“La Zona” de Rodrigo Plá


Imagina tu barrio, tu calle, tu casa. Seguramente tienes una idea clara de cómo es el lugar donde vives. Eso implica que sabes quienes forman parte de tu vecindario, no porque conozcas a todos tus vecinos, sino porque podrías identificar a una persona que no es oriunda de tu zona.
Dependerá mucho de cuán variada sea tu comunidad, pero, por regla general, el hecho de no conocer a todos tus vecinos no te resultará un impedimento para reconocer a los forasteros. Por ello, cualquier persona de tez morena sería identificada de “extraña” por un vecino de Polanco en el D.F., de Belgrano en Buenos Aires, o de Sarriá en Barcelona.
Algunos autores sostienen que esta discriminación es “casi connatural a todo grupo étnico”, pero en estos tiempos donde la seguridad se ha transformado en una obsesión de primer orden, el dar el cante con tu color de piel es la primera señal de alarma.

Así como muchas veces, desde aquí, hemos denunciado la “problematización de la inmigración” que se hace desde los medios de comunicación, no hace falta decir que hay quienes ven en la pobreza un serio problema. Lo curioso del caso es que a casi nadie le quita el sueño el hambre de los pobres, resulta mucho más inquietante ser conciente de que, buscando constantemente alterar el (des)orden establecido, los pobres atenten contra la seguridad de las clases pudientres. Y por pudiente no entiendo sólo al magnate multimillonario, sino a la clase media alta de tu ciudad.
El sueño de la seguridad es una amenaza constante para la alteridad y la multiculturalidad. Pero, lo peor, es que este sueño va armado hasta los dientes.

La proliferación de armas de uso privado en países como México o EUA resultan alarmantes porque nadie sabe que uso tendrán tantas balas compradas al por menor. Todos queremos sentirnos seguros pero, ¿a qué coste?
A finales de la década de los 90 en Ciutat Vella, el casco antiguo de Barcelona, los vecinos, hartos de hurtos, robos e inseguridad iniciaron una marcha por las calles del barrio. El lema era, si mal no recuerdo, era “todos por la seguridad y la convivencia”. Nadie se extrañe que la marcha haya terminado en un pogromo contra dos magrebíes, en el cual un buen número de vecinos intentó linchar a uno de ellos. Paradójicamente, el inmigrante, a quien ningún vecino afirmaba conocer, logró salvar el pellejo refugiándose en un patrullero de la policía.
Olvídate del cinismo del civismo, que tan de moda está en estos días y responde: ¿Cuánto estás dispuesto a dar por tu seguridad? ¿Qué piensas hacer para evitar que nadie salte al interior de tu hogar? ¿Eres de los que llamaría a la policía o crees que los cuerpos de seguridad del Estado son peores que los ladrones?

“La Zona” de Rodrigo Plá es una película que resuelve estos interrogantes haciendo uso de un despiadado realismo. Después de pasar con éxito la prueba de los festivales de Venecia, Toronto y Montreal, ha llegado a España de la mano de una brillante Maribel Verdú.
Esta coproducción hispano-mexicana protagonizada por Verdú, Carlos Bardem, Daniel Giménez-Cacho y Daniel Tovar, entre otros, merece ser vista y oída. Es una joya excepcional en el México de Televisa, en el que las únicas pieles morenas que tienen un papel en la pantalla, hacen irremediablemente de mucamas. Es un balcón a la miseria que engendra toda riqueza, una denuncia a la ley ancestral de la brutalidad: la ley del Talión.