Lo que impacta sobre lo que importa


28/11/2007
París vuelve a arder por tercera noche consecutiva mientras Sarkozy brinda con Hu Jintao para luego ofrecer una conferencia a los universitarios de Tsinghua, pidiéndole a China ejemplaridad frente al cambio climático. Difícilmente se pueda ser más sarcástico.

Bajo la mirada de los medios de comunicación españoles, la muerte de los dos jóvenes ha pasado de ser “un acto de brutalidad policial” a “una imprudencia de dos incautos que circulaban sin casco”. A pesar de que la noche del domingo los mismos vecinos de Villiers le Bel habían declarado a los periodistas que la policía había arrollado brutalmente a los jóvenes motociclistas, dándose luego a la fuga.
Que duda cabe que Sarkozy planea restablecer el orden mediante balas de goma y bastones. Pero descorazona ver como los medios de comunicación españoles están dando cobertura a la noticia desde la oficialidad de “las fuentes policiales”, sin independencia ni profesionalidad.

Leer que los chicos murieron al chocar contra el coche policial, algo que la investigación policial -aún abierta- no ha pronunciado, es una prueba más de que las advertencias del informe de Transparency International de diciembre del 2006 y las del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la corrupción, falta de transparencia y poca credibilidad de los medios de comunicación, no han sido tomadas en serio.
Los lazos políticos y económicos que dominan la información periodística no sólo generan desconfianza en los ciudadanos, sino debilitan la democracia, corrompiendo aún más el sistema.

Si el cuarto poder tiene deberes éticos, políticos y sociales que desatiende, ¿de dónde y cómo vamos nosotros a recolectar información veraz e independiente?
Entristece ver, en cambio, la cobertura minuciosa que se le otorga a todo tipo de noticias banales, sensacionalistas e intrascendentes, cuya función no es la de informar, sino la de entretener.
Sin ir más lejos, hoy, la cadena española Telecinco, para su programa de “Está pasando” emitió un reportaje en el que una vecina de una localidad sevillana, reivindicaba “una navidad tradicional” colgando en sus balcones la imagen del niño Jesús. De este modo, evitan la figura de Papa Noel que “es de uolibú” -en palabras de la entrevistada- "y la cabalgata esa" de los tres reyes magos de Oriente, “que más que dar regalos parece que van a entrar en las casas a robar”. Todo esto ante la pícara sonrisa de la imbécil reportera.

Dios sólo sabe cómo concilian el sueño los periodistas que se venden, los que venden basura, los que hacen de su profesión un espectáculo vacío y mediocre. Sólo Dios sabe en qué universidad se tituló esta reportera. Porque la información es otra cosa, la información es cosa seria.
El pasado jueves la periodista de TeleVisión Española Rosa María Calaf fue galardonada por la Academia de Televisión con el "Premio Toda una Vida", como reconocimiento a una trayectoria profesional.
En su discurso Calaf se dirigió a la nueva generación de periodistas pidiéndoles que “no permitieran que primara lo que impacta sobre lo que importa”, recordando la obligación cívica y pedagógica del periodista de “formar ciudadanos, no consumidores”.