Del armario "Pax Nexus" a la homofobia


La homofobia tiene una representación política y cultural en la Unión Europea actual. Es verdad que la UE no está en su mejor momento y que nunca estuvo muy unida, pero el matrimonio entre personas del mismo sexo puso en pie de guerra a muchos países de la Europa Oriental en una reacción similar a la Santa Alianza del siglo XIX: todos contra la revolución (homo)sexual.

Los países de la Unión mayoritariamente ortodoxos -Bulgaria, Chipre, Grecia y Rumanía- carecen de todo tipo de recursos para defender los derechos de las minorías sexuales. Eso sin mencionar que, para las beatas largas barbas, todas las minorías tienen un futuro tan oscuro como sus hábitos.

Los países bálticos arrastran su larga trayectoria como nefastos ex-satélites soviéticos y, como tales, entienden muy poco de libertades individuales. Emanan de esas tres joyas -Estonia, Letonia y Lituania- solicitantes de asilo que narran historias de terror que ni en los pueblos manchegos más pequeños en la época de Franco.

Polonia e Italia tiene su propio mal, haber sido sede del Papado -y Juan Pablo II se encargó de dejar aquello atado y bien atado-, repleto de iglesias, curas y monjas y, sobre todo, impregnadas de un anticomunismo que invoca fantasmas ante cualquier pensamiento mínimamente progresista.

Lo que duele es ver tan cerca el lejano tránsito hacia ninguna parte que ha tomado esta Italia retrógrada. La Italia del aplaudido Berlusconi putero. Y duele porque, históricamente, Italia fue un centro cultural de crucial vitalidad para Europa. Hoy es un ojo muerto. No ve, no capta y, sobre todo, no entiende.

IKEA ha lanzado un anuncio publicitario que contiene un guiño para la comunidad gay. Y es sólo un guiño, por que no hay ni sexo ni pollas. Los italianos, cuando se trata de escandalizarse, no parecen asombrarse de tener como máximo representante a un viejo verde en tanto y en cuanto sea heterosexual -machista y homófobo-.
El secretario de Estado para las Políticas para la Familia de Italia, Carlo Giovanardi, ha asegurado que un anuncio publicitario de Ikea que muestra a dos hombres dándose la mano es "grave y de mal gusto".
Giovanardi criticó a la empresa sueca por "venir a Italia a decir a los italianos que cosa deben pensar, polemizando contra su Constitución". Sí, señores, la misma constitución que Berlusconi quiere enmendar para asegurarse que nadie va a poder hacer justicia cuando él tome el sol en Villa Certosa.
Giovanardi ya se había hecho célebre por sus lamentables comentarios cuando afirmó que "la adopción de matrimonios gays favorece el tráfico de niños".
No cabe la menor duda de que la clase política italiana actual es un cáncer para la Unión. Italia y Polonia, recalcitrantes feudos donde anida la irracionalidad y la intolerancia, necesitan urgentemente cambiar el púlpito por una mesa de trabajo de IKEA.