Tener a Satán por zapatero...


...y a Dios de tu lado es hoy más posible que nunca. Es lo bueno de vivir en la España de Jiménez Losantos y de tener a Aznar como Mesías.

Finalmente todo les cuadra, Zapatero gana las elecciones gracias a un atentado de ETA y ahora el gobierno devuelve el favor a la banda armada poniendo en libertad a De Juana.
Seguro que los acólitos de Aznar se están relamiendo el bigote, porque la verdad es que el PSOE les sirvió otra ocasión de gol en bandeja.
Me da miedo encender la televisión, oír la radio, leer la prensa. Me da miedo lo que vaya a decir Aznar. Esta noche me esconderé debajo de la cama, no sea que el eclipse de hoy sirva de ocasión para arrinconar al sentido común. Desde la tregua del ’98 que he sido testigo de como cada gobierno intenta llevarse el gato al agua con ETA... y fracasa. Pero esta vez es distinto porque la apuesta, por alguna razón que aún no comprendo, es a todo o nada. Cuando el gobierno de Aznar fracasó en la tregua, todas las responsabilidades cayeron sobre la banda terrorista, ¿por qué entonces parece que Zapatero se va al garete si fracasa en su intento de alcanzar una paz definitiva? ¿Cómo es posible que Zapatero nunca se consolide en el poder y siempre acabe acosado por esos perpetuos pedidos de dimisión?

Hoy pocos pueden dudar de que el precio que este gobierno está dispuesto a pagar por la paz no sintoniza bien la poca o nula paciencia que este proceso despierta en la mayoría de los españoles. Lo cual es lógico, si existe el temor de que cada traspiés en la negociación será penalizado con una bomba, no habrá quien aguante. De hecho, el que la paz sea “un proceso” y no un objetivo de alcance inmediato, es algo que nos incomoda a todos; pero de ahí a dar una mínima credibilidad a las tesis “11M = ETA”, hay un abismo. Ya no quedan dudas, detrás de esa tesis malparida, de intrigas de conventillos, está el indiscutible sello de los peperos más extremistas. Y, como no iba a ser de otra manera, está Aznar. Porque Aznar está hasta en la sopa: está en Murcia, en la marcha; dando lecciones de historia en una universidad norteamericana; de gira por Latinoamérica y atendiendo a su Botella. Está en todo y en nada. Es absolutamente omnipresente... y todo esto comienza a ser agotador.
Declaró que la derecha "acomplejada" latinoamericana debe detener "la marea populista" y el "indigenismo radical". Dijo que la actuación del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con ETA, le recuerda a la "política de apaciguamiento con Hitler" de Neville Chamberlain. Inventó nuevos términos como “islamofascismo" para definir al terrorismo islamista. Y, como si todo esto fuera poco, aseguró en Washington, en medio de la crisis generada por las estúpidas declaraciones de Ratzinger que: "Mucha gente en el mundo islámico clama al Papa para que pida disculpas por su discurso. Yo nunca he oído a ningún musulmán pedirme a mí disculpas por haber conquistado España y haber mantenido su presencia durante ocho siglos ¡Nunca!".

No se trata de montar una cortina de humo sobre los escándalos actuales, sino de abandonar la fiebre de los titulares y preguntarse, a meses de las municipales y más allá de los colores, ¿qué valor tiene nuestra clase política? ¿Son capaces de afrontar y solucionar los problemas que padece la España actual? Porque no todo es prosperidad económica en este país. La credibilidad del gobierno se basa, sobre todas las cosas, en aquello que creen los gobernados. Y ¿por qué este bipartidismo de mierda sobrevive en detrimento de la democracia?