Diagnosis



El diagnóstico psiquiátrico es una arma de doble filo. Por un lado, permite que el paciente abandone su caos indescifrable para aportarle un nombre reconocido científicamente a su dolencia y unas pautas concretas de comportamiento que identifican y describen su actitud. El diagnóstico no es más que la autorización que el médico le otorga al comportamiento del paciente dentro de lo concebible por la psiquiatría. Ello reduce la culpa y transforma cada individuo en un caso. Un caso que puede resolverse favorablemente, dado que los diagnósticos psiquiátricos no son compartimentos estancos ni inamovibles. El reconocimiento de su dolor permite, también, que el mismo cambie de dimensión.

Sin embargo, ese reconocimiento también puede ser una condena a perpetuidad, bajo la cual todo lo que padezca el paciente es parte de la enfermedad –cada pensamiento, cada acción, cada deseo- y pasa a ser vivido como un mal alienante. Nada es sólo suyo, todo es una consecuencia de un estado. Y como tal, el paciente no es responsable de sus actos, es enfermo, no está enfermo. El diagnóstico puede liberar y condenar, autorizar y justificar con idéntica fuerza.

One Response so far.

  1. Anónimo says:

    Muy bueno el articulo.
    Saludos
    R.