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Angelos

Angelos, hija de Zeus y Hera, es una figura poco conocida del panteísmo helénico. No forma parte de las deidades principales del Olimpo, su historia resuena por su conexión con los límites entre lo divino, lo humano y el inframundo.

El término angelos (ἄγγελος) en griego significa literalmente "mensajero". En textos helénicos más amplios, especialmente en su uso cotidiano o literario, se empleaba para describir a cualquier tipo de mensajero, humano o divino. Angelos, dentro del cosmos helénico, no está directamente vinculada con los "mensajes divinos" en el sentido de una mensajera al estilo de Hermes. 

En la tradición judeocristiana, los "ángeles" adquirieron un papel mucho más específico como seres espirituales creados por Dios, intermediarios entre lo divino y los humanos, y ejecutores de la voluntad de dios. Este concepto evolucionó a partir de influencias del judaísmo helenístico y posteriormente del cristianismo, que incorporaron el término griego para designar a estos seres celestiales.

La principal narración sobre Angelos, también conocida como Angelia, proviene de un fragmento órfico y de escolios -notas o comentarios breves- tardíos. Su historia es bastante singular y se encuentra en los escolios del segundo "Idilio" de Teócrito. Angelos fue criada por ninfas a quienes Zeus la había confiado. Un día, robó los ungüentos de su madre Hera y se los dio a Europa, hija de Fénix. Estos ungüentos hacían que el rostro resplandeciera y, al enterarse, su atrevimiento enfureció a Hera. Para escapar de la ira de su madre, tuvo la pícara idea de esconderse de ella, primero en la casa de una mujer que había dado a luz y luego entre personas que llevaban un cadáver. Así se contaminó al visitar a una parturienta y al asistir a una ceremonia fúnebre. Estas acciones la hicieron impura, lo que llevó a su castigo.

Zeus ordenó a los Cabiros que sumergieran a Angelos en las aguas del lago Aquerusia en el Hades. Como resultado, Angelos se purificó en el mundo de los muertos y se le asignó el epíteto "katachthonia", que significa "del inframundo". Su papel, por lo tanto, estaba relacionado con la purificación y el Hades, similar a Hécate, y se la consideraba una deidad que podía moverse entre ambos reinos. 

Su acto de transgresión, aunque realizado sin malas intenciones, la condenó a vagar lejos del Olimpo. Aunque su papel no está completamente definido, representa una mediadora entre fuerzas opuestas, uniendo los misterios del cielo y la tierra.

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