“Pensamiento positivo: el lado oscuro de 'Felicilandia'” por Carlos Prieto


¿Ha perdido el trabajo? ¿Tiene problemas para llegar a fin de mes? ¿Necesita dinero urgentemente? No se preocupe: todos sus problemas están a punto de solucionarse. Los monetarios, desde luego, pero también los físicos y los sentimentales. Y no sólo eso. ¿No se conforma usted con salir del agujero? ¿Quiere ganar diez millones de dólares sin pestañear? Eso está hecho. Lo único que necesita es practicar el pensamiento positivo, desear que llueva dinero con todas sus fuerzas, imaginarse que todo va a ir fenomenal.
El secreto al que alude el título es la denominada "ley de la atracción". La idea de que los pensamientos influyen en la vida... llevada al paroxismo. Byrne dice que los pensamientos pueden "materializarse en objetos", "todo lo que llega en esta vida es porque lo has atraído" y si las cosas te van mal es porque no has deseado que te vayan bien.
Las recetas de Byrne, que recopila decenas de citas de gurús del pensamiento positivo, parecen sacadas del manual del perfecto vendedor de crecepelo.
En efecto, sólo hay que concentrarse un poco para conseguir un bólido, un palacete en Miami o un avión privado. Porque tu "única diferencia con los ricos" es que ellos "utilizan el pensamiento correcto para atraer la riqueza". Los derrotistas, por tanto, no son bien recibidos en el millonario mundo de Felicistán, porque "todo pensamiento, sentimiento o emoción negativos bloquea que lo bueno llegue a ti; eso incluye el dinero".

Uno de los citados en El Secreto, el filósofo y coach personal Bob Proctor, fulmina en una sola frase XX siglos de estudios sobre las desigualdades sociales al asegurar lo siguiente: "Por qué crees que el 1% de la población gana aproximadamente el 96% del dinero del mundo? ¿Crees que es por casualidad? Es porque entienden algo. Entienden 'El Secreto'. Y tú estás siendo introducido al mismo". Las clases sociales no existen, por tanto, más que como estado mental.

"Sonríe o muere" bucea en los libros que afirman que el pensamiento positivo puede "atraer" el parné. Libros con títulos tan insensatos como Piense y hágase rico, Riqueza más allá de la razón o Los secretos de la mente millonaria, donde un enfervorecido Harv T. Eker instruye así a sus lectores: "Póngase una mano en el corazón y diga: ¡Bendigo a la gente rica!' ¡Amo a la gente rica!' Yo también voy a ser una de esas personas ricas!".
Ehrenreich dice que ser positivo no es tanto un "estado anímico como una fuerza ideológica y cultural" que nos anima a "negar la realidad" y a "culparnos a nosotros mismos por lo que nos trae el destino". La palabra clave es, por tanto, ideología. Porque el pensamiento positivo se ha convertido en la corriente espiritual favorita del capitalismo estadounidense. Una "simbiosis" que ha provocado una revolución cultural y religiosa en EEUU.

"La cultura consumista fomenta que los individuos quieran más y el pensamiento positivo está ahí al quite para decirle a cada uno que se merece más, y que puede conseguirlo si de verdad lo desea", razona Ehrenreich, que cree que esta filosofía "defiende los aspectos más crueles" del libre mercado. Por ejemplo, culpabilizarte de un despido. "Si tu negocio quiebra o te quedas sin trabajo, será porque no te esforzaste lo suficiente, porque no creías con la suficiente firmeza en que tu propio éxito era inevitable".

El catecismo del siglo XXI parece más bien una guía acelerada para forrarse a toda costa. "Lo que se ofrece es la promesa de dinero, salud y éxito en esta vida, ahora mismo o dentro de muy poco".
Sus templos, "en los que no se ven casi cruces", son las denominadas megaiglesias. 1.210 templos repartidos por todo el país con aforos gigantescos y 4,4 millones de parroquianos. Los números aquí son básicos porque, como cuenta Ehrenreich, algunos de los pastores de mayor éxito (R. Schuller, R. Warren o B. Hybels) encargaron estudios de mercado antes de edificar sus iglesias. "El mensaje positivo no sólo se vendía mejor cara al público que la religión de antes sino que cada vez tenía más relevancia personal para los predicadores, que ya no se consideraban críticos del mundo laico y materialista, sino hombres de negocios". Joel Osteen, pastor de la iglesia Lakewood (Houston), le llaman el "cristiano más influyente de EEUU". En 1999 compró el Compaq Center, antiguo estadio de Houston Rockets, para transformarlo en una iglesia de 16.000 localidades. Dice que consiguió comprarlo porque "logró visualizarlo". "Empecé a ver' a nuestra congregación alabando a Dios en el Compaq", asegura. "Libérate del pensamiento en pequeño, y empieza a pensar como Dios. Piensa en grande. Piensa en más. Piensa en abundancia", clama Osteen a sus parroquianos.

El pensamiento positivo se hizo "ubicuo" la pasada década. "Ya no tenía rival en la cultura norteamericana", cuenta Ehren-reich. Larry King y Oprah Winfrey lo promocionaban en televisión. El tradicional optimismo estadounidense.
La "epidemia de autoengaño" típica de las burbujas se puso en marcha. "Las corporaciones cambiaron la racionalidad deprimente de la gestión profesional por los atractivos emocionales del misticismo, el carisma y las corazonadas", explica Ehrenreich. La ensayista entrevistó a Eric Dezenhall, un republicano que trabajó en la Administración Rea-gan y trabaja como "gestor de crisis". Dezenhall, al que las empresas recurren cuando las cosas se ponen feas, le dijo que creía que los directivos habían llegado a creerse la "ley de la atracción" del pensamiento positivo. Ivy Zelman, analista de Credit Suisse, le dijo que "perdía clientes por culpa de su pesimismo, pero no era capaz de fingir que todo iba bien". "A quien expresara ideas negativas en voz alta le despedían", contó el analista bancario Steve Eisman.

"Este es el estado mental que promueven los apóstoles del pensamiento positivo. Los altos ejecutivos, quizás un tanto cínicamente, lo promovían entre sus subordinados, regalándoles libros de motivación o invitándoles a conferencias en las que se hablaba de visualizar el éxito, de trabajar más y de quejarse menos. El problema está en que ellos mismos llegaron a creérselo; y así, en un plazo de tiempo muy corto, unos tres billones de dólares depositados en planes de pensiones y cuentas de ahorro se evaporaron en el mismo éter en el que flotan todos nuestros pensamientos positivos", zanja Ehrenreich.
La alternativa al optimismo es el realismo, pero no todo es aceptable en mundo de los triunfadores, tal como ha escrito Barbara Ehrenreich: “sonríe o muere”.