Recorriendo a Ana



Es ingrato no reconocer las voces amigas que suenan a lo largo de la vida, por eso quiero acabar con la injusticia de no rendirle merecida ovación a Ana Torroja.

Desde que con Aidalai la madrileña se mudó a mis oídos desde ahí, y trabajando como solista, ha calado profundo hasta llegar al corazón.
Quince años después de verla con los hermanos Cano, hace poco he tenido el placer de oírla en un auditorio que retumbó de emoción. Más que gritos, lo que he atestiguado a través de mi mirada nublada es como lloraba la peña ante el revival de las canciones de Mecano. Resulta extraño, pero Ana tiene en su haber canciones que a veces pueden trasladarte a lugares exactos y momentos precisos.
Pues lo dicho, ahí estaban los pañuelos de papel sobre algunos labios temblorosos. “Mira que soy tonta” dijo una señora cuarentona mirando a su sorprendida amiga. Yo, tonto de remate, no paré de llorar durante varios minutos que se me hicieron horas... Y eso que hablamos únicamente de Mecano, que Ana es mucho más que eso.

Cuando una amiga me trajo de un viaje de Madrid los “Puntos Cardinales” de Ana Torroja, a mediados de los 90’s, “Partir” pasó de canción a profecía. Difícilmente encuentre letra más encarnada en mi biografía que ese "quisiera abrirte el alma y compartir, quisiera darte el cielo que hay en mí. Volar a lo más alto y descubrir aquello que aún nos queda por sentir". O el piano testarudo de “Te he querido tanto”, banda sonora original de cualquier ruptura: “Te he querido tanto, y por tanto tiempo, y con tantas ganas y con tanto empeño. Con tan poca suerte, con tan poco acierto, con poca esperanza, sin ningún remedio”.
Recorrer “Como sueñan las sirenas” las aguas que separan los continentes y descubrir en 1999 “Pasajes de un sueño” fue un gustazo. No siempre cada arreglo es el más esmerado, pero eso no lo hacía a aquel sonido caribeño inoportuno.

“Cachitos de un sueño” y “Ya no te quiero” eran la antesala de algo grande como “Frágil” (2003) nominado al Grammy como mejor álbum latino. Yo no recuerdo haber oído a Ana en mejor forma en mi vida. Tuvo el mejor productor, la mejor mezcla y fue un exitazo del Top Manta. “Frágil”, “Libélula”, "Con sólo un beso" y esa versión tan tierna de “I wish you were here” de Pink Floyd, ¡vaya pasada!
Luego colaboró con el legendario Patrick Bruel en “Qui a le droit” y junto a Aleks Syntek elaboró el exitazo de “Duele el amor”, demostrando su talento por Francia y Latinoamérica.

Repasando este modesto inventario, lo que no consigo comprender es por qué, desde que se acabó el proyecto Cano, Ana Torroja corre en solitario como si fuera una artista mutilada, con un mal disimulado síndrome de abandono. Tampoco es fácil de justificar la escasa repercusión de la obra de este peazo de artista, ni que la misma sea constantemente minimizada por los medios.
Pero lo que es verdaderamente imperdonable es que ella no calce tacones y se atreva con los vivos en los estados. ¿De donde nace ese miedo a explotar todo su potencial? Una mujer que vende mas de millón y medio de discos en plena era del pirateo, no debería caminar por la sombra. Que no vuelva Mecano, ¡larga vida a la Reina!