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"El león" por Alfonsina Storni

Entre barrotes negros, la dorada melena
Paseas lentamente, y te tiendes por fin
Descansando los tristes ojos sobre la arena
Que brilla en los angostos senderos del jardín.

Bajo el sol de la tarde te has quedado sereno
Y ante tus ojos pasa, fresca y primaveral,
La niña de quince años con su esponjado seno:
¿sueñas echarle garras, oh goloso animal?

Miro tus grandes uñas, inútiles y corvas,
Se abren tus fauces; veo el inútil molar,
E inútiles como ellos van tus miradas torvas
A morir en el hombre que te viene a mirar.

El hombre que te mira tiene las manos finas,
Tiene los ojos fijos y claros como tú.
Se sonríe al mirarte. Tiene las manos finas,
León, los ojos tiene como los tienes tú.

Un día, suavemente, con sus corteses modos
Hizo el hombre la jaula para encerrarte allí,
Y ahora te contempla, apoyado en los codos,
Sobre el hierro prudente que los aparta de ti.

No cede. Bien los sabes. Diez veces en un día
Tu cuerpo contra el hierro carcelario se fue:
Diez veces contra el hierro fue inútil tu porfía.
Tus ojos, muy lejanos, hoy dicen: ¿para qué?

No obstante, cuando corta el silencio nocturno
El rugido salvaje de algún otro león,
Te crees en la selva, y el ojo, taciturno,
Se te vuelve en la sombra encendido carbón.

Entonces, como otrora, se te afinan las uñas,
Y la pregunta seca de una salvaje sed,
La piedra de tu celda vanamente rasguñas
Y tu zarpazo inútil retumba en la pared.

Los hijos que te nazcan, bestia caída y triste,
De leona esclava que por hembra te dan,
Sufrirán en tu carne lo mismo que sufriste,
Pero garras y dientes más débiles tendrán.

¿Lo comprendes y ruges? ¿Cuándo escuálido un gato
pasa junto a tu jaula huyendo de un mastín
y a las ramas se trepa, se te salta el olfato
que así puede tu prole ser de mísera y ruin?

Alguna vez te he visto durmiendo tu tristeza,
La melena dorada sobre la piedra gris,
Abandonando el cuerpo con la enorme pereza
Que las siestas de fuego tienen en tu país.

Y sobre tu salvaje melena enmarañada
Mi cuello delicado sintió la tentación
De abandonarse al tuyo, yo como tú cansada,
De otra jaula más vasta que la tuya, león.

Como tú contra aquélla mil veces he saltado.
Mil veces, impotente, me volví a acurrucar.
¡Cárcel de los sentidos que las cosas me han dado!
Ah, yo del Universo no me puedo escapar.

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