Ir al contenido principal

Canícula

Hacia el mediodía, el chirrido de las cigarras se acelera sobre la avenida. El calor aprieta y en lo alto de las copas de los árboles los rayos del sol caen inclementes.
Por la tarde, un batallón de moscas invade las sombras, una horda de golondrinas aprovecha el festín.
Ya es de noche, pero noche húmeda y sin viento, el termómetro todavía supera los 25°C. Desde las sombras, los murciélagos aletean a la captura de infinidad de mosquitos.
Es la canícula pero no viene sola, un hervidero de insectos la acompaña día y noche, reproduciéndose en el calor del verano.

Este momento del año se atribuía al calor abrasador que anunciaba Sirio, la estrella del Canis Major, asomado sobre el horizonte antes de salir el Sol.

Los campos están secos y la tierra resquebrajada. La hostilidad del clima acelera el afán de supervivencia de muchas especies. En el Mediterráneo escasean las lluvias y se secan arbustos y pastos.

Es complicado sobrevivir sin provisiones. Es duro dormir de noche entre el sudor y las sábanas pegadas. Apollo parece señalar otro punto difícil del calendario: de plagas y luz, de extremos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Apolo, un dios con CV

 Ἀπόλλων no es el dios del Sol, tampoco lo era para los helenos. Apolo representa la peste, la plaga y la epidemia, pero también la creación y la vida. Es una antítesis y como toda entidad compleja, con el paso del tiempo cobró cada vez más significado hasta que, hacia comienzos del primer milenio, acabó acaparando la figura de Helio, el dios del sol. Es curioso porque hay, en el panteón, figuras que representan las mismas fuerzas que Apolo encarna. Para ser tutor de las Artes, están las Musas; para ser dios de la salud, tenemos a Asclepio; para dios de la destrucción, está Hades.    La novedad es que Apolo es el dios oracular por excelencia y el dios de la armonía. Y es que hay en el ciclo de creación y destrucción una evidente armonía de fuerzas -que en el 98% de las veces se salda con la extinción- evolutivas. Apolo tiene un origen que dista de poder considerarlo “el más griego de los dioses”, hay referencias bíblicas que lo identifican con el demonio o con ot

Qui exaudivit me in die tribulationis meæ, salvum me fac

Desde el fin del año y hasta el solsticio de invierno, la noche crece día a día. En el silencio del riguroso invierno encontramos un momento para pensar en todos aquellos que sufren. Los que están enfermos, los que acaban de descubrirlo, los que acaban de marchar. Por todos ellos elevemos juntos un ruego y hermanemos nuestros corazones:  Qui exaudivit me in die tribulationis meæ, salvum me fac.  Que quien los escuche, los salve. Dejamos un farol encendido fuera de casa con un cirio con la esperanza de que esa luz y ese calor alivien sus corazones.

Adonia: el regreso con Perséfone

La celebración de la Adonia, tal como lo hemos adelantado, consiste en pequeños rituales muy significativos. En primer lugar, un “brindis fúnebre” por la vida que dejamos. Utilizamos para ello zumo de granada mezclado con alguna bebida alcohólica -preferentemente Ratafía-. La ratafía, hecha con la sangre de la menta -entre otras hierbas silvestres- será nuestro último trago. Se exprime la granada y sus semillas caen y se mezclan con la bebida y se toma de un golpe. El simbolismo de la semilla de granada -la cual condenó a Perséfone al Hades-, y su consumo se hace en honor al engaño con el que Hades que nos conduce a la muerte. La granada era una planta con la que se decoraban los monumentos fúnebres. Por eso, posteriormente cogemos una granada entera y sin cortar por persona, velas pequeñas y nos vamos en dirección al cementerio una vez caída la noche. Esa granada que arrojamos será nuestro alimento y reserva para el más allá. Lo ideal es subir a un montículo para poder