I. El Relato de la exclusión en las fuentes arcaicas El episodio de la separación violenta de Hefesto de la comunidad olímpica aparece ya en la tradición poética más antigua. En el canto XVIII de la "Ilíada" , el propio dios -mientras forja las armas de Aquiles - relata a Tetis, madre de Aquiles, su expulsión: “Una vez, queriendo salvarme, me arrojó lejos la ilustre, la insolente de mi madre, pues deseaba ocultarme por ser cojo”. La narración homérica precisa que su caída duró nueve días y nueve noches hasta que finalmente aterrizó cerca de la isla de Lemnos , donde fue acogido las diosas marinas Tetis y Eurínome. Allí vivió oculto en una gruta submarina durante años, desarrollando su arte. En una tradición alternativa, recogida en el mismo pasaje, el dios recuerda: “Nueve años viví con ellas --Tetis y Eurínome-, forjando muchas y hermosas obras en una cueva honda, a la vera de la corriente del Océano”. La caída física cerca de Lemnos y el posterio...
¿La enemistad de Hera hacia Heracles es un odio ciego, o forma parte de un proceso de glorificación que, sin quererlo, ella misma impulsa? Cuando se sigue la lógica interna del relato la respuesta deja de ser binaria. No se trata de un “sí” o un “no”, sino de una tensión entre intención divina y destino heroico. I. La furia de Hera contra Heracles El odio de Hera hacia Heracles nace de una herida íntima, pero también de un temor político mucho más profundo. No es solo la esposa traicionada que reacciona ante una infidelidad: es la guardiana del orden olímpico que ve amenazada la estabilidad del poder. Y en ese cruce -entre lo personal y lo cósmico- se enciende una hostilidad que marcará toda la vida del héroe. El primer núcleo del odio es la humillación. Heracles nace de la unión de Zeus con Alcmena , una mortal, en una noche prolongada artificialmente por el propio Zeus. Para Hera, que encarna la legitimidad del matrimonio y la continuidad del linaje, este nacimiento es una afrent...