Aunque siempre fuí cobarde Contigo, amoroso alarde Hacer de un recuerdo quiero: Era a mitad de Febrero; Era a mitad de una tarde. Con el alma de amor llena, Buscando alivio á la pena Que mi corazón traspasa, Llamé á tu puerta, Filena, Y estabas solita en casa. No sé si aliviar quisiste Mis amantes desvarios: Ello es que viéndome triste Enternecida pusiste Tus labios sobre los mios. Sin duda fué caridad: Sin duda fué solo un medio De mostrarme tu piedad; Pero ¡ay! que ha sido el remedio Peor que la enfermedad. Mira, Filena querida, Si hay desdicha parecida A esta mi desdicha fuerte: Lo que á tantos da la vida A mi me ha dado la muerte.
I. Telésforo Telésforo , el dios de la convalecencia, no cuenta con un extenso cuerpo de textos antiguos que detallen su figura, pero su presencia está registrada en inscripciones, relieves y menciones tangenciales en fuentes relacionadas con el culto de Asclepio . Su importancia, aunque modesta en comparación con sus familiares, es evidente en el contexto de los santuarios dedicados a la sanación, como el de Epidauro . En inscripciones votivas halladas en Epidauro y Pérgamo , se hace referencia a Telésforo junto a Asclepio e Higea , como una figura que completa el ciclo de la sanación. Estas inscripciones agradecen la sanación completa, mencionando explícitamente la fase de recuperación como un regalo del dios. Telésforo es quien guía al cuerpo hacia la recuperación. Su función como guía durante el periodo de convalecencia, complementando la curación inicial otorgada por Asclepio. La iconografía tardía presenta a Telésforo como un enano con la cabeza cubierta por una cogulla...