Evidencias subyacentes


"Una de las cosas que más llaman la atención de las personas sensibles, al valorar lo que está ocurriendo en el mundo durante los últimos meses, es el enorme desfase existente entre la dimensión de la crisis y la tibieza de la respuesta de los sectores sociales particularmente golpeados por la misma. Este desfase resulta tanto más llamativo cuanto que, desde hace más de diez años, han sido numerosas las voces que se han alzado para proclamar la insostenibilidad del modelo neoliberal dominante. Además, muchas de estas voces no eran sólo críticas del neoliberalismo y del capitalismo salvaje, sino que hicieron propuestas alternativas que movilizaron a otras muchísimas personas en todo el mundo. Ahora, en cambio, parece que hayamos entrado en un estado de necesidad: se habla muy poco de estas propuestas alternativas y las movilizaciones altermundialistas han decaído de forma alarmante".
"Supongo que eso es lo que hay en el fondo de tantos y tantos recurrentes chistes sobre las nacionalizaciones en curso, sobre el retorno de Marx, sobre lo que la gente dice querer y hace realmente y sobre los silencios del altermundialismo".

"En el capitalismo, las crisis han sido siempre una oportunidad para que el capital reestructure y reorganice sus relaciones con el trabajo. Dicho en plata: ocasión para hacer pagar a los trabajadores, a los de abajo, los efectos y consecuencias más negativas de la situación creada. No es que el capital busque intencionadamente la crisis para ello. Es que el capital busca sacar tajada de la crisis económica y financiera para someter aún más férreamente a la fuerza de trabajo. Lo ha hecho siempre así y no hay razón para pensar que vaya a dejar de hacerlo en esta combinación de crisis interrelacionadas que estamos viviendo ahora".
"Basta con prestar atención a lo que están diciendo y escribiendo los principales representantes del empresariado y sus ideólogos para comprobar que también ahora la ocasión la pintan calva: donde ayer decían que el Estado tenía que ser mínimo, ahora tiene que ser máximo (ayudando directamente a reflotar bancos y grandes empresas); donde ayer exaltaban el librecambismo, hoy se dejan ir al proteccionismo; donde ayer propugnaban flexibilidad en las relacionales laborales, hoy quieren que el Estado decrete el despido libre".

"Las personas desinformadas tal vez se sorprendan de la cantidad de discursos que hoy se escuchan sobre lo necesario que es “refundar” el capitalismo. Pero, a poco que uno quiera informarse, se dará cuenta de que la refundación del capitalismo es precisamente el eslogan que sigue siempre a la crisis y que ha augurado siempre la utilización de la crisis desde arriba. Previsiblemente, en los países que han hecho de locomotora del capital habrá concesiones político-jurídicas; en los vagones de tercera no habrá ni eso y estará en peligro hasta la democracia demediada que conocemos".
"Sí: eso es lo que nos enseñan ciertos intelectuales “profundamente anticapitalistas”. Y hay que escucharles, porque sabían de qué hablaban antes de que entráramos en el estado de necesidad. Y luego habrá que atender también a las razonables medidas alternativas que proponían: condonación de la deuda de los países empobrecidos; tasar los intercambios financieros y comerciales especulativos; redistribuir la riqueza para acabar con las desigualdades sociales flagrantes; renta básica de ciudadanía; cambiar los tiempos de trabajo y cuidado para favorecer la igualdad entre hombre y mujeres; soberanía alimentaria y energética; sostenibilidad ecológica en serio; reformar democráticamente la ONU; fomentar la democracia participativa, etc."

Las palabras de Francisco Fernández Buey no dejan mucho lugar para la esperanza. Sin embargo, resulta llamativo descubrir que en todo su artículo, aquí resumido, no se indaga sobre el origen de esta parálisis, las razones por las cuales no reaccionamos social y conjuntamente ante la crisis.
Imagino que en el origen del conflicto hay una inmensa perversión en la que comulgan conjuntamente el "estado de bienestar" y un instinto de supervivencia, de "salvarse primero" y dejar que la mula tire mientras no sea yo quien caiga del carro.
Los que intentan, los que indagan, los que ensayan y se movilizan, los prorevolucionarios son los más pobres y los que ya pertenecen a ese precario grupo de cuatro millones de parados. Del resto, a la puta callando, no buscan más que "superar" la crisis y dejarla en el olvido. Este segundo grupo, afortunadamente más numeroso, está dispuesto a hacer todos los sacrificios que los bancos y los políticos no harán. Formado por el pequeño empresariado, el trabajador temporal, fijo y autónomo, a sabiendas de que son insolidarios con el resto, piensan cargar con la crisis en sus espaldas bajo el noble proyecto "de hacer país".

Què farem, con la idea de que la crisis es internacional, quién se atraverá a llamarse "de izquierdas" y ser tan "antipatriótico" de acusar al gobierno actual. Ningún remero quiere ser acusado de traidor.
Cusiosamente, no creo que haya un único término para definir nuestra actitud actual: oscila entre la cobardía, la complicidad, la culpabilidad, la obediencia y el egoísmo. Entre un gran sentido de responsabilidad individual y un nulo compromiso social. Está claro que nuestra mala educación y ese supuesto contrato social también están en el origen de esta crisis. No es sólo una crisis del modelo económico, aquí hay varios modelos haciendo aguas.
Es lo que tiene la economía, señores, cuando falla, evidencia toda la mierda subyacente.