El aislamiento histórico español


España sufrió el peor atentado del terrorismo yihadista en Europa el 11 de marzo de 2004 con 191 muertos y 1857 de heridos, pero no ha habido ninguna fuerza política, organización de la sociedad civil o institución pública que llamara este domingo a manifestarse contra el terror y a favor de la libertad de expresión tras el ataque al semanario Charlie Hebdo. Las pequeñas concentraciones de residentes franceses en nuestro país o de la comunidad musulmana en Madrid o la iniciativa de un grupo de dibujantes en Galicia palidecían de vergüenza en comparación con las multitudes reunidas en Londres, Washington o Berlín.

España, que padeció décadas de terrorismo etarra en cuya lucha y derrota fue decisiva la colaboración francesa, no ha enseñado un ápice de solidaridad en sus calles.

Es dificil comprender esta indiferencia cuando una sociedad como la española, proclive a manifestarse por cualquier pamplina, como el descenso de un equipo de fútbol –en Madrid hubo en 2014 un promedio de 8 manifestaciones al día-, nada ni nadie se haya sentido impelido a salir a la calle.

Una sociedad como la española, cuyo comportamiento hacia la minoría musulmana tras el 11-M fue ejemplar, no parece haber reaccionado. ¿Por qué? 

Llama la atención que todavía tenga tanto peso el aislamiento histórico de España, que aún concibamos la discusión como preludio de la violencia o que entre nosotros la pasividad pueda ser un valor social. Si no podemos justificar nuestras actuaciones por este aislamiento histórico ancestral, entonces tendremos que enfrentarnos a un miedo aún mayor: los españoles valoremos muy poco la libertad.