La puerta estaba cerrada
y llena de herrumbre,
cuando así, desde la nada,
llegó el derrumbe.
Sin el verdor intenso
de tu mirada,
la senda no dio comienzo:
quedó blindada.
En manos de la frustración
de no alcanzarte,
qué frágil fue la ilusión
que quiso amarte.
Me vi golpeando el muro
de tus adentros;
un eco rebotó, oscuro,
sin un “lo siento”.
Ebrio de pasión vana,
tan pasajera,
sabiendo que tú, mañana,
estarías fuera.
¿Qué hace un amante solo,
enamorado,
en un mundo de corazones
desencantados?

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