J'accuse, Nicolas!


La verdad es que los talibanes no pudieron hacerlo mejor. Desde el 11-S, han visto más cerca que nunca el sueño, antes inalcanzable, de hacer del mundo un lugar más intolerante, más violento, más intransigente, como ellos mismos. ¡Qué incuestionable victoria!La consecuencia más evidente del 11-S es la caza de brujas posterior: -parece el guión de una película de terror-, manipulación de la opinión pública, alarma social, terrorismo y armas de destrucción masiva.La contracción de las tolerancias y libertades en nombre de la seguridad son seguidas de gobiernos de derecha: Sarkozy, Merkel, Berlusconi, los Kaczynski, Geert Wilders, etc.Gracias a la crisis económica, el retorno de los viejos fantasmas se cierne sobre el agotado continente: xenofobia, racismo, intransigencia religiosa y etnocentrismo.Ante esta contracción de libertades y tolerancia, Sarkozy sabe hacer buen uso de la fuerza centrífuga del etnocentrismo y se lanza sobre uno de los colectivos con escasa representación política y peor prensa: los gitanos.Hasta aquí el análisis de la actualidad. El ciudadano de pie es testigo –o cómplice- de este suceso y no sabe hacia dónde va Europa.
Sólo ve, con manos en los bolsillos y ganas de salvarse el culo, que el giro hacia la derecha ya aplasta a los menos afortunados y en nombre de la recomposición del orden y la recuperación económica, seguridad y economía, grandes baluartes, se van a hacer grandes burradas.

Pero ¿qué es esta locura? ¿qué es esta contracción? ¿cuán profunda fue la comprensión previa a esta nueva sinrazón? ¿Qué significa “contraer libertades”?
No veo ninguna evidencia de que el período previo al 11-S, esa “relajación de las costumbres” no haya sido producto de la bonanza económica, liberal y política.
El retorno a la intransigencia implica que unas ideas están siendo reemplazadas por otras. Pero ¿significa algo más? ¿Acaso no es la viva prueba de que la comprensión de la diversidad y las libertades disfrutadas no tenían -nuevamente- una base sólida? Si así fuera ¿por qué nunca la tienen? ¿Por qué se vuelve a la guerra y a la confrontación más virulenta?

Una idea: “la diversidad enriquece” vuelve a ser reemplazada por “el distinto es peligroso”. Y eso es todo. La primera permite una cierta armonía pero engendra un riesgo que el prejuicio pretende ahorrarse.
A eso me refiero con “contracción”, a ese ahorro. A abandonar el “siempre hay excepciones” por “son todos iguales”. ¿No hay, acaso, en todo esto una terrible liviandad? ¿Una moral cambiante?

Cuando no matamos por miedo al castigo y por creer que no es correcto sólo necesitamos el permiso de un Estado para que el castigo se esfume y sea reemplazado por un premio. Y ahí vemos la volatilidad de nuestros valores. No son tales. No sobreviven las rigurosas pruebas del 11-M y del 11-S. Han hecho agua en muchos ciudadanos y los partidos políticos van a aprovechar esta situación.

Evidentemente no hay forma de crear una conciencia más sólida y duradera. Si la hubiera, la comunidad europea no consigue cuajarla. Y, una cosa parece evidente, el lento descenso a los infiernos para quienes pertenecemos a una o varias minorías está prácticamente garantizado.

Y el ser humano fracasa, una vez más, en su sueño humanista. Tal como lo hizo en el golpe de estado en Argentina en 1976, en la guerra de Vietnam del 75, y en ese jodido, largo y global etc.
Perpetuum mobile, esta oscilación moral y de pensamiento deja en claro que nada ha cambiado intrínsecamente a pesar del horror de la WWII. Y frente a éste, ¿qué hacer?

¿Debemos enfrentar los prejuicios uno a uno, combatiéndolos y velando que sean reemplazados por un valor que no se ajusta a la situación económica y geopolítica actual?

Es un largo camino defender a las minorías y no está premiado en tiempos de guerra.
Ayer he oído, “si tanto te gustan los gitanos, ¿por qué no te vas a vivir con ellos?”
Podía oler el olor del gueto en la pregunta con sorna, podía palpar los altos muros. Pero no pude traspasarlos. Y comprendí, que quería decir Benedetti con “no te salves” y decidí morirme o intentar escapar, pero nunca quedarme mansamente del lado externo de la reja.

Los combatiremos uno por uno, intentando reemplazar las ideas sin comprender del todo que, si esta es meramente una guerra intelectual, la humanidad carece de valores en tiempos de crisis. Esos valores también son invenciones de “quita y pon” para la inmensa mayoría.
La inexistencia de la tolerancia como un valor absoluto te enfrenta a un desánimo sin fisuras, en el que no hay lugar para el ideal ni el sueño.
La mente humana reemplazará una idea por otra según su conveniencia y premiará esa adaptabilidad utilizando la razón para justificar su violencia. Y eso es inherente al pensamiento. Por eso, la batalla está perdida aún antes que la guerra estalle.