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El dios Sol: ¿Apolo o Helios?


Como hemos mencionado, Apolo es uno de los dioses más venerados y polifacéticos. A lo largo del tiempo, sus atribuciones han variado según las tradiciones y los aspectos culturales que lo rodeaban.

Hoy lo celebramos en fechas tan dispares como los solsticios de verano e invierno, aun cuando en las semanas del solsticio de invierno, los templos están cerrados y los altares se retiran. 

Dos de las esferas más significativas asociadas con él son el sol y la curación. Pero, ¿qué rol cumplía realmente Apolo en estos dos dominios? ¿Y cómo se relaciona con Helios, el dios del sol?

Una de las primeras representaciones de Apolo es como el dios de la medicina y la curación. Hijo de Zeus y Leto, hermano gemelo de Artemisa, Apolo tenía el poder tanto de provocar enfermedades como de curarlas. Su hijo Asclepio, un semidiós, también heredó esta habilidad y se convirtió en el dios de la medicina, pero Apolo fue su maestro.

Apolo también es asociado con la protección contra las plagas. En la famosa Ilíada, Homero describe cómo Apolo castiga a los griegos con una plaga por deshonrar a uno de sus sacerdotes. Sin embargo, también es el responsable de detener la plaga cuando la ofensa es reparada, lo que destaca su control sobre la salud y las enfermedades.

Además, el templo de Apolo en Delfos era conocido por sus oráculos, donde la pitia o sacerdotisa predecía el futuro bajo su influencia. Esta conexión con el conocimiento y la profecía complementa su rol como una deidad que ayuda a los humanos, ya sea a través de la sabiduría o el poder curativo.

Aunque inicialmente Apolo no era un dios solar, con el tiempo fue asociado con el sol y la luz. En las épocas más antiguas, Helios era el dios del sol propiamente dicho. Helios era representado como un titán que conducía un carro de fuego a través del cielo, llevando el sol desde el amanecer hasta el ocaso.

Sin embargo, durante el período clásico y especialmente en la mitología romana, Apolo comenzó a asumir algunas de las características de Helios. En la literatura y el arte, Apolo fue gradualmente identificado con el sol, y se le otorgó el título de Febo, que significa brillante o radiante. Se convirtió en una deidad relacionada con la luz y la claridad, tanto literal como simbólicamente. Este cambio no ocurrió de repente, sino que fue un proceso gradual influenciado por factores culturales y filosóficos. 

La frase "Febo asoma ya su manto", parte de un verso del poema "La canción del pirata" (1835) del español José de Espronceda. que celebra la libertad y el desafío a las normas establecidas; fue inspiración -y plagio- para Carlos Javier Benielli cuando escribió "La Marcha de San Lorenzo" (1901), compuesta por Cayetano Alberto Silva.

Otras religiones y cosmovisiones parecen confirmar el vínculo entre Apolo y Artemisa. Las poblaciones precolombinas andinas, sostenían que Inti es el dios del sol y una de las deidades más importantes del Imperio Inca. Según las leyendas, Inti es hijo de Viracocha, el dios creador, y está casado con su hermana Mama Quilla, la diosa de la luna. Inti era adorado como el principal dios del Imperio Inca y se le atribuían poderes para hacer crecer las cosechas, curar enfermedades y proporcionar seguridad a los seres humanos. Una representación del dios Inti forma parte central de la actual bandera de Argentina. 

Una visión similar aporta desde la cristiandad Francisco de Asís en su "Cántico del Hermano Sol" (1224) cuando dice “Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano sol, el cual es día, y por el cual nos alumbras. Y él es bello y radiante con gran esplendor; de ti, Altísimo, lleva significación. Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas; en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas”.

En resumen, aunque Apolo no era el dios del sol en los primeros tiempos, terminó siendo identificado con él, desplazando a Helios en muchas narrativas posteriores. Aunque Helios no es uno de los dioses del Olimpo, su papel era crucial y su adoración era extendida, especialmente en las épocas más antiguas de la civilización griega. A pesar de que su papel fue eclipsado por Apolo en el período helenístico, Helios siguió siendo venerado en ciertos cultos y tradiciones. De hecho, en el credo romano, Helios mantuvo su relevancia bajo el nombre de Sol, especialmente en la religión solar del Imperio Romano tardío.

Hoy, al igual que en el imaginario clásico, Apolo representa tanto la luz física como la espiritual, lo que refleja su conexión dual con el sol y la curación.

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