Noticias y TV: la forma es determinante


“Una persona con una creencia es igual en fuerza a 100.000 que sólo tienen intereses”. La filosofía del asesino en serie noruego ahonda en la herida. Un recalcitrante y férreo criterio de certeza vuelve a ser pilar de un crimen. Pero no sólo eso. 

A lo largo de las semanas, los medios de comunicación se han echo eco de la noticia y por el tratamiento de la misma, cada periódico ha demostrado su vertiente política. 

Al comienzo, cuando los atentados apenas se habían producido, la ultraderecha española publicó aquello de “un minuto de silencio es el padrenuestro de los cobardes”. Patetismo patricio con tintes religiosos. 

Posteriormente cuando el dedo acusador cayó sobre el fundamentalismo cristiano y la ultraderecha, los canales de televisión españoles dominados por sectores de la derecha y/o democristianos, dejaron el titular en letra pequeña. El Partido del Progreso (Fremskrittspartiet) se reunía en comité de urgencia por la que les caía encima al verificarse la pertenencia del homicida al mismo. Nadie del partido socialista se atrevió a decir "esto es lo que ocurre cuando Europa es evangelizada por la derecha"... 

De los “yihadistas” y “grupos noruegos antisistema” a un “cazador de marxistas”, la localización de los responsables puso en evidencia toda la inmundicia que se esconde en las salas de redacción del cuarto poder. Fue un triste viaje de "a quién queremos responsabilizar" a "quién es el responsable".

¿Era cierto, entonces, que el próximo gran atentado en Europa se produciría por el fanatismo islamista? ¿Que hacían todos los servicios secretos internacionales en Barcelona el verano del 2011 mientras los tiros retumbaban en Utoya? 

Una vez más los pronósticos fallaron, el terrorismo del verano del 2011 era de ultraderecha, conservador y cristiano. Un rubio iluminado armado hasta los dientes, impecablemente afeitado y peinado tomaba el titular reservado para los señores de barbas largas procedentes de “las tierras de los puros”. 

El análisis posterior no tuvo pérdida. Como no pudo haber mensajitos de textos de “todos los moros fuera”, ni el “basta con la intolerancia islamista”, pues la cosa acabó en “Un perturbado sin ética ataca...”

Es curioso, cuando hablamos de un atentado perpetuado por un fanático religioso islamista, todos los musulmanes son responsables, pero cuando es un noruego ultracristiano o un cura pedófilo “son casos puntuales”. 

Lo peor del incidente, exceptuando el dolor de las pérdidas humanas, fue todo la mierda posterior, de Intereconomía a Morrissey, ¡nunca hay un hecho lo suficientemente malo como para que los comentarios de mierda no puedan empeorarlo!


En la telebasura aprovecharon el tirón de la audiencia para repetir hasta el hartazgo la imagen de los cuerpos cubiertos por una sábana en las costas del islote noruego.

Como comentaba Milagritos Pérez: "Ciertamente, todos somos parte de la realidad pero lo que distingue a un medio sensacionalista de uno riguroso es que este nunca pondría en portada las vísceras de los muertos, por muy reales que estas sean. La realidad es la coartada del sensacionalismo. A caballo de artificiosas e interminables polémicas, el sensacionalismo tiende a extenderse como una mancha de aceite que pringa todo lo que alcanza. Por eso es importante, para un medio de prestigio establecer diques de contención y fronteras nítidas.
En el tratamiento sensacionalista, no importa tanto lo que se dice como la forma, pues el objetivo es llamar la atención. La forma es determinante. Por eso no es lo mismo un debate político de calidad que uno de esos debates de teletaberna en los que la política es solo la gran coartada para construir un espectáculo".