Un horror llamado Ámsterdam


En Ámsterdam el clima apesta. Siempre llueve, llovizna, garúa o cae mierda acuosa del cielo. El invierno dura nueve meses, el verano, dos semanas. Se hace de noche demasiado pronto en invierno y demasiado tarde en verano pero es igual, porque el cielo siempre es inconfundiblemente deprimente, de un gris plomo, color bala, apuntando a tu cabeza.

El Ámsterdam los medios de transporte parecen diseñados para transportar a la población de Cuenca. No funciona nunca nada pero cada viaje cuesta una barbaridad. El tren, el tram, el bus, por poco que llueva o nieve, se cancelan o atascan. Los trams descarrilan y pierden contacto, los trenes están siempre demorados, los buses huelen a chotuno, están ruinosos (pero son los únicos puntuales). Tienen la red de metro más cutre de Europa. Intentaron ampliarla y generaron tantos socavones que dañaron manzanas enteras de patrimonio histórico. ¡Que profesionalidad! Como extra: la imagen de la Centraal Station una mañana de Marzo es suficientemente horrorosa para bajarse en Schiphol y no volver nunca. 

Ámsterdam es la ciudad de los codazos, sus calles cobijan una inmensa cantidad de gente ordinaria que pega para moverse por la calle, que destaca por no respetar una distancia mínima interpersonal al bajar o subir de un tram, que empuja. Debe ser por que se creen superpoblados que tienen ese vicio de "metro de Tokyo en hora punta" que tanto me enferma.

Es una ciudad habitada por una población verdaderamente hostil, salvo para cobrar. Toda su fama de tolerancia encubre un ánimo de usura sin fin. Nada es gratis. Pagas por acceder a cualquier lavabo, pagas por un simple mapa en la oficina de turismo, pagas una privada desde el mismo día que desembarcas (la sanidad pública no existe) y no esperes que por el hecho de pagar accedas a mayor calidad. Los lavabos están mugrientos, los mapas llenos de anuncios, la Sanidad es una auténtica estafa. Para amar la ciudad debes estar enganchado al fumeteo o las putas -o las dos cosas juntas-. Ningún a-d-u-l-t-o con dos dedos de frente la encuentra idónea para vivir.

Ámsterdam tiene su encanto: casas pequeñas, torcidas, a punto de derrumbarse; casas de escaleras estrechas, alfombradas, incómodas, imposibles, hechas para Gulliver. La arquitectura del centro de la ciudad es aburridamente monótona y repetitiva, falta de color y vida. La arquitectura de los suburbios es para pegarse un tiro. En Bellvitge hay torres más vistosas...
Como si vivir en esas perreras de madera no fuera terrible, están rodeados por canales sucios, inmundos, donde unos pobres cisnes piden comida día y noche y hacen su nido con latas verdosas de cerveza. Sobre los canales verás puentes de cuestas resbaladizos desde donde deslomarse con o sin bicicleta, en una ciudad donde siempre llueve o nieva.  Por las calles verás miles de bicicletas listas para faltarle el derecho de paso al peatón; hordas de ciclistas que hablan por teléfono móvil sin mirar adelante. Ciclistas suicidas que se cruzan al pasar el tram, ciclistas idiotas ques pasan sobre tus zapatos.

Trabajar en Ámsterdam tiene su gracia: la competitividad reemplazó hace tres siglos al compañerismo. Los números y las metas hacen que un día de curro sea una carrera de putas y las putas hacen su día llamándote a cada hora, te hayan visto una o mil veces, desde sus deprimentes peceras rojas.

Cuando trabajas frente a un ordenador, eso de hacer un parón para comer y charlar tranquilamente mientras te lías un cigarrito no existe. Te cronometran cada entrada y cada pausa a través de la PC, lo cual te obliga a traer el papeo y calentarlo en microondas e ingerirlo mientras caminas de vuelta a tu asiento. A cada error, los jefes, en lugar de levantarse a hablar contigo te mandan emails, emails, emails, emails para dejar constancia de todo y emparanoiarte cada vez más.

Follar en Ámsterdam es sencillo. Tener una relación con un holandés: imposible. Siempre tratan a los ciudadanos mediterráneos como animalitos inferiores. Te insultan mil y una veces intentando demostrar una supuesta superioridad que tú no lograrás dilucidar por ningún rincón de su anatomía. Las parejas que conoces siempre están en crisis, las que te quedan por conocer ya se han divorciado...

Buenvenido a la Venecia del Norte. Y no te extrañes, todos los que la pisas lanzan un:

                                            

One Response so far.

  1. Miguel says:

    Joder, en serio?? me acaban de ofrecer un curro en Ámsterdam, pero viendo esto se le quitan a uno las ganas!