Hera , además de ser la diosa del matrimonio, tenía una jurisprudencia geográfica tangible para la polis. La diosa tenía presencia en la tierra cultivada, los puertos, los cabos y las llanuras fértiles. Sus santuarios se sitúan en fronteras, protegen accesos estratégicos y garantizan la prosperidad agrícola. Allí donde la comunidad marca un límite, Hera lo consagra. I. Hera Limenia: La diosa de los puertos y los accesos marítimos El epíteto Hera Limenia -“de los puertos”- se manifiesta con fuerza en el Hereo de Peracora , un santuario levantado en un cabo del Golfo de Corinto que domina rutas marítimas esenciales. El templo de Hera Acrea y el hogar sagrado cercano funcionaban como punto de partida ritual para navegantes y colonos corintios: antes de partir hacia el Adriático, depositaban bronces, cerámicas y terracotas para asegurar protección y reclamar simbólicamente nuevos territorios. Un hereo es, de forma sencilla y precisa, un santuario dedicado a la diosa Hera....
Tus manos son mi caricia mis acordes cotidianos te quiero porque tus manos trabajan por la justicia si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro tu boca que es tuya y mía tu boca no se equivoca te quiero porque tu boca sabe gritar rebeldía si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos y por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo porque sos pueblo te quiero y porque amor no es aureola ni cándida moraleja y porque somos pareja que sabe que no está sola te quiero en mi paraíso es decir que en mi país la gente viva feliz...