Sarkozy o los talibanes de la Isla de Francia


21/08/2007
Sarkozy ha vuelto al ruedo. El presidente Francés ha dejado los perritos calientes de Bush a un lado, al menos temporalmente, para retornar a su patria.
A su regreso encontró una Francia conmocionada por el caso Evrard. Y no es para menos, un exconvicto pedófilo, con una Viagra en su bolsillo, viola a un niño de cinco años. Un verdadero escándalo.
Probablemente por competir con la bestialidad del caso, el presidente de Francia ha decidido ser más que cualquiera y ha exigido una “castración química” como medida preventiva para todos los pedófilos. Pero esta no fue su única iniciativa, también anunció la creación de un hospital-penitenciario especial donde reunirlos -de por vida- y el fin de las reducciones de penas para los delincuentes sexuales.
No se yo, porque no soy jurista ni tampoco psicólogo, pero me parece que este es un tema delicado y en temas delicados un presidente de gobierno ha de ir con pies de plomo. Sobre todo porque para terminar con el horror que supone una agresión sexual a un menor la mejor tónica no es el “encerrarlos a todos en un hospital” ni “castrarlos”. Todo ello sin contar que el legislativo y el ejecutivo no recaen en una sóla persona.

Son palabras del propio Sarkozy: "Los que quieran ser curados podrán tener permisos y salir del hospital pero lo harán llevando un brazalete electrónico y siguiendo un tratamiento hormonal, llámenlo castración química, las palabras no me dan miedo". Evidentemente, no le dan miedo. Perdonen, dijo "¿curados?".
A mi tampoco me dan miedo sus palabras, señor Sarkozy, me dan vergüenza. Los extremistas se caracterizan por evitar analizar la realidad en su complejidad, por ser firmes y tajantes, y por sacrificar sin reparos las libertades individuales ante la primera posibilidad.

Por supuesto, los periódicos de mañana se harán eco de la noticia -y muchos alabarán la medida- utilizando la sensibilidad de los lectores para enaltecer a un Estado cada vez más poderoso sobre los individuos, pero sin recordar que la justicia de los hombres comete errores, que este tipo de iniciativas son más típicas de los norteamericanos populistas, que no comrpenden la división de poderes, el valor del individuo y la posibilidad de que la justicia cometa errores y acabe castrando quimicamente a ciudadanos inocentes.
Me pregunto que hacen los jueces de ese país cuando descubren que un hombre que ha sido condenado a muerte en Texas resulta ser inocente. ¿Revive cadáveres la justicia norteamericana?

Es curiosa, como pocas, nuestra visión de la justicia: una persona que daña una comunidad debe ser inexorablemente excluida de la misma para proteger a quienes la forman. Más curiosos son sus métodos.
La ley del Talión es extremadamente peligrosa. Las penas no deben ser "hasta que se arrepienta el reo" y castrar sexualmente a quien abusa sexualmente, también es brutal.
Al final, que parecidos me parecen todos los extremistas, sean talibanes o de la Isla de Francia, todos amputan en nombre del bien la vida de los pecadores.

Yo no soy pedófilo pero recuerdo cuando me tocó entrevistar a un hombre en Cataluña que había sido sometido a una terapia de descargas eléctricas para “curarse” de su homosexualidad.
También he estudiado algún caso de lobotomía que se practicó a un homosexual en la España de Franco. Y aunque entre una relación (homo)sexual consentida y un abuso sexual a un menor hay una inmensa diferencia, creo que la mente de un extremista no es capaz de entender este tipo de diferencias, y no quiero que en nombre del bien común volvamos a darle al Estado la posibilidad de ser tan brutal como siempre ha sido.