Sobre destino y destinatario


Hace año y medio pensé que tenía que escribirte esto pero no encontré un momento para redactarlo, cuando encontraba una buena ocasión, me faltaron ganas.
En el 2007 tuve noticia de que el Gobierno español iba a endurecer las condiciones para la regularización de inmigrantes. Lo supe por un chivatazo que dio una abogada quien, al parecer, estaba muy enterada de lo que se cocía en Extranjería.
Siento no haber encontrado tiempo para avisarte, pero ni estoy convencido de que vaticinar tempestades sea hacer un buen uso de este espacio, ni creo que la advertencia hubiera sido una zarza ardiendo.
Desde hace varios meses que hay signos en toda la prensa de nos encontramos frente a una nueva situación que afecta a muchos inmigrantes. De hecho, existe un alarmismo, justificado o no, que publicita intencionadamente las características de la crisis económica española en el exterior. No son únicamente datos, ya que a los números rojos propios de esta crisis nacional se le ha añadido un fajo de medidas extremadamente xenófobas para frenar -o abiertamente expulsar- el flujo de inmigrantes. La más aberrante llegó de la mano de Rubalcaba, nuestro Ministro de Interior, quién reconoció públicamente que los cuerpos policiales nacionales tienen “objetivos” entre los cuales figuraba el arresto de un determinado número de inmigrantes irregulares por día. Son los horribles “cupos” que finalmente aparecieron documentados en una misiva que recorría las comisarías de la capital española.

De ese lema “papeles para todos”, el gobierno socialista pasó a un endurecimiento de las condiciones mediante las cuales se concede la reagrupación familiar y a reducir en un 90% las contrataciones de extranjeros no comunitarios en origen. En las noticias afirman que la oferta ha descendido drásticamente al verse el colectivo inmigrante desplazado por un retorno a los sectores de los españoles nativos, especialmente en construcción y agricultura. Sin embargo, el gobierno había asegurado, al tomar esta medida, que la misma no significaría un descenso notorio de la oferta.
El tan acusado “efecto llamada” ha sido desplazado impíamente por los nuevos ecos de la situación: un empeoramiento de las condiciones de trabajo, un mayor índice de precariedad laboral y un incremento de irregularidades en las condiciones contractuales.
Pero no sólo se ven signos de cambio dentro de España, la cantidad y el monto de remesas en metálico mensualmente enviadas al extranjero, que forman del PIB de los países emisores de inmigrantes, ha descendido notoriamente.
También ha bajado el número de inmigrantes que ha cruzado las fronteras en lo que llevamos de año. Y sin embargo estoy convencido de que si ya tienes una decisión tomada, por más que éstas son razones de peso para evitar hacer petates y bolsos, evidentemente no vas a cancelar el viaje.
No eres el único, los hay a medio camino, ya que la preparación de un viaje no se inicia en el aeropuerto y muchos inmigrantes que aún se encuentran en su tierra natal ya se han lanzado a “quemar las barcas”, esto es, han anunciado su partida en su puesto de trabajo o han puesto fin a un contrato de alquiler, los distintos movimientos individuales que inician el movimiento migratorio.

Otros no tienen una opción mejor ni pueden escoger quedarse en su país, se ven obligados por múltiples circunstancias a abandonarlo todo. Estos inmigrantes tienen razones suficientes para acallar todas las advertencias: por mucha crisis mundial que haya, la comparación de los niveles de vida europeos y los de su población de origen resulta hasta absurda.
Sin embargo, dentro de las fronteras de la Unión muchos inmigrantes ver mermar sus recursos mes tras mes. Y sin empleo ni dinero, el retorno tampoco es posible.
Es una situación grave y de difícil salida, a la que inexorablemente la agrava el fantasma de la pobreza. En España, no olvidemos, también hay índices de miseria y, aunque no comparables, los inmigrantes cuyas cuentas bancarias están en rojo, adquieren con el compromiso de las deudas, todos los números para engrosar estos índices.
Allí, donde años atrás el Gobierno español había puesto incentivos para la contratación, hoy ha dispuesto ayudas a través de un Plan de Retorno Voluntario.

Sí, a muchos inmigrantes las cosas les van bien, pero también porque muchos han aceptado condiciones y oficios que habrían rechazado en casa. También hay profesionales prósperos y exitosos, aunque no representativos de las condiciones de vida generales.
No te llamo a engaño, retornar en plena crisis mundial a tu país de origen tampoco es la solución. Somos muchos los que pensamos que si no has conseguido prosperar económicamente en un país del primer mundo, las expectativas de crecimiento en tu tierra difícilmente puedan ser mejores.
Así que es imposible saber que decirte cuando aseguras que quieres “venir a España para vivir una mayor calidad de vida”. No sé que pensar, ¿este no es el lugar o este no es el momento?
Me tranquiliza saber que mientras nadie decida por nadie, lo más prudente siempre será que cada uno busque información y luego decida. No vale la pena oír ni a los que se han ido ni a los que retornaron, porque las experiencias personales no escriben ni cambian las leyes. Cuida las fuentes de información, busca calidad informativa porque, lógicamente, no todo vale.
Estoy escuchando que “Sebas se marchó de vuelta a Buenos Aires, el dinero se acabó, ya no hay sitio para nadie.” Sólo espero que Amaral traiga noticias tranquilizadoras en el próximo álbum.