Mudo


Y ganó Rajoy. Yo quise darle un "voto de confianza" durante las primeras tres semanas antes de publicar mi enorme decepción por su victoria y mis nulas expectativas por su futuro gobierno.

Pasaron las semanas y escribí un borrador mientras el gobierno del PP, con ayuda de CiU iban desmantelando uno a uno los distintos Ministerios de Sanidad, Cultura, Educación, Igualdad... 

No publiqué el borrador, por suerte, vi en la sociedad española un eco bastante similar a mi voz. Los riesgos de subsistencia que representaban estos recortes para el único estado que parece importarle al conjunto de los españoles: el estado de bienestar, eran evidentes.

La Comunidad Valenciana privatizaba escuelas primarias y hospitales. El Estado Español impedía el acceso universal a la sanidad. Las reformas laborales beneficiaban al empresariado en detrimento de los derechos de los trabajadores... 

Los españoles acudieron a las urnas y unos diez millones votaron este gobierno. Su elección me ha dejado mudo. Dicen que cada pueblo tiene el  gobierno que se merece. Sea o no verdad, yo no tengo palabras.

Ahora, distintos segmentos esperan que Hollande convenza a mamá Merkel de que el neocapitalismo puro destrozará al conjunto europeo. España esperando que Francia cambie el rumbo de su economía... Me deja mudo. 

Es doloroso, por que puedo ver la letra pequeña de este contrato europeo. Y no hace falta ser un sabio, solo un vistazo rápido, un ejemplo: los recortes en Sanidad del PP y CiU harán que los inmigrantes seropositivos en situación irregular no puedan recoger sus antiretrovirales este verano.

Es espantoso, puedo imaginarme cómo los distintos servicios públicos -desde RTVE hasta RENFE- van a ser desmantelados y regalados a los amigotes. 

Es repugnante, la xenofobia y el fantasma del fascismo vuelva a asomar como respuesta a una crisis económica 79 años más tarde. La misma respuesta, los mismos "amaneceres", las mismas hijas de aquellos fascistas cobrando fuerza y poder.

Mientras tanto Rajoy intenta que el "producto España" no se desvalorice en el exterior. Y se alza, como buen defensor del empresariado en una cruzada contra las nacionalizaciones americanas. Aquí los intereses de una empresa -Repsol- son defendidos con el afán con el que deberían defenderse los derechos de los trabajadores. Lógico. En un país donde el límite entre el sector público y el sector privado es tan difuso; donde los presidentes de hoy, mañana son consejeros de las empresas privadas... en un país así, el límite no existe.

Mudo. No tengo palabras para semejante idiotez, insensatez, corrupción, negligencia, codicia... La realidad es aún más siniestra y yo ya no quiero ver.