Liberté, Corrupté, Frivolité


Ahora llega la buena época para hacer turismo por España. Toda la península viste sus plazas de flores, las aceras están impecables, las estaciones de metro recién inauguradas... No tiene que ver con la llegada de la primavera ni con los efectos secundarios del cambio climático, sino con las elecciones del 27-M.
Lo peor de estas elecciones no es la mierda que se tiran mutuamente PP y PSOE, ni todos los simulacros de buena gestión que ensaya cada alcaldía, sino ver que, cuando quieren pueden hacer las ciudades más funcionales y agradables. Ver esa capacidad que tienen de desatascar la tubería cuando les conviene, lo que evidencia que si durante todos estos años estuvo atascada, no fue por falta de recursos, sino por mala gestión.

Yo ni siquiera sabía que había canteros donde hoy hay flores, pero alguien en el Ayuntamiento de mi pueblo lo tenía en mente, y sabía cuando sembrar... Cosechar votos es deporte de temporada, recibo sobres del PP, globos rojos del PSOE en una bolsita con el “diario del candidato”, mucho pan y circo. Todo eso sin mencionar el arresto de la Pantoja dos años después de haber revisado sus cuentas, precisamente ahora.
Y cuando el funcionamiento de la democracia degenera en esto, uno, como ciudadano ¿qué debe hacer?

Escucho a Rajoy, me habla en la TV Zapatero mirándome a los ojos, Llamazares está en la radio y Carod Rovira pone a una supuesta “periodista colombiana” hablando en catalán, pidiendo una Cataluña más catalana (S.O.S., sic.). Mucha vergüenza ajena.
Ninguno de nosotros quiere esto, salvo ellos. Y sin embargo parece que no tenemos herramientas, como pueblo, para generar un cambio. Cuando la democracia se burla de los propios valores que dice defender, ¿qué nos queda por hacer? ¿Debemos arriesgar nuestra comodidad para volver a tomar la Bastilla?