Expuesto/Exposed



Se giró sobre sus talones y señalándome con el mentón le dijo a la concurrencia: “Éste entiende”. Los cuatro compañeros que le rodeaban se quedaron de piedra. Yo intenté afrontar la situación con humor y elegancia pero la cosa era poco menos que insalvable. En el lugar menos indicado, frente a un conjunto de intolerantes, allí me quedé: expuesto.

Cuando alguien pone en evidencia tu pertenencia a un grupo minoritario –ser madre soltera en la reunión de padres, ser judío entre recalcitrantes católicos, ser gay donde la homosexualidad sigue “incomodando”- te sientes acusado, condenado, inferior.
Y son varias las cosas que pueden joder: la primera es que quien suelte la frase fuera alguien de suficiente confianza como para que tú le hayas comentado tu orientación sexual. Y él, en broma, te ponga en evidencia. Ojo con los “bromistas” esos que te hacen perder el puesto de trabajo. En algunos sitios tienen otro nombre...
La segunda, que el problema no sea únicamente tu pertenencia a una sexualidad minoritaria sino el tener que confirmarla o negarla frente a una audiencia con la que no compartes tu sexualidad. Semejante obligación es ridícula, gratuita e innecesaria.
Y la tercera, lo enervante que resulta, después de tantos años de carretera, que te quedes durante tres segundos sin recursos, como un niñato de secundaria, frente a una verdad que suena a insulto y a acusación.
Da pena, pero las minorías tenemos que reivindicarnos y protegernos para que no nos coman vivos. Y a veces el ejercicio reivindicativo es extenuante. El interrogante es: “¿Qué hacer cuando te pasa algo así?”.
Naturalmente en este mundo no hay fórmulas infalibles así que lo que viene a continuación no son más que opiniones y creencias personales. Mide inteligentemente donde las usas porque sin vida no hay reivindicación que valga.

Si alguien te expone, evidentemente lo hace para humillarte. Así que la clave está en actuar acorde, reafirmando tu identidad, confirmando sus temores y explicando que, mira que bien, a ti, ser lo que eres no te parece humillante, ni siquiera te parece mal. Es más, te resulta un gustazo. Es el antídoto perfecto.
En el caso de que te llamen maricón –y de no estés bajo la ley coránica, por supuesto- lo mejor es atender al reclamo sin perturbarse. Este punto es importantísimo, ni insultes ni pierdas la compostura. A la hora de "debatir" es preferible afirmar que el otro “dijo una estupidez” a llamarlo estúpido. En caliente cuesta morderse la lengua pero cuando agredes verbalmente, pierdes.
Recordar también que es mucho mejor discutir como un caballero que irse a las manos como un gorila. Si necesitas demostrar fuerza, que no sea física.
La mejor solución pare resolver este tipo de situaciones viene en envase pequeño y requiere mucha valentía. En una sola frase. Más aún, es una sola palabra de una única letra. Cuando te digan “Tu eres maricón”, la mejor respuesta es: “¿Y?” Con naturalidad, como si te dijeran que tienes dos orejas. Luego, coherencia. Después de ser monosilábico hay que evitar caer en la tentación de enredarse en discusiones absurdas. Nada de dar cátedra porque quién condene la homosexualidad se enfrentará con un homosexual por el placer de humillarlo/a. Y ese placer hay que negárselo.

Tú puedes hacer de tu culo un pito, es tu derecho. Con dos pies en la tierra, asegúrate de no esperar gratitud ni comprensión por ello. Él, en cambio, está en su derecho de reírse de ti. Y esa es tu oportunidad de sacar pecho y enderezar la columna frente a todos los que te señalen de no ser como los demás.
Los homosexuales llevamos mucho tiempo enfrentando el miedo de ser raritos, depravados, anormales, etc. Sólo cuando tienes los cojones de mirar "cuán gay eres" sin vergüenza, de disfrutar de cada cabalgata que te pegas en la cama, de ganarle terreno al miedo, a las condenas y a las cadenas... ¡Que no sea un hijo de puta el que eche todo esto a perder!

Como leí en un blog, yo no salí del armario, lo destrocé. Y me crezco cuando me doy cuenta de lo recorrido. No porque me vaya colgando medallitas sino porque sé valorar cuanto miedo tuve antes y cuanta valentía hay en esta arrogancia actual. Que de esto va el orgullo gay, a ver si te enteras.