El placer que vivimos muere en un soplo breve, vigoroso y fugaz, como abril cuando llueve. La caricia del sol que cruzó la ventana se llevó, sin aviso, una imagen liviana. Como un Midas inmerso en un trace febril, encontré un metal gélido, duro y hostil del que cada recuerdo parece estar hecho de los sueños que, pétreos, endurecen el pecho, de las ganas que acaban donde nace la nada. Hoy son tiempos frustrantes, ayer fuego en la cama. Del delirio de juntos a soñar con proyectos, sepultando estas ganas en un páramo muerto. El deseo se seca si lo nutre lo incierto y los sueños se enfrían, tensos, rígidos, yertos. Está desierta la noche, la memoria, la cama y, en la calle callada, se asomó la desgana.
I. Caecias Caecias -griego Kaikías , latinizado Caecias - es la personificación del viento del nordeste en la tradición griega de los Anemoi . En la genealogía tradicional de los vientos, Caecias forma parte de la familia formada por los hijos de Astraeus -el titán del crepúsculo- y Eos -la Aurora-. No existe una narrativa extensa para Caecias comparable a la de dioses mayores; su presencia es funcional y cultual: se le invoca o se le representa para explicar fenómenos meteorológicos fríos y tormentosos procedentes del nordeste. En el contexto del Mediterráneo y, más concretamente, del área ático‑egea, la etiqueta “procedente del nordeste” remite a masas de aire que llegan desde la península balcánica, Tracia y las regiones continentales al noreste del Egeo que afectan la costa oriental del mar Egeo y Atenas. En España, especialmente en Cataluña, el Gregal es famoso por traer una humedad alta a la atmósfera desde el Mediterráneo y causar mala mar. L...