"Buscando un culpable" por Lola Morón


La intolerancia a la incertidumbre es peligrosa cuando implica sacar conclusiones precipitadas sobre un acontecimiento tan grave como el suicidio-homicidio al que, desgraciadamente y todo parece apuntar, nos enfrentamos estos días. La sociedad necesita encontrar un culpable. Es obligado recordar las palabras de Hipócrates que, ya en el siglo V antes de Cristo, señaló el recurso que utilizaban magos, impostores y charlatanes de la época para explicar la epilepsia: “(…) utilizan lo divino para ocultar su impotencia y desconcierto, al no contar con ningún tipo de ayuda que ofrecer (…)”.

Vivimos en una época en la que se reniega de la maldad, de lo diferente, de lo que no encaja en nuestra forma de pensar y argumentar, en el contexto de un pensamiento pseudoglobalizado y, en ocasiones, cientifista. Consideremos estos sucesos como inconcebibles, no intentemos explicar lo que a veces, simplemente, no tiene explicación.

No busquemos respuestas en lo divino, pero tampoco en las enfermedades mentales —que, por otro lado, existen desde el principio de los tiempos. No se trata de hacer un panfleto a favor de los pacientes con depresión (que ni siquiera es necesario porque es absolutamente ridículo establecer comparación o identificación alguna con esta enfermedad). Simplemente, aceptemos que hay cosas que no podemos explicar porque son subjetivas, porque forman parte de la variabilidad interpersonal, por lo imprevisible de la conducta humana, porque no somos máquinas y nunca lo seremos. Nunca sabremos qué pasó exactamente por la cabeza de Andreas Lubitz en el momento de tomar la decisión de hacer lo que hizo (salvo que encuentren una declaración de intenciones entre sus pertenencias y no parece).

 ¿Es posible prevenir actos como este? Definitivamente, sí. Es relativamente fácil mentir y simular salud mental. Es relativamente fácil falsear evaluaciones psicotécnicas validadas. Sin embargo, con que se detecte un solo caso pueden salvarse 150 vidas y esta es una afirmación hecha desde mi experiencia como psiquiatra en una compañía aérea española.

 Las medidas de prevención tras los atentados del 11-S han sido criticadas por excesivas y represivas. Sin embargo, mientras que en 2001 era necesario que los pilotos comerciales pasaran controles psiquiátricos bianuales según la normativa europea, ahora sólo se realiza un control en el momento de la selección (para obtener la licencia, no para renovarla).

En el caso de Lubitz, no parece que haya ocultado un malestar psíquico o una enfermedad mental, al menos a los médicos. Estaba diagnosticado, tratado y en teoría de baja laboral. Pero no eran los psiquiatras de Germanwings los que disponían de esta información, y ellos habrían tenido en su mano prevenirlo. O tal vez no, pero el hecho es que estos profesionales, en Europa, simplemente no existen.