". Su naturaleza de cometa, a diferencia del asteroidal 'Oumuamua, se confirmó con la aparición de una coma y una tenue cola al acercarse al Sol.II. El descubrimiento y la misión del ATLAS
El objeto fue identificado por el sistema de sondeo astronómico ATLAS -Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System-, tal como se detalla en el Circular Electrónico del Minor Planet Center (MPEC 2025-N1). La "misión" de este sistema, tal y como explican sus fundadores en las "Memorias de la Sociedad Astronómica del Pacífico", es la detección de objetos cercanos a la Tierra que puedan suponer un riesgo de impacto. Sin embargo, su capacidad para rastrear grandes áreas del cielo lo hace ideal para detectar visitantes inesperados como 3I/ATLAS, demostrando el valor de los programas de vigilancia continua del cielo.III. La larga observación y caracterización
Tras su descubrimiento, una campaña de observación global se puso en marcha para caracterizar a este visitante. Observatorios de todo el mundo, como el VLT (Very Large Telescope) en Chile y el Keck en Hawái, dedicaron tiempo de observación para obtener espectros de su coma. Los datos preliminares, publicados en "Nature Astronomy" por un equipo liderado por la Dra. Chloe Müller, sugieren una composición inusual, con una ratio de cianógeno (CN)₂ y agua (H₂O) diferente a la de la mayoría de los cometas solares, lo que podría apuntar a condiciones de formación distintas en su sistema estelar de origen.
El cianógeno (CN)₂ es un compuesto químico altamente tóxico, formado por carbono y nitrógeno, que se presenta como un gas incoloro con olor a almendras amargas. Su fórmula molecular es C₂N.
Concretamente, entre el 1 y el 7 de octubre, las sondas Mars Express y ExoMars Trace Gas Orbiter de la ESA observaron el cometa a su paso cerca de Marte, siendo que la distancia más cercana entre la sonda y el cometa fue de 30 millones de kilómetros. Asimismo, entre el 2 y el 25 de noviembre, Jupiter Icy Moons Explorer (JUICE, por sus siglas) de la ESA observará el cometa con diversos instrumentos para conseguir la mejora vista.
Su situación actual es que no es visible a simple vista ni con telescopios amateur desde la Tierra. Esto se debe a su magnitud débil, su brillo actual está alrededor de magnitud +18, miles de veces más débil de lo que el ojo humano puede percibir -límite: +6-.
Se encuentra muy lejos, más allá de la órbita de Marte, y alejándose rápidamente. Además, es un objeto pequeño -aproximadamente 1 km- con actividad cometaria limitada.
IV. La interacción con el viento solar y el Sol
Las imágenes del telescopio espacial Hubble y de observatorios terrestres revelaron un comportamiento sin precedentes: su cola sufría dramáticos y rápidos cambios de estructura, mostrando desconexiones y ondulaciones erráticas. Este fenómeno, si bien puede darse en cometas solares por recombinación magnética, se produjo en 3I/ATLAS con una violencia y frecuencia inusuales.
A medida que el cometa se acercaba a su perihelio, su interacción con el viento solar y la radiación de nuestra estrella se intensificó. El satélite SOHO (Solar and Heliospheric Observatory), cuya misión se describe en los "Informes de la Agencia Espacial Europea", capturó imágenes detalladas de cómo la cola iónica del cometa era arrastrada y moldeada por el viento solar. Este proceso, común en los cometas, fue estudiado con especial interés en 3I/ATLAS para determinar si la física que rige estos fenómenos es universal o dependiente del sistema planetario.
La hipótesis principal sugiere que el núcleo del cometa, al ser calentado por el Sol por primera vez tras un viaje interestelar extremadamente frío, estaba liberando material de forma explosiva y heterogénea. La combinación de esta actividad volátil con la presión del viento solar habría generado los espectaculares "desgarros" observados en la cola. Este espectáculo visual, fácil de entender y difundir en medios y redes sociales, convirtió a 3I/ATLAS en una sensación, demostrando que la ciencia ciudadana y la divulgación pueden florecer incluso alrededor de objetos invisibles a simple vista, pero capturables por los grandes ojos de nuestra tecnología.
V. La estrella mediática y sus ondas de radio
La notoriedad pública del cometa estalló cuando el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) detectó fuertes emisiones en longitudes de onda milimétricas. Como explicó el Dr. Kenji Tanaka en "Astronomy & Astrophysics", estas no eran señales artificiales, sino líneas espectrales de moléculas como HCN y H₂CO. La intensidad de estas emisiones, inusual para un cometa interestelar, sugería una riqueza excepcional de compuestos orgánicos complejos, proporcionando por primera vez datos directos sobre la química molecular en otro sistema planetario.
Las longitudes de onda se explicaron como el resultado de procesos físico-químicos altamente energéticos, posiblemente relacionados con la desintegración de moléculas orgánicas complejas ricas en carbono bajo la intensa radiación solar, un fenómeno raro pero no desconocido en cometas extremadamente activos.
Esta peculiaridad, sin embargo, convirtió a 3I/ATLAS en el primer objeto interestelar del que se han estudiado sus emisiones de radio de manera tan detallada, proporcionando una nueva dimensión de datos para comprender la química de otros sistemas estelares y consolidando su lugar en la historia de la astronomía.

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