Noche de San Juan

Desde la Antigüedad, cuando los europeos celebraban el solsticio de verano, unos pocos días más tarde, el día comenzaba a hacerse notablemente más corto.

Sentían que el sol "se apagaba" y se debilitaba, por ello, encendían hogueras durante la primera noche para darle calor. Es una forma encantadora de intentar, desde lo humano, interceder en lo cósmico. El dodecateísmo tiene mucho de eso y por eso, siente que la noche de "San Juan" es una de las pocas fiestas mal llamadas "paganas" que sobrevivieron a través de los siglos.

Lógicamente que la noche se consagra a Apolo. Es él, más que Helio, quien mejor representa la interacción entre las ansias humanas y lo divino, conjugando luz, sanación y adivinación del porvenir.

Apolo abre el mes de la sanación, en el inicio del verano, un momento donde la sequía y las plagas de insectos comienzan a hacerse visible sobre la tierra humeante. Alejar las plagas para que no vacíen los silos era trascendental. Los duros meses de verano podían ser duros y el agua y la comida, escasas. El verano siempre fue una prueba tan dura de supervivencia como el riguroso otoño.

Es un mes consagrado a la salud y a la curación. Los viajes hacia los templos y las visitas a los oráculos aún se mantienen vivos hoy gracias las reservas hoteleras que recibe España, Francia, Egipto, Grecia, Italia y Turquía. 

A veces el helenismo sobrevive en el inconsciente europeo y únicamente hay que abrir los ojos para descubrirlo en uno.
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